El lado oscuro de los conciertos en la Cartuja: ruidos, robos, drogas y una vigilante de seguridad condenada por pegar a una espectadora

El último suceso ha ocurrido en el reciente festival Elrow, con ruidos audibles en la ciudad hasta altas horas de la madrugada y una banda de ladrones que robó decenas de móviles con esprays de pimienta

En los últimos años ha habido como mínimo dos sentencias contra el tráfico de drogas, uno en el Rebels y otro en el Retro Halloween

El festival Elrow de Sevilla acabó con 11 detenidos y 64 móviles recuperados por la Policía

El escenario del Puro Latino en su edición de 2023, que es en la que ocurrieron los hechos ahora sentenciados.
El escenario del Puro Latino en su edición de 2023, que es en la que ocurrieron los hechos ahora sentenciados. / M.G.

El festival Elrow de música electrónica, celebrado el pasado fin de semana en la Cartuja, se desarrolló y acabó como el rosario de la aurora, y no sólo porque el ruido molestó a buena parte de la ciudad hasta que casi se hizo de día, sino por los robos que sufrieron muchos espectadores. Hasta con espray de pimienta fueron atacados algunos por una banda y hasta once detenidos hubo. Lo malo es que lo ocurrido, por desgracia, no es algo novedoso. Los conciertos que con frecuencia se organizan en el estadio y en las explanadas cercanas generan un cúmulo de problemas que más de una vez han acabado en los juzgados. El tráfico de drogas está a la orden del día, por supuesto, y hasta ha habido una agresión de una vigilante de seguridad a una espectadora. Esa es de hecho la última sentencia sobre el lado oscuro de los festivales cartujanos.

El suceso ocurrió durante el festival Puro Latino de 2023, que no se celebró dentro del estadio pero sí en una de las praderas adyacentes. El 2 de julio, sobre las 3.30 de la madrugada, “se produjo una discusión” entre una joven y otra mujer que “desempeñaba funciones como vigilante de seguridad en el recinto del festival, que se desarrollaba en las inmediaciones del estadio de la Cartuja”.

En un momento dado, la víctima trató de “tomar su número de placa identificativa” al mismo tiempo que “intentaba grabarlo en su móvil” porque el día anterior ya había tenido “un incidente con ella”. Y fue entonces cuando la vigilante “la golpeó en el brazo y la sujetó” con el fin de “inmovilizarla” y así “quitarle el teléfono”. Como consecuencia de esa agresión, la espectadora sufrió “lesiones” de las que se recuperó en unos pocos días.

Este es el relato que aparece en la sentencia dictada el 19 de febrero de 2025 por el Juzgado de Instrucción número 7 de Sevilla, que es el que enjuició el caso. La magistrada condenó a la acusada por un delito leve de lesiones y le impuso una multa de 360 euros (dos meses con una cuota diaria de seis euros), así como el pago de 280 euros para indemnizar a la herida.

La sentencia fue recurrida por la defensa de la acusada y el asunto recayó entonces en la Sección Primera de la Audiencia de Sevilla, que ratifica sin dudas la perspectiva de su compañera del Instrucción 7 y desestima el recurso en otra sentencia fechada el pasado 29 de octubre. Esa resolución ya es firme.

La Sala empieza refiriendo que la defensa, en su apelación, alegó un error en la apreciación de la prueba y la vulneración del principio de presunción de inocencia. Las pruebas consistieron en los testimonios de la vigilante y la denunciante, la declaración de dos testigos (una por bando) y los partes de asistencia y sanidad de las lesiones sufridas por la espectadora.

De todos esos medios, la magistrada que dirigió el juicio “otorgó significación probatoria de cargo” a lo que manifestó la víctima. La joven sufrió “hematoma y abrasión en el brazo derecho” y atribuyó las lesiones “al maltrato ejercido sobre ella por la recurrente”. Según contó en la vista oral, todo sucedió “el tercer día del festival”. “Cuando me iba, me la encontré en la puerta. Me acerco a ella, me da un puñetazo, me dice ‘¿qué me estás grabando, hija de puta?’. Me inmoviliza y me da dos golpes en el pecho”, narró la testigo. Después llamó a su padre y fue al médico. Y como refiere la Sección Primera, las lesiones “son compatibles con el mecanismo de producción denunciado” por la mujer.

La magistrada “dio credibilidad” a esa versión frente a la de la vigilante y la testigo que declaró a su favor. Ambas “admiten el incidente con la denunciante pero niegan el maltrato”, lo que “se contradice” con lo que contó la víctima. La Audiencia no ve razones para dudar de la veracidad de la espectadora y tampoco aprecia la “discordancia” que destacó la defensa respecto al día en que ocurrió todo. El hecho queda enmarcado “a la salida de madrugada del último día del Festival, que comenzó el 1 de julio de 2023”. La joven fue atendida el 2 de julio.

“Ningún motivo hay para considerar injustificada la conclusión a la que ha llegado la magistrada de que las lesiones fueron provocadas por el maltrato de la recurrente”, confirma la Sección Primera. “Existiendo prueba suficiente de cargo para desvirtuar el principio de presunción de inocencia respecto a la responsabilidad de la acusada en la conducta por la que ha sido condenada, el recurso debe ser desestimado”, sentencia.

Drogas en el Rebels y el Retro Halloween

La sentencia del Puro Latino ni es la primera ni será la última relativa a un incidente vinculado a los festivales de la Cartuja. A la espera del procedimiento judicial relativo al robo masivo de móviles durante el Elrow 2026, a este palmarés hay que sumar un par de sentencias sobre tráfico de drogas en otros dos eventos multitudinarios de 2022: el Rebels y el Retro Halloween.

En diciembre de 2023, la Sección Tercera condenó a una pareja de jóvenes que fueron pillados in fraganti en el estadio de la Cartuja con casi 200 gramos de éxtasis y 29 de cannabis. Él tenía 19 años; ella, 21. Los hechos ocurrieron sobre las 00.15 del 9 de octubre de 2022 durante el Festival Rebels, de música tecno. El personal de seguridad sorprendió al acusado cuando “realizaba un pase de lo que parecía ser sustancia estupefaciente” a un espectador y “acto seguido” entregaba el dinero a su cómplice, que “trabajaba de camarera en el referido festival”. Ambos poseían droga por un valor de 213 euros en el mercado negro, así como 8.270 euros en efectivo. Él aceptó un año y medio de cárcel y ella, ocho meses.

En junio de 2024, la Sección Cuarta impuso dos años de prisión a una traficante reincidente por trapichear en el mismo escenario apenas tres semanas después de lo ocurrido en el festival Rebels. Sucedió sobre las 19.45 del 30 de octubre de 2022 durante el Retro Halloween, otra “fiesta de música electrónica”. La mujer, de 36 años, llevaba 17 comprimidos de éxtasis, 43 de feniletilamina y 2,73 gramos de cannabis. Toda la droga estaba valorada en 572 euros.

stats