Lejos aún del inicio de la Cuaresma, recientemente cené con varios amigos unos suculentos platos de bacalao que aportaron la energía necesaria para sostener una tertulia en una noche desapacible. Durante su transcurso, dos de los comensales polemizaron sobre Trump, defendiéndolo uno de ellos con fervor y contradiciéndolo el otro al señalarlo como enemigo del mundo hispano y de la Unión Europea.
En la línea del segundo interviniente, en las últimas semanas la principal atención hacia el controvertido personaje, en nuestro país, se ha orientado a la amplia cobertura de la detención de Maduro y de las proclamas expansionistas acerca de Groenlandia. Dos sacudidas del orden global que ponen respectivamente de manifiesto el retorno de las políticas activas de tutela imperialista en Iberoamérica y el desprecio mayúsculo a la soberanía de las naciones europeas, en este caso Dinamarca.
Mientras tanto, ha pasado de puntillas un suceso simultáneo: el ataque con misiles a unas bases del ISIS en el noroeste de Nigeria, desde un buque de la US Navy. Justificado oficialmente como acto de respuesta a las matanzas de cristianos, mucho nos tememos que por encima del propósito expresado se encuentren otros, vinculados a los equilibrios de poder en el tablero geopolítico.
Nigeria, con sus aproximadamente doscientos cuarenta millones de habitantes, es el país más poblado de África. Potencial demográfico incrementado por una joven media de edad, el de un hervidero multiétnico simétricamente dividido entre el norte musulmán y el sur cristiano. Dos comunidades religiosas históricamente rivales, no sólo por su relación con lo sagrado, sino a causa de la lucha por la tierra y el agua, de los ganaderos seguidores del Profeta contra los agricultores devotos de Cristo.
Pese a la pobreza y desigualdad de fondo, la economía nigeriana es de las más desarrolladas y diversificadas del continente, gracias al petróleo y a su condición de punto de referencia en el tráfico mundial de mercancías. Circunstancia esta última que ha favorecido también la emergencia de conglomerados mafiosos con ramificaciones internacionales.
Sin embargo, desde comienzos del siglo XXI, tanto el crimen organizado como el bandolerismo han sido eclipsados como factor de inseguridad por el terrorismo del grupo Boko Haram, del que se escindiría la facción que enarbola los estandartes del ISIS en la región. Dos décadas de asesinatos y secuestros de cristianos y de tiranía sobre los habitantes musulmanes de las zonas controladas por estas guerrillas.
Realidad a la que los cohetes han hecho supuestamente frente, si bien no hay que ser muy perspicaz para concluir que la intención oculta es una exhibición de músculo ante la influencia rusa y china en estos territorios estratégicos. En el ejemplo ruso, mediante acuerdos de cooperación militar y actuación de mercenarios, y en el chino, a través de cuantiosas inversiones en infraestructuras, con el objeto de extender la llamada Nueva Ruta de la Seda al Golfo de Guinea.