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Silvia Severino, psicóloga: "Cuando una madre grita, el vínculo suele repararse"

Padres e hijos / Pexels

Los padres crean un fuerte vínculo con los hijos. Estos son muy importantes y uno de los más duraderos. Desde el nacimiento, este lazo familiar influye en el desarrollo emocional, psicológico y social de los más pequeños. A su vez, también tiene relación con como perciben el mundo y construyen la identidad. Con ellos aprenden valores, normas, afecto y formas de convivencia.

Otro de los factores que influyen y unen a madres e hijos es el cuidado cercano, la protección y la expresión emocional. Es cierto que, tradicionalmente, se ha visto como una figura de apego. Sin duda, son el mayor referente para ofrecer seguridad y consuelo. Además, es fundamental para el desarrollo de la confianza, la autoestima y la capacidad de establecer relaciones afectivas más sanas en un futuro con otras personas.

En cuanto a los padres con los hijos, los vínculos desde hace muchos años siempre se han relacionado con la autoridad, la disciplina y la transmisión de normas, llegando a establecer límites y ciertas responsabilidades. Esas diferencias pueden determinar que la relación con ambos sea diferente. Esto responde a construcciones culturales que se han implantado a lo largo de los años.

Aunque los roles han ido evolucionando en la actualidad, volviéndose mucho más flexibles y compartidos, es cierto que los papeles se pueden llegar a mantener. Los dos desempeñan funciones como el cuidado, la orientación, el apoyo emocional y la formación ética. La calidad del vínculo dependerá de cómo nos afecten los gritos de los padres y de las madres, según la psicóloga Silvia Severino.

Las etapas siguientes a la infancia, como la adolescencia, serán fundamentales para ver como atraviesa la relación entre padres, madres e hijos. Es cierto que, durante los primeros años de vida se desarrollan por ejemplo los vínculos de la dependencia y la protección. En los años siguientes, predominan los conflictos y el cuestionamiento, necesario para la construcción de una identidad y la autonomía en la que cada individuo cree que puede hacerlo todo solo.

Ya cuando son adultos, este vínculo se vuelve a transformar y la relación se vuelve más equilibrada y se caracteriza por el respeto mutuo y el diálogo. Igualmente, en todas las fases es preciso el acompañamiento emocional y la comprensión.

Así que a la pregunta de por qué duele más cuando un padre grita que cuando lo hace una madre, la psicóloga Silvia Severino responde que cuando la progenitora lo hace, el vínculo suele repararse. Sin embargo, cuando lo hace el progenitor, las huellas normalmente son más profundas. Para los más pequeños, uno está vinculado a la fuerza y la protección. Así que cuando levanta la voz, no solo hay tristeza, sino que también aparece el miedo.

Ya no solo es el grito en sí, así que la respuesta del niño es alejarse, aprender a callar y a manejar las emociones. Esto se nota, sobre todo, en la etapa de la adolescencia. Muchas veces, se convierte en rabia, silencio y distancia emocional. Sin duda, es la respuesta de algo que no se supo contener antes. Así que la recomendación de la psicóloga es enseñar con calma. Así es como se consigue el liderazgo emocional.

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