Estas son las tres actitudes que gritan trauma en la infancia: "No sabes poner límites"

Desde buscar llenar el vacío con cosas materiales hasta alejar a las personas

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Durante la niñez, el pequeño pasa por muchas etapas. De hecho, muchas actitudes de los progenitores y las personas de su entorno no son aptas para ellos y pueden provocar traumas infantiles. Desde una perspectiva psicológica, este no se define únicamente por un hecho que haya sucedido en un momento concreto, sino que hace referencia al impacto que produce en el menor y la ausencia de recursos internos o externos que le hacen ganar seguridad. Los ejemplos que conforman estos traumas son el abuso físico, emocional, sexual, la negligencia, la violencia familiar, la pérdida temprano de figuras significativas, la exposición constante a entornos impredecibles. Todo esto acaba generando una huella en el desarrollo psicológico.

Durante la infancia, el cerebro se encuentra en un proceso activo de maduración. Las experiencias tempranas influyen directamente en la formación de los sistemas emocionales, cognitivos y relacionales. Cuando un niño vive un evento traumático, su sistema nervioso puede quedar atrapado en un estado de hiperactivación (alerta constante) o hipoactivación (desconexión emocional). Estas respuestas, que inicialmente son mecanismos de supervivencia, pueden volverse patrones rígidos que persisten en la vida adulta, afectando la regulación emocional, la autoestima y la capacidad para establecer vínculos seguros.

Uno de los aspectos centrales del trauma infantil es su impacto en el apego. Los niños dependen de los adultos para sentirse protegidos y validados. Cuando las figuras de cuidado son fuente de amenaza, inconsistencia o abandono, el niño puede desarrollar estilos de apego inseguros o desorganizados. Esto puede traducirse, en la adultez, en dificultades para confiar en los demás, miedo al rechazo, dependencia emocional o evitación de la intimidad. Así, el trauma no solo deja recuerdos dolorosos, sino que moldea la manera en que la persona se relaciona consigo misma y con el mundo.

Desde la psicología clínica, también se reconoce que muchos síntomas psicológicos —como la ansiedad, la depresión, los trastornos de la conducta alimentaria o las adicciones— pueden entenderse como intentos de adaptación al trauma. Estas conductas no surgen “porque sí”, sino como estrategias para manejar emociones intensas, recuerdos intrusivos o un profundo malestar interno. Comprender esto permite adoptar una mirada más compasiva y menos patologizante hacia quienes han vivido experiencias traumáticas tempranas.

La buena noticia es que el trauma infantil no determina de forma irreversible el destino psicológico de una persona. El cerebro mantiene una notable plasticidad a lo largo de la vida, y las experiencias reparadoras pueden favorecer procesos de sanación. La psicoterapia, especialmente los enfoques centrados en el trauma, el apego y la regulación emocional, ofrece un espacio seguro para resignificar las experiencias dolorosas, desarrollar recursos internos y reconstruir una narrativa personal más integrada.

Cuáles son las tres actitudes que se relacionan con las traumas infantiles

La psicóloga Silvia Severino explica cuáles son las tres actitudes que se relacionan con los traumas infantiles. Igualmente, puede que ocurra alguna, pero no esté ligada especialmente.

  • Comprar de manera impulsiva o siempre sentir que necesitas comprarte algo. Probablemente, fuiste el niño o la niña cuyas necesidades emocionales no fueron vistas. Hoy buscas llenar ese vacío con cosas.
  • No saber poner límites. Decir que sí cuando quieres decir que no. Probablemente, naciste en un lugar donde expresarte significaba rechazo o castigo.
  • Alejar a las personas cuando alguien se acerca demasiado. Probablemente, aprendiste que el amor venía con condiciones, inconsistencia o dolor.

Referencias bibliográficas:

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