A punta de bisturí

Adolfo López / Médico y ex hermano mayor del Cerro

Interventus in cofraternitates

13 de febrero 2026 - 10:33

Malos tiempos, malos tiempos para la lírica, como ya se vaticinara desde hace décadas cuál buen “golpe bajo” ochentero, pues son muchas las amenazas que acucian a nuestra Semana Santa, y son ya demasiados años de inacción desde todas las partes implicadas, lustros de oportunidades perdidas en los que ni siquiera se ha establecido el debate analístico necesario que establezca el diagnóstico oportuno y el tratamiento médico o quirúrgico necesario.

Lo principal es realizar una correcta historia clínica, comenzando por cuestionarnos “para qué se fundaron nuestras Hermandades”, y por supuesto “por qué salimos a la calle”, lo que nos conduce a que en el análisis del paciente deben estar historiadores versados en nuestras Cofradías, ensayistas de nuestras tradiciones y disciplinas artísticas, y por supuesto religiosos formados en la piedad popular.

Es básico tener como punto de partida que el fin es el culto al Señor y a su Sagrario Maternal, y que todo orbita en torno a tal conclusión, por lo que la función de la Hermandad y su articulado reglamentario es facilitar y fomentar dicho acto piadoso, situando al hermano nazareno como actor principal y único protagonista de tal milagro anual de nuestro calendario.

Pero pasan los años y el paciente comienza a tener signos evidentes de enfermedad degenerativa, con síntomas de crecimiento neoplásico, se convierte en un fenómeno de masas arrastradas por una Dana de moda cultural. Y ello tiene efectos secundarios que nos alejan del fin principal, y con ello el cambio drástico de los actores principales, pues aparecen personajes amantes del narcisismo, que convierten las Hermandades en su forma de vida, proyecto personal de egolatría y lucro, alimentados por toda una industria mediática y cebados por las redes sociales, que no le pudo poner mejor nomenclátor su inventor.

Y no se concluye en el diagnóstico de la enfermedad que el paciente tiene una artrosis galopante que afecta a todas las articulaciones, fruto de una Carrera Oficial hermética de más de cuatro siglos, un colapso circulatorio agravado por la falta de movilidad, y un sistema cerebral que comienza a bloquearse de forma senil dado que no está dispuesto a ningún tipo de modificación en sus hábitos vitales. Y cuando faltan apenas cuatro meses para un nuevo cambio de ciclo en el equipo médico de nuestra Semana Santa, tras años de dedicación exclusiva a piscis frixus, la única conclusión que se ha puesto sobre la mesa es que sobra el nazareno, y el único tratamiento posible la aplicación de “numerus clausus”.

Todos podemos estar de acuerdo en las extralimitadas dimensiones de algunos de los cortejos procesionales, y que algo hay que hacer en pro de aminorar el tamaño de la tumoración y mejorar la fluidez de la circulación por nuestras arterias hispalenses, pero que no pase por desangrar al paciente. Los nazarenos, como la sangre, necesitan renovarse de forma continua, y acotarlos en número significará el envejecimiento a medio plazo de nuestras nóminas, y la no participación de la juventud nos lleva a la involución.

Quizás antes que el aforamiento con “numerus clausus” se podrían valorar otras opciones. Las Hermandades podrían trabajar en la formación de los penitentes participantes, para no ver espectáculos dantescos antagónicos a lo que tiene que ser una estación de penitencia, por tanto, podríamos comenzar por minimizar la presencia de estos individuos, el Homo habitu nazareno indutus per faciem.

También desde nuestras corporaciones podríamos no retransmitir cuál minuto y resultado todos los actos, efemérides, conferencias, presentaciones de carteles, hojas de culto, boletines, nombramientos de diputados de tramo, donantes de alfileres y encajes, ensayos de monaguillos y algún que otro aniversario de cuando se puso el primer cuadro en el despacho del Hermano Mayor, quizás así se vuelva a la mesura dimensional de nuestra vida de Hermandad y se reducirían mucho los conflictos sin que sean virales en prensa y medios digitales, limitando así el desarrollo del homo narcisisticus y las sociales retiacula, que hay vida más allá de las Hermandades.

Y ya de camino, a ver quién reduce también la presencia en nuestros cortejos el número de miembros de nuestras agrupaciones musicales topando al homo musicus, o incluso a la bulla que antecede a nuestros pasos de homo frater cancrorun de collum.

Aquellas ilustres palabras de “quien pueda hacer que haga”, deberían derivar en “quien sepa hacer que haga”, pero lamentablemente los intereses de una ciudad dedicada al turismo en cuerpo y alma provocará que sus autoridades tomen cartas en el asunto antes de que las Hermandades hayan llegado a ningún tipo de acuerdo, faltas de liderazgo y capacidad de trabajar por el interés común.

El paciente está ya para entrar en una residencia tutelada, pero saldrá adelante por varios siglos más,… ha vivido de épocas peores.

PD: Mis disculpas al profesor Morilla por mi atrevimiento y sarcasmo con nuestra lengua madre.

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