Un estudio genético ha demostrado que existen ciertas ventajas en los superancianos que en el resto de la población

Con este estudio se podrá averiguar los tipos de variantes que existen y si algunas son más protectoras frente a otras

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Cerebro
Cerebro / Freepik

Una de las últimas investigaciones del cerebro han tratado de averiguar hasta qué punto cada una de las variantes del gen tiene una función más o menos protectora. Todo ello para ver qué ventajas tienen las personas con más de 80 años que no contiene el resto de la población. Este último no ha sido revisado, pero si se ha publicado en el repositorio de artículos de MedRxix.

Esta tiene como función principal ayudar a comprender los mecanismos subyacentes al Alzheimer. En dicho estudio se ha llevado a cabo una investigación de la genética de 18.080 voluntarios divididos en ocho grupos. 1.412 superancianos caucásicos no hispanos, 211 superancianos afroamericanos no hispanos, 8.829 participantes con demencia y 7.628 controles cognitivamente normales.

Como conclusión, se ha podido observar que los superancianos tienen un 68% menos de probabilidades de portar la variante APOE-e4 que las personas de la misma edad con Alzheimer y un 19% menos que las personas con cognición normal. Si no se tiene copia de esta variante será más probable que se conviertan en superancianos.

Además, también se ha observado por primera vez que los superancianos tenían una mayor frecuencia de la variante deseada, APOE-e2. Un 28% más propensos que los controles cognitivamente normales de más de 80 años y un 103% más propensos a ser portadores de la variante que los participantes con demencia de Alzheimer de más de 80 años.

Los investigadores aseguraban que los estudios de los mayores de 80 años que no reciben un diagnóstico de demencia clínica muestran un envejecimiento excepcional. En ese estudio se ha sugerido un fenotipo de superanciano que se puede utilizar para identificar a un grupo excepcional de adultos con edad muy avanzada y un riesgo genético reducido de padecer la enfermedad de Alzheimer. Es una forma de detectar las personas más propensas a padecer Alzheimer y, por lo tanto, poder comenzar los tratamientos preventivos que puedan evitar la aparición de los síntomas de la enfermedad.

Qué es el gen APOE

Se trata de crear la apolípoproteína E, encargada de eliminar el colesterol de la sangre. De esta existen varias variantes, según explican algunos de los estudios. Las más frecuentes son la 2, 3 y 4. La que nadie querría tener sería la última porque está muy relacionada con el desarrollo temprano de algunos tipos de demencia como el Alzheimer. La 3 es una variante neutra y el 2 protege a los portadores.

Cada uno de nosotros tenemos dos copias de un gen. Uno de ellos viene de la madre y otra del padre. Por ello, las copias no son iguales y en nuestro interior puede haber un gen con una variante 2 y 4 al mismo tiempo. Así que resulta complicado saber si esta combinación llega a proteger o, por el contrario, predomina el efecto de la variante 4 que es la más preocupante y la que nadie quiere tener.

Qué síntomas tienen las personas con Alzheimer

Es un trastorno neurodegenerativo progresivo que afecta principalmente a la memoria, el pensamiento y el comportamiento. Sus síntomas suelen aparecer de forma gradual y empeoran con el tiempo, interfiriendo cada vez más en la vida diaria de la persona.

Uno de los síntomas más comunes es la pérdida de memoria, especialmente la dificultad para recordar información reciente, como conversaciones, citas o eventos importantes. A medida que la enfermedad avanza, también se olvidan datos personales, nombres de familiares y recuerdos significativos. Esta pérdida de memoria suele ir acompañada de desorientación en el tiempo y el espacio; las personas pueden no saber qué día es, dónde se encuentran o cómo llegaron a un lugar determinado.

Otro síntoma frecuente es la dificultad para realizar tareas cotidianas que antes resultaban sencillas, como cocinar, manejar dinero o seguir instrucciones. También pueden presentarse problemas de lenguaje, como olvidar palabras, repetir frases o tener dificultades para mantener una conversación coherente. En algunos casos, la persona puede llamar a los objetos por nombres incorrectos o perder el hilo de lo que estaba diciendo.

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