El Betis bate a tiempo al escarnio en Moldavia (0-1)
Petrocub-Betis | La crónica
Tras otra primera parte para el sonrojo de los verdiblancos ante un rival de un nivel impropio de Europa, los cambios elevan algo el nivel para un triunfo que acerca el obligado pase
Bakambu aprovecha un regalo defensivo que forzó Chimy Ávila

El Betis de Manuel Pellegrini, en espera de tiempos menos prosaicos y desde luego más dignos de su gente, hizo lo que debía en su visita a Chisinau, Moldavia, la Europa profundísima: agarrar los tres puntos y traérselos en el avión para Sevilla. Lo hizo con un solitario gol de Bakambu, con algunas gotas de fútbol y bastantes más de sufrimiento y, con sus siete puntitos en cinco jornadas, acercó el objetivo menor de su clasificación entre los 24 mejores de la Conference League. Ahora tendrá que derrotar a un rival con un pedigrí algo mejor que el Petrocub, el HJK Helsinki, pero en el Benito Villamarín. Haciéndolo seguirá vivo en el torneo, aunque deberá jugar esa eliminatoria que Manuel Pellegrini pretendía, o eso decía, salvar en febrero. Será el peaje por no acabar entre los ocho primeros junto a Chelsea o Fiorentina, por ejemplo.
Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Y era imposible que el Betis, por mucho que se empeñara en lo contrario y por mucho que jugara con fuego en los últimos minutos, no saliera con los tres puntos de su envite contra el Petrocub. Por eso ganó. Porque era imposible lo contrario. Porque este equipo moldavo, que tiene un nivel impropio de cualquier competición europea que se juegue en diciembre, no podía empatar en ese arreón que el Betis le concedió. Marcó en el 87 pero en claro fuera de juego, y en el 94, el central Mudric no vio que su compañero Caruntu estaba solo a su derecha para empujarla a la red y chutó para que Adrián actuara. Mudric no podía ver a Caruntu porque su nivel es el que es, tan ínfimo como el de todo su equipo, y se encontró con una situación indescifrable para él. Y el Betis se libró así de otro capítulo indecoroso en su triste aventura europea.
Los verdiblancos se limitaron a aprovechar un regalo de la defensa local para solucionar un partido que se le había enconado. Corría el minuto 54 y Narh, defensa suplente que debió salir por el lesionado Bors en el 34, arriesgó en su pase lateral a su compañero de línea Mudric. El Chimy, el más vivo de la clase, le apretó lo suficiente para que el balón saliera blando y Bakambu se anticipara a Mudric para enfilar al portero. Bakambu chutó centrado y flojo, pero ahí también afloró el nivel del guardameta, que apenas acertó a rozar la pelota.
En esa fase, de todas formas, el Betis ya había mejorado y se estaba forjando, más o menos, ese gol que lo encauzara todo. La entrada de Abde por Jesús Rodríguez y de Altimira por Johhny había logrado que el equipo ganara metros, acosara másy mejor y disfrutara de más balones cerca del área moldava. Y con el Chimy en territorio más caliente –es un decir en una noche bajo cero–, la probabilidad de forzar un error de una zaga tan debilucha como la del Petrocub creció. Era cuestión de tiempo y pronto saltó la liebre. Ya poco antes del gol, el portero impactó el balón en un defensor en su torpe despeje y a punto estuvo de cazarlo Bakambu.
Menos mal para el Betis que hubo mejoría a tiempo para evitar un escarnio aún mayor que el de la noche ante el Mlada Boléslav. La primera parte fue un giro de tuerca más en el camino de indignidad que había dibujado, con desmañadísimo trazo, el Betis de Pellegrini en las cuatro jornadas anteriores de esta sórdida competición. El Petrocub, que soñaría con derrotar al filial bético, que llegaba al partido con un escuálido punto y gracias arrancado en el último minuto ante el Basaksehir turco en la jornada anterior, fue capaz de resistir 45 minutos más los tres del añadido... ¡sin recibir un tiro a puerta!
