Brote en Sevilla El Nilo avisa en la marisma de Los Palacios

  • El Ayuntamiento de la localidad sevillana se emplea en el fumigado de calles y espacios verdes para poner coto al mosquito común, transmisor del virus del Nilo Occidental

  • Primeros casos en la capital

Fumigación en el casco urbano de Los Palacios. Fumigación en el casco urbano de Los Palacios.

Fumigación en el casco urbano de Los Palacios. / A. L.P.

“Todas estas marismas de Los Palacios, sometidas en fertilidad y catástrofe al capricho y a las inundaciones del Guadalquivir, plantean exactamente el mismo problema que el Nilo (…)”. Lo había advertido premonitoriamente el poeta Joaquín Romero Murube en uno de los capítulos de Pueblo lejano, la más bella evocación que se haya hecho del municipio palaciego. Sesenta y seis años después de su publicación el mosquito marismeño, responsable de la transmisión del virus del Nilo Occidental, incordia a los palaciegos en este verano de rigores y preocupación. Un vecino de la localidad al parecer contagiado en un terreno agrícola situado junto al parque forestal de la Corchuela, en el municipio de Dos Hermanas, continúa ingresado en estado grave por meningoencefalitis causada por el citado patógeno.

Los Palacios y Villafranca en los labios de los medios nacionales dos veces en una semana. La primera por el nuevo éxito deportivo del futbolista del Sevilla FC Jesús Navas, orgulloso hijo del municipio. La segunda, el mosquito y la fiebre del virus del Nilo Occidental. El pueblo lejano de Romero Murube era barro y cenagal, aunque en las calles y plazas de este municipio ya desbordado en una ciudad pujante de casi cuarenta mil almas –las increíbles estadísticas dicen que el segundo municipio con menor renta de España- no hay indicio alguno de este ADN de marisma, junco y arroz. El Ayuntamiento palaciego anunció este lunes el comienzo de la fumigación a base de permetrina y tetramina de las tres pedanías –Los Chapatales, Maribáñez y El Trobal- del municipio; este martes los empleados de la firma Dedesin hacían lo propio con las calles y espacios verdes del municipio.

“El problema no está en el arrozal, porque en él no hay agua muerta, sino en las lagunas y charcas que hay por todo el término municipal, es en las aguas paradas donde prolifera el mosquito, aunque es verdad que luego se mueve por todas partes”, explica a Diario de Sevilla el presidente de la cooperativa Arroceros del Bajo Guadalquivir Vicente Cebolla. “A mi juicio, lo más eficaz para atajar el problema sería fumigar con avioneta, no como se está haciendo hasta ahora, calle a calle”, opina.

De izquierda a derecha, Miguel Caballero, Miguel Gaspar, Antonio Pozo y Domingo Caballero conversan en la plaza de España del municipio. De izquierda a derecha, Miguel Caballero, Miguel Gaspar, Antonio Pozo y Domingo Caballero conversan en la plaza de España del municipio.

De izquierda a derecha, Miguel Caballero, Miguel Gaspar, Antonio Pozo y Domingo Caballero conversan en la plaza de España del municipio. / A. N. A.

“El caso es que este año hay menos mosquitos que antes”, asegura Miguel Gaspar en una tertulia improvisada junto a la puerta del estanco de la Plaza de España, centro neurálgico del pueblo. El sol aprieta y los palaciegos, como han venido haciendo desde el comienzo de la pandemia del coronavirus, deambulan con mascarillas, casi sin excepción. “Las fumigaciones que se han hecho contra el covid-19 han acabado con muchos de los mosquitos este año”, asegura Antonio Pozo, que es bombero en Alcalá de Guadaira aunque residente en Los Palacios y se ha desempeñado en labores de fumigación durante los últimos meses. “Lo del mosquito preocupa, pero mucho menos que el coronavirus”, asevera Domingo Caballero, más de cuarenta años al frente de una taberna en la calle Real vecina de la casa natal de Romero Murube.

“Yo me he traído repelente”, le comenta una vecina del municipio a su grupo de amigas en torno a una mesa con café, chocolate y churros en la citada plaza de España. “Pues que sepas que no sirve para nada, porque para que nos contagiemos el mosquito tiene que picar al pájaro primero y después a nosotros, y los mosquitos de mi casa son autóctonos míos; así que es difícil pescarlo”, explica su amiga para carcajada general. En la cercana farmacia Parejo, calle Charco –ecos en el nomenclátor de tiempos donde el agua era dueña y señora de esta parte del pueblo-, su manceba confirma a Diario de Sevilla que la venta de repelente antimosquitos se ha disparado en las últimas jornadas.

Labores dde fumigación en el parque de Las Marismas. Labores dde fumigación en el parque de Las Marismas.

Labores dde fumigación en el parque de Las Marismas. / A. L. P.

“Romero Murube establece la relación entre la marisma y el Nilo y habla del primer verano en que los mosquitos empiezan a molestar, cuando los arrozales, a mediados de los cincuenta del siglo pasado, cambian el paisaje de la marisma”, explica el archivero municipal, Julio Mayo, a este periódico. El historiador evoca los casos de paludismo vinculados a la picadura de mosquitos. Otros tiempos y otros agentes infecciosos. Hoy, el alcalde de Los Palacios, Juan Manuel Valle (IP-Adelante-), que reprochó a la Junta de Andalucía no haberle informado del caso, recomendaba en un comunicado evitar paseos nocturnos, manga y pantalón largos. El pueblo lejano del poeta del Alcázar no pierde la calma ante el aviso estival del Nilo por la marisma en el año del coronavirus. Poco caso al toque de queda. “Yo he visto aquí siempre muchos mosquitos, y muertos por picaduras a porrillo, y este mosquito puñetero no viene de ninguna parte, es de aquí del pueblo”, zanja Domingo Caballero para tranquilidad del reportero.

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