Betis-Celta de Vigo | Crónica

Sólo un punto en la ruleta rusa (3-3)

  • El Betis desperdicia un 2-0 para acabar empatando con un golazo de Canales de falta directa.

  • La reaparición de Maxi Gómez en el 61’ varió el encuentro y el Celta anotó tres dianas en apenas 21 minutos.

Aspas y Maxi Gómez celebran el 2-3. Aspas y Maxi Gómez celebran el 2-3.

Aspas y Maxi Gómez celebran el 2-3. / Antonio Pizarro

El Betis de Setién tiene un problema de identidad y ni un 2-0 a favor le sirvió para gobernar el partido ante un Celta que propuso una ruleta rusa desde el inicio y que halló su premio con la reaparición de Maxi Gómez. El primer tanto del uruguayo le inyectó una dosis de fe al cuadro gallego que en apenas 23 minutos le dio la vuelta al marcador ante un Benito Villamarín que asistió con perplejidad a lo que sucedió en el campo. Sólo una genialidad de Canales, con un extraordinario lanzamiento de falta que se coló junto al poste izquierdo de Sergio Álvarez, rescató un punto para los verdiblancos, que habían desaparecido por completo tras el 2-0 de Júnior. Incluso el resultado pudo ser peor tras la respuesta final de Iago Aspas, que estrelló una falta en el larguero de Pau López con Heliópolis ya con la sangre helada.

Si sobre el césped se echó en falta más personalidad de jugadores como William Carvalho, Guardado o Lo Celso para manejar la pelota con la ventaja en el marcador, tampoco hubo reacción desde el banquillo. Ni Setién niEder Sarabia encontraban soluciones para frenar a ese Celta desatado, que lo vio todo perdido y se lanzó a por ese Betis dubitativo incluso con la ventaja de dos goles. Hasta el minuto 80 no realizó el primer cambio el equipo bético, que fue doble con las entradas de Joaquín y Sanabria, y ya con 2-2.

Esa inacción de los técnicos facilitó la tarea viguesa. El horroroso partido defensivo del cuadro verdiblanco, con los tres centrales en el peor nivel que se les recuerda en mucho tiempo, permitió que el Celta virase el duelo. Bartra, Sidnei y Mandi quedaron retratados en cada gol visitante, aunque el agujero en la medular ya se había producido con anterioridad.

El partido estuvo marcado por la eficacia, o ese punto de lucidez ante la portería contraria, en la terminología que Setién suele emplear en las ruedas de prensa. El Celta llegó a Heliópolis dispuesto a plantear una batalla a campo abierto y durante muchos minutos pareció un proyecto suicida. La inocencia de Emre Mor contrastó con la voracidad de Loren. Si el turco remató defectuosamente ante Pau López, el marbellí sí ejecutó a la perfección la extraordinaria asistencia de Lo Celso, que se inventó un taconazo para dejarlo solo ante Sergio Álvarez.

Fue un gol de pocos toques y casi todos verticales para recorrer el campo de portería a portería. Pau López sacó en largo hacia Francis como opción para superar la presión adelantada del Celta, que ya había metido en problemas a los verdiblancos en más de una ocasión. El buen control del carrilero, acompañado por el fallo de Juncà, le permitió combinar con Lo Celso, quien en la media luna del área rival recibió de espaldas para ejecutar una genialidad propia de los elegidos. El pase del argentino, que antes había errado un remate franco ante Sergio Álvarez, habilitó a Loren, que ejecutó el 1-0. Pudo sentenciar poco después el Betis, ante un Celta aturdido por el gol encajado, pero el zurdazo de Canales, tras una pelota recuperada entre Loren y Lo Celso, se estrelló en el poste izquierdo de la meta visitante.

Loren conduce un ataque. Loren conduce un ataque.

Loren conduce un ataque. / Antonio Pizarro

De la caseta salió el duelo similar, con ese mismo ida y vuelta al que se habían retado Celta y Betis. Pero la eficacia continuó siendo verdiblanca. Si de nuevo Emre Mor estrelló su remate en los pies de Pau López, esta vez sería Júnior el que sí aprovechase un balón suelto, tras un carrerón de Guardado, para meter el interior y colocar el 2-0 para la felicidad del beticismo.

Todo cambió con la reaparición de Maxi Gómez, ese depredador del área que Antonio Mohamed recuperaba tras un mes lesionado y que justificó ese deseo del técnico argentino de ponerlo a jugar cuanto antes. El primer balón que tocó el uruguayo significó el 2-1, tras adelantarse a Bartra para peinar a la perfección el centro de Hjulsager.

En plena nerviosera local, sin capacidad para retener la pelota y sin que en el banquillo se atisbase un remedio más allá de la una pelea entre los preparadores físicos que acabaron expulsados, un centro al segundo palo de Juncà encontró a Brais Méndes completamente solo. Ante la pasividad de Sidnei, el atacante se acomodó el balón para enganchar un zurdazo que puso el 2-2.

Heliópolis ya se temía lo peor ante el desconcierto en el que vivía el Betis. Ni las postreras entradas de Joaquín y Sanabria arreglaron el desaguisado y de nuevo Maxi Gómez aprovechó un centro de Hjulsager para anotar en el segundo palo, con Mandi como un espectador más.

Pero la ruleta rusa tenía una bala más en la recámara y, ahora sí sonrió a los verdiblancos. Sin juego colectivo, el Betis apeló a la calidad individual y Canales se sacó de su chistera un enorme zurdazo para establecer el 3-3 y salvar un punto, que, al menos, endulzó una noche de locura.

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