Por libre
Ignacio Valduérteles
El repunte cristiano
Hace unas semanas se celebró en el Madrid Arena una reunión, Encuentro, que congregó a más de seis mil personas, la mayoría jóvenes, en una celebración de música, testimonios y adoración al Santísimo. A juicio de algunos con ciertas connotaciones pentecostales, pero con una capacidad de convocatoria innegable.
Ahí tenemos también a Rosalía y su trabajo Lux. Sus letras y la textura del canto se suma a esta tendencia, aunque no la hagan acreedora al título de doctora de la Iglesia.
Semanas antes, en vísperas de la Navidad, el grupo Hakuna celebró un concierto en Madrid, desde el balcón de la sede del Gobierno de la Comunidad, con una Puerta del Sol abarrotada de público, principalmente jóvenes y familias.
Al día siguiente los medios autodenominados “progresistas” se lanzaron en tromba. En el programa Mañaneros 360º, de RTVE, su presentador, Javier Ruiz, y contertulios lo tenían claro: "Hakuna es un grupo ultra que impulsa valores católicos", un gran delito por lo visto. "Detrás de su música y villancicos hay un plan perverso", el villancico más agresivo que se cantó fue A Belén, pastores, no sé dónde está la agresividad. "Es una forma de meter valores (sic) entre los jóvenes y, sobre todo, de sacar dinero". Es decir, que no piden subvenciones, ni están “apesebrados”.
Al final da la clave: "Hakuna está financiado por Ayuso, con fondos públicos, para captar voto joven". Una contertulia aseguraba: "Que los jóvenes se entusiasmen con este grupo es una aberración histórica, porque los jóvenes siempre han sido revolucionarios".
Es lo de siempre. Plantear relatos, explicaciones de la realidad, que induzcan una respuesta “progresista”. Cuando esto no funciona, superado el desconcierto inicial, se lanzan a un ataque desaforado hasta el esperpento, porque no entienden la libertad más elemental, la libertad de pensamiento. Hannah Arendt explicaba que una democracia se degrada mucho antes de que se rompan sus instituciones. Se corrompe cuando se pervierte el lenguaje.
No sé hasta que punto se es consistente esta vuelta a lo religioso; pero ahí está. Suficiente para poner nerviosos a quienes reducen todo a política y asocian espiritualidad con derechización y votos, no ven más allá. Esto no va de izquierdas y derechas, se trata de algo más importante que la política, es la necesidad del hombre de buscar respuesta a la necesidad de trascender su propia humanidad, de dar sentido a su vida y vivir en una sociedad en la que se pueda pensar libremente y exponer públicamente sus ideas religiosas y sociales, auténticamente progresistas.
Las personas con capacidades intelectuales limitadas tienden a sobrevalorar éstas y despreciar las de los demás, especialmente las de quienes los superan; son incapaces de reconocer sus limitaciones. Es lo que los psicólogos denominan Efecto Dunning-Kruger.
Lo malo es que también ocurre al revés: personas con buenas capacidades intelectuales que tienden a subestimarlas u ocultarlas, por pudor o comodidad, lo que les lleva a la incomparecencia en el debate de las ideas. Es el mundo al revés: lo superior, precisamente por serlo, se desprecia u oculta y en su lugar triunfa lo inferior.
Las hermandades tienen una cosmovisión, una visión global de la persona y la sociedad, más fundada, completa y progresista que la de los autodenominados “intelectuales de izquierda”, quienes en su pobreza intelectual no discuten ideas, simplemente etiquetan al discrepante. Precisamente por eso urge su presencia en el debate de las ideas. No es necesario que lo hagan corporativamente; pero en sus nóminas hay personas muy capacitadas para esta batalla cultural, por ello es importante descubrir y retener talento. Forma parte de su misión.
En el ámbito empresarial hay consultoras que tienen “cuadras de conferenciantes”, así las llaman, a disposición de las empresas que quieran reforzar aspectos concretos de su gestión. Aquí son las propias hermandades, o entidades como el Consejo, el recién creado Observatorio de la Religiosidad Popular, la Delegación de Hermandades y Cofradías o cualquier otra organización, no necesariamente confesional, quienes han de asumir esta tarea. Algunas ya lo vienen haciendo y con buenos resultados; pero aún hay hermandades con necesidades no percibidas y no atendidas, de las que ocuparse. Las hermandades se lo merecen y la sociedad también.
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