A punta de bisturí

Adolfo López / Médico y ex hermano mayor del Cerro

El Dios de la Epifanía

12 de enero 2026 - 10:54

Todo cuadrado al milímetro, ni un cirio más alto que el resto, del blanco de tu pureza, tu divinidad, tu paz y tu gracia.

Ni un clavel que desentone, el mismo rojo de la vida, el amor, el Poder y tu sangre.

Tu misma figura, esa que hizo postrarse a aquellos privilegiados que te vieran por primera vez en el convento del Valle hace más de cuatro siglos, tu túnica persa que ideara Juan Manuel, tu principio y fin, tu cielo abovedado como emperador romano, tu bancada circular donde me encuentro acunado como envuelven los brazos de la plaza del gran apóstol, piedra de la iglesia, porque allí está Dios, como remate del sagrario de plata que lo guarda, como semejanza de la gran catedral del mundo porque Tú eres sagrario, la misma ilustración de siempre, en San Lorenzo o el Valle, en las Mercedarias o en tu basílica, porque aquí se para el tiempo, porque Tú paras los siglos.

Asisto hoy a tus cultos en la lengua madre de tus oraciones, cuando aún retumban en mi mente la algarabía musical de Virgen de los Reyes abriendo la cabalgata Real de Oriente, que llena de ilusión los hogares de tantos niños sevillanos de cualquier edad. Y suena el Pange lingua mientras aún visualizo la trasera de la última carroza del rey moreno que fue a rendirte pleitesía allá en Belén, porque Tú eres nacimiento y eres portal, y eres Epifanía de salvación.

En esta, nuestra ciudad tuya, la Navidad que contemplas año tras año es la última letra de tu bordado, es la “omega” de un año entero de espera a tu suerte en el que Tú marcas los tiempos, como campanero que prepara el cambio de año en el reloj de la vieja torre, y mide hasta el segundo para pasar a ser el “alfa” del comienzo de la vida en Sevilla con tu proclamación como emperador del mundo que da paso a la cuaresma, que esta ciudad no florece con los brotes de azahar, sino con los cirios encendidos por amor en tu honor que realizan la procesión claustral en San Lorenzo el día de Reyes.

Sevilla supo siempre entender que aquel que nació sin nada material en aquella ciudad de Judea, vendría a salvar el mundo con su amor porque lleva consigo en sus manos el poder y el imperio, anuncio de un reino de misericordia y perdón, de acompañar al necesitado y de amparar al perseguido, y afortunadamente el camino trazado por tu hermandad, la que forman tus fieles, esa que sitúa a tus devotos como el epicentro de la dedicación al prójimo por encima del abonado a las cuotas, es fiel reflejo de tus pasos e intenta ser tu cirineo, aunque siempre quede un mundo por hacer.

Desgraciadamente, no hay apariencia de quedar mucho de tu mensaje en nuestro entorno, no parece que tu embajada esté en momentos de gozo, y es que hoy nos encontramos socialmente con una alarmante crisis de valores éticos, y ni mencionamos los espirituales, con corrientes antirreligiosas que buscan con falso humanismo el exterminio de cualquier tipo de espiritualidad. Pero más me preocupan aún las actitudes y comportamientos de los que presumen de ser seguidores de tu palabra sin pensar en ti ni un segundo al día, llenando nuestras hermandades de egos, venganzas, autoritarismo y discordia.

Quizás nuestra lucha deba ser que en la convivencia de nuestras cofradías sea posible perdonar, construir entre todo el que llegue a sumar, delegar en los que saben o tienen experiencias vividas, respetar a los mayores, acercar a diferentes, eliminar de nuestro vocabulario el término “oposición”, en definitiva, amar. Hace poco escuché una reflexión que decía que el mensaje de la Iglesia si no despertaba recelos, si no espabilaba las entrañas del alma, si no provocaba que nos persiguieran o humillaran… entonces no lo estaba haciendo bien, puesto que desde el amor la Iglesia está obligada a seguirte escociendo las conciencias que tú arañaste con tu cruz, y nosotros somos tan Iglesia o más que la Curia.

Que empiecen los ensayos, los conciertos y cultos, las jornadas interminables en las casas de hermandad y las cañas que arreglan el mundo con sahumerio de denso incienso, las papeletas de sitio y el olor apabilo quemado, pero siempre de tu mano, como las que nos enseñó a quererte y ya disfrutan de tu presencia desde tu casa de hermandad.

Bendícenos, Señor, con tu Poder, danos la venia para dar paso a la cita esperada, esa ansiada cuaresma donde podamos meditar y reflexionar sobre nuestra misión, que no debería ser otra que seguir tus pasos sin condiciones, hacer de nuestro día una nueva Madrugada. Y si alguien tiene dudas de ello, o no se atreve, que venga a sentarse en estos bancos, un viernes cualquiera, y simplemente te pregunte, ¿cómo lo hago, Señor?

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