Epicuro, filósofo: "Quien un día se olvida de lo bien que lo ha pasado se ha hecho viejo ese mismo día"
A esta cita se le puede dar varias interpretaciones; desde una defensa a la memoria afectiva hasta revivir la alegría del tiempo pasado
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El filósofo Epicuro fue uno de los pensadores más influyentes dentro de la filosofía helenística. Este nació en Samos y estuvo gran parte de su vida en Atenas. Fundó una escuela donde hombres y mujeres podían reflexionar sobre como alcanzar la felicidad. El pensador propuso una filosofía más práctica que se centraba en el places entendido como una ausencia de dolor físico y la pertubación del alma. Dos térmicos que nombró como aponía y ataraxia.
Si se busca entender su filosofía y sus pensamientos, es necesario alejarse de todo aquello que conlleve lujo o hedonísmo desmedido. Este pensador defendía una vida sobria, basada en placeres naturales y necesarios como la amistad, la conversación filosófica, la tranquilidad espiritual y la satisfacción de las necesidades básicas.
Uno de los mayores obstáculos de la felicidad son los miedos infundados, sobre todo, aquellos relacionados con los dioses y la muerte. Para él, estos no intervenían en los asuntos humanos y la muerte no debía angustiarnos, ya que cuando ella es nosotros no y a la inversa.
Dentro de esta visión, cobra mucha importancia su frase celebre: "Quien un día se olvida de lo bien que lo ha pasado, se ha hecho viejo ese mismo día". Es una idea que encaja a la perfección dentro de su doctrina. Epicuro valoraba la memoria como una fuente constante de placer. Los buenos recuerdos eran recursos para sostener la felicidad presente.
La vejez, para el filósofo, no se debía entender como una cuestión biológica, sino en un plano más espiritual. Se trataba de experimentar una pérdida de revivir la alegría y desconectarse del gozo experimentado y permitir que el peso del tiempo opaque la gratitud por lo vivido. Si una persona deja de recordar sus momentos felices, también se pierde una herramienta fundamental para enfrentar las dificultades. La memoria placentera actúa como un refugio interior, un jardín mental al que siempre regresa incluso en las circunstancias más adversas.
Cuando Epicuro enfermó en sus últimos días, se comenta que llamó a sus amigos afirmando que a pesar del dolor físico que sentía, su felicidad era plena por los recuerdos de las conversaciones compartidas con ellos. Con esta actitud, se revela el aspecto esencial de los pensamientos. Para él, el placer no dependía exclusivamente del presente inmediato. Este podía prolongarse a través de los recuerdos y anticiparse a través de la esperanza. Así que tanto persente como pasado y futuro, quedan integrados como una experiencia continua de serenidad.
Es cierto que, recordar no implica aferrarse al pasado, sino reconocerlo como parte constructiva de nuestra identidad. Si una persona cultiva gratitud, esta mantendrá viva la capacidad de asombro y satisfacción. Sin embargo, un individuo que deja paso al resentimiento, la rutina y la amargura, estos acabaran borrando los momentos luminosos, envejeciendo interiormente.
Adaptando esta frase a la sociedad contemporánea, que está marcada por la prisa y la comparación social, la enseñanza de este filósofo consiste en adquirir una relevancia particular. Últimamente, queda en un segundo plano el hecho de detenerse a valorar lo que ya se ha disfrutado. Constantemente, se vive pensando en las metas futuras y siempre se espera que la felicidad llegue. Sin embargo, este pensador propone que se debe reconocer los placeres ya experimentados y permitir que nutran el ánimo en el presente.
Otra de las interpretaciones que se le pueden dar a esta frase es que se trate de la defensa de la memoria afectiva. No es recordar eventos exitosos o momentos espectaculares, sino apreciar la sencillez.
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