Fue pavoroso el desempeño de los rayados en verde y blanco bajo la gélida noche moldava, en un inhóspito estadio. El decorado, si no fuera por los abrigos, gorros, bufandas y guantes del personal, era más propio de ese primer partido en el stage de pretemporada, ante el animoso equipo de aficionados de esa localidad alpina que parece sacada de una peli de sobremesa. Pero no. Se trataba de todo un partido con el marchamo de la UEFA. Con su balón oficial y su canesú. Lo único que le faltaba es el control de calidad, como a los jamones que decomisan en mal estado. Porque de calidad, no hubo ni atisbo hasta el intermedio.
La vez que el Betis estuvo más cerca del gol fue en un balón largo de Diego Llorente a la espalda de la defensa. Corría el minuto 29, el portero local Smalenea llegó justo antes de que Bakambu metiera la cabeza, pero no estaba claro si el guardameta tenía bien asido el esférico cuando el delantero se lo arrebató para marcar a portería vacía. El VAR opinó que la jugada era ilegal, que Smelenea lo tenía atrapado, y anuló el gol. Ahí murió la producción ofensiva del Betis hasta que los once defensores de su escudo retornaron al cálido –un suponer– vestuario.
Antes de esa acción aisladísima, Jesús Rodríguez se animó por la izquierda en su primer escarceo, dejó atrás a varios, penetró en el área pero recibió un violento balonazo en su muy frío rostro y ahí acabó el peligro del prometedor extremo alcalareño.
Era cuestión de haber aprendido la lección de los partidos en Varsovia o ante el Mlada Boléslav. De imprimir movilidad al juego, de ofrecerse sin balón y que así la clara, que no expuesta, superioridad técnica y física de los béticos acabara decidiendo. Pero las cosas no suceden porque sí. Las dos o tres veces que Assane Diao se fue de Dermian (el árbitro le perdonó clamorosamente la segunda tarjeta amarilla al jugador local en el minuto 31 por agarrón al extremo verdiblanco) mostraron un camino por el que el Betis no quiso prodigarse. Nada de fútbol al espacio, nada de acelerar el juego.
Tras el intermedio, los béticos al menos detectaron que Assane Diao era una MotoGP ante marcadores de Moto3 y en cada balón largo hizo daño. El mejor balón a él fue del Chimy y acabó en un zurdazo a quemarropa de Bakambu que desvió el portero (66’). Poco después, Altimira robó, Abde penetró y forzó un penalti que el VAR anuló. Fue como si el destino dictara que un Betis tan magro de fútbol debía sufrir hasta el final por arrancar tres puntos de un inhóspito campo de Chisinau. Y así fue. En el arreón final de los anfitriones parecía que podían volar dos puntos. Pero lo que no puede ser no puede ser y es imposible. Así derrotó el Betis al escarnio.
Ficha técnica
0 - Petrocub Hincesti: Smalenea; Ion Jardan, Potirniche, Mudrac, Bors (Nahr, min. 34); Lungu (Agyemang, min. 76), Douanla (Diallo, min. 46), Demian; Ambros (Lupan, min. 64), Platica y Puscas (Caruntu, min. 76).
1 - Real Betis: Adrián; Ruibal, Diego Llorente, Natan, Ricardo Rodríguez; Assane, Cardoso (Altimira, min. 46), Mateo, Jesús (Abde, min. 46); Chimy Ávila y Bakambu (Vitor Roque, min. 85).
Gol: 0-1, min. 54: Bakambu.
Árbitro: Lothar D'Hondt (Bélgica). Amonestó a los locales Demian (min. 14), Lungu (min. 53) y al entrenador, Andrei Martin (min. 83); y al visitante Abde (min. 75).
Incidencias: Partido correspondiente a la quinta jornada de la fase de liguilla de la Liga Conferencia disputado en el Stadionul Zimbru de Chisinau ante unos 7.000 espectadores.
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