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Tribuna

Raúl Perales

El síndrome de la impostora o del impostor

El informe de Clance e Imes consistió en el estudio de más de 150 mujeres con grandes logros, detectando que sufrían una falta de confianza importante en sí mismas

El síndrome de la impostora o del impostor

El síndrome de la impostora o del impostor / rosell

Conocido mediáticamente por la confesión de ciertas personalidades como Michelle Obama o Tom Hanks, el término, acuñado por Pauline Clance y Suzanne Imes en 1978, es de indudable actualidad (más de dos millones de resultados en Google). A pesar de ello aún no tiene sitio en los manuales de diagnóstico de trastornos mentales como el DSM-V. El informe de estas dos psicólogas, Clance e Imes, consistió en el estudio de más de 150 mujeres con grandes logros detectando que sufrían una falta de confianza importante en sí mismas, consideraban que su éxito había sido fruto de un fraude y que tarde o temprano se descubriría.

En los Programas de Liderazgo que desarrollo y por los que han pasado más de 200 personas, he detectado las siguientes características en mujeres y hombres que presentaban síndrome de la impostora. En primer lugar, el test que mide el estilo de apego (Brennan, Clark, Shaver) clasifica a estas personas con estilo de apego ansioso ambivalente. Esto es, personas que durante su infancia, probablemente, convivían con progenitores que aportaban de manera impredecible presencia y consuelo emocional, siendo consoladas y correspondidas a veces sí y otras no. El estilo de apego ansioso ambivalente se caracteriza por la percepción negativa de sí mismo (no son merecedores de amor) y positiva de los demás (los demás sí lo son). Esta autopercepción genera inseguridad y dudas sobre su valía, pretenden complacer a los demás constantemente, no tienen filtro a la hora de mostrar sus sentimientos de manera imprudente y procuran no perder a las personas que aman movidas por el miedo al abandono. Se toman muy mal las críticas de su pareja o amistades y tienen la necesidad persistente de que les confirme constantemente que las aman. Segunda, en la prueba ASQ de optimismo (Seligman) o estilo explicativo, cómo la persona se explica lo que le ocurre, es característica la puntuación pesimista en la dimensión personalización, ya que consideran que sus éxitos o méritos se deben en gran parte a los demás y a las circunstancias, y por otra, se consideran como únicos culpables de sus errores sin que cuenten personas o situaciones de por medio, correspondiendo con una autoestima baja.

En cuanto a su narrativa en las sesiones individuales de coaching, eran mujeres y hombres con una alta responsabilidad en sus empresas. Desconocían en una parte muy importante sus fortalezas, mostrando un autoconcepto bajo. Su fuente de motivación se basa en lo que no son y tienen que ser impidiéndoles disfrutar en cada momento de lo conseguido, personal y profesionalmente. Al preguntarles por las razones o motivos por los que han conseguido los puestos directivos que desarrollan mencionan raramente sus capacidades, lo atribuyen a la suerte y a que han sido apuestas personales de superiores que los estimaban.

A mi juicio se intensifica en las mujeres por la sociedad patriarcal en la que vivimos. Este patriarcado le exige a la mujer distintos roles tales como ser una impecable directiva, buena madre, ama de casa, perfecta esposa, estar en forma, guapa, lo más joven posible, ser una buena hija y estar al cuidado de sus mayores. La imposibilidad de responder a todos estos retos provoca que el síndrome sea aún más acentuado. En cuanto a los signos de nuestro tiempo, la sociedad de consumo, el triunfo de lo inmediato y las expectativas generalizadas sobre la felicidad basadas en lo material y en los estatus de poder o influencia social provocan un entorno más favorable a su desarrollo. Durante el proceso de coaching tratábamos de fortalecer su autoconcepto haciendo emerger sus fortalezas al consciente, reestablecer el equilibrio en su estilo explicativo a la hora de atribuirse méritos y errores y tomar consciencia de su estilo de apego trabajando en la superación de los miedos anteriormente expuestos. Mujeres y hombres a la carrera de lo que no son, sin poder disfrutar de lo que son y lo alcanzado.

Como la poesía es un bálsamo para la salud mental recordábamos lo que decía Kavafis, “Cuando salgas de viaje para Ítaca desea que el camino sea largo, colmado de aventuras, colmado de experiencias”.

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