Betis - Villarreal | La crónica

El Betis arranca un punto de entereza

  • El Betis firma su primer empate de la Liga tras rehacerse con corazón y firmeza de otro fallo defensivo a los cinco minutos de juego

  • Aitor Ruibal igualó con un golazo de volea

El lateral bético Álex Moreno trata de marcharse de Kubo. El lateral bético Álex Moreno trata de marcharse de Kubo.

El lateral bético Álex Moreno trata de marcharse de Kubo. / Antonio Pizarro

Los equipos bien armados suelen empatar cuando no pueden ganar y quizás por ello las primeras tablas de este Betis de Manuel Pellegrini han llegado con la visita del Villarreal a Heliópolis (1-1), al cuajar por fin los anfitriones un ejercicio de solidez y entereza ante uno de los equipos de la zona alta de la tabla.

No puso sobre la hierba el Betis más argumentos futbolísticos que los amarillos, que dieron más sensación de equipo durante la mayor parte del pleito, pero esta vez arrancó un punto de valor, de fe. Al primer contratiempo se levantó y ya se sostuvo en pie hasta el final. Y no era fácil tras ese golpe bajo a los cinco minutos con el testarazo de Pau Torres en un córner. La extraordinaria volea de Aitor Ruibal (51’), el hombre que pone la rúbrica a la reacción bética en los dos últimos partidos, vino a imponer cierta coherencia con lo que ya reflejaba el igualado juego. Ese punto sabrá mejor con el tiempo.

La reacción también debe avivar el convencimiento de que el Betis atesora cierta capacidad para estar flotando ahí, a la expectativa de la zona noble. Las vías de agua que afloraron días atrás le hicieron caer a zona caliente, pero obturarlas, como hizo con el buen partido de Bartra y Guido, secundados por Víctor Ruiz y por fin William, lo llevó a recuperar altura como si de un globo recalentado se tratara.

No era casualidad que los verdiblancos, irregulares como ellos solos, ganaran o perdieran hasta ahora: sus virtudes ofensivas se venían imponiendo a los rivales más limitados, pero sus defectos defensivos pesaban ante los gallos de esta Liga. Esa tendencia se ha quebrado en cuanto guareció su portería por fin con cierta solvencia. Con los centrales neutralizando a Gerar Moreno, Fernando Niñó y luego Yeremi, y con Miranda muy intenso y valiente en la segunda parte ante Kubo y luego Chukwueze, el Betis acabó aguantando las embestidas de un Villarreal que fue perdiendo prestancia a medida que tuvo que hacer cambios obligados, hasta tres por las lesiones de Estupiñán e Iborra, a los cuarenta minutos, y de Coquelin a los 59.

El arranque no auguraba nada bueno. En el primer balón parado que le tocó defender, a los cinco minutos, al Betis le volvieron a asaltar todas las inseguridades que lo lastran en la montaña rusa donde viaja. Dani Parejo botó un córner desde la izquierda y entre Guardado y Víctor Ruiz, emergió Pau Torres para cabecear con absoluta placidez y enviar el cuero a la red de un entregado Joel Robles.

Ese gol puso en serio riesgo el efecto terapéutico del 0-2 en Pamplona, con la falta que le hace a los verdiblancos recuperar la confianza. De hecho el Betis se llevó aturdido unos veinte minutos. Con el sitio perdido. Perdiendo todas las pequeñas disputas del balón o llegando tarde por ese bloqueo mental que los atenazaba. Unai Emery situó a Iborra por delante de su zaga de cuatro, con Dani Parejo llevando el diapasón, como siempre, y Trigueros en una posición mixta: tan pronto se descolgaba por la izquierda, como en la jugada que provocó el córner del 0-1, como se metía por dentro para apoyar en la contención o en la salida del balón. Ese carril siniestro era para ese tren ecuatoriano que responde por Estupiñán y sufría el Betis para responder a las acometidas de los castellonenses, que olieron la sangre.

Tan superiores se sintieron los amarillos, que en lugar de dar un paso atrás con el 0-1 se volcaron con alegría,conducidos por Parejo y con Iborra imponendo su ley en la zona ancha.

Ocurrió que el Betis, como demostró una semana antes en Pamplona, es un equipo peligroso con espacios. Por aptitud y por actitud. A los jugadores de calidad como Fekir se le une la verticalidad en los ataques que le ha procurado Pellegrini. Y así, los verdiblancos empezaron a sacar la cabeza: una maniobra de Fekir por la izquierda acaba con un remate de Ruibal en el segundo palo, potente pero centrado ya que no pudo darle dirección a la pelota (24’). Desvió Sergio Asenjo. Al minuto, un contragolpe no lo pudo culminar Ruibal, diestro él, como pretendía al rematar desviado con su zurda.

Esas estiradas le bajaron ya los humos al Villarreal, que percibió en el Betis más capacidad de respuesta de la que insinuaba su inferioridad en la zona ancha.

Y el partido se equilibró definitivamente con las lesiones que sufrieron dos de los jugadores más destacados del bloque de Emery, Estupiñán e Iborra. El lateral estaba ofreciendo una salida franca por su carril y el ex sevillista volvía a liberar a Parejo y oficiaba de tercer central a balón parado. Por ellos entraron Pedraza y Coquelin, quien no terminó de tomarle el pulso al partido y duró 20 minutos en la hierba,víctima de otra lesión.

El Villarreal se fue frenando con los cambios al tiempo que el Betis ganaba en intensidad y convencimiento. Ya antes de la volea de Ruibal, que cazó un rechace de Pau Torres en una falta, los béticos jugaban como un equipo. La entrada de Miranda por Álex Moreno y de Tello por Guardado tras el descanso conformó un Betis más punzante. Pellegrini revalidó su confianza en Sanabria, que poco después de entrar por Borja casi fuerza un autogol de Pau Torres en una penetración de Tello (65’), y aunque Pellegrini apeló a la magia de Joaquín en el arreón final, la tarde ya estaba cerrada. Estaba para alargar la mano a un buen rival y firmar al fin unas tablas de valor. Y de entereza.

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