Una Provincia Bajo el Antifaz

Semana Santa en Alcalá del Río y de Guadaíra: Del Paseo a la Judea

  • La cofradía crucera de Alcalá del Río se inicia con una peculiar ronda en la que participa todo el cortejo

  • Jesús Nazareno es apresado en Alcalá de Guadaíra y conducido al Calvario

Las Santas Mujeres preceden el paso de la Virgen de las Angustias, de Alcalá del Río. Las Santas Mujeres preceden el paso de la Virgen de las Angustias, de Alcalá del Río.

Las Santas Mujeres preceden el paso de la Virgen de las Angustias, de Alcalá del Río. / Francisco Cruz

Llegamos al triduo pascual. Las jornadas más importantes de la Semana Santa. Y las que más se viven en los pueblos, puesto que a excepción de los grandes municipios, en la mayoría de ellos las cofradías se concentran en tres días: Jueves Santo, Madrugada y Viernes Santo. En el capítulo de hoy nos centramos en dos localidades que comparten nombre: Alcalá del Río y Alcalá de Guadaíra, ambas situadas bastante cerca de la capital hispalense, lo que no les ha impedido conservar muchas tradiciones propias que conviene que anoten en la agenda para el próximo año. 

Comenzamos en la Vega, en la antigua Ilipa Magna, donde la cofradía de la Vera-Cruz sale de la ermita de San Gregorio (patrón de la localidad) a las 18:00 del Jueves Santo. Previamente, tiene lugar uno de los ritos que caracterizan la Semana Santa alcalareña, declarada Fiesta de Interés Turístico de Andalucía. Una vez que han acabado los Santos Oficios, en la Plaza del Calvario se organiza El Paseo, nombre que recibe una antigua tradición que algunos vinculan con las rondas que hacían las centurias romanas -recordemos que aquí se libró una de las guerras púnicas que dio origen a Itálica- y otros con la costumbre que existía de llevar la comunión a los impedidos que no podían asistir a misa.

Es uno de los momentos que con más intensidad se vive en Alcalá del Río. Familias enteras de cruceros. Todos los componentes del variado cortejo, uno de los más ricos que se pueden presenciar en estas fechas en la provincia. Destaquemos de él el hábito de los nazarenos, que guarda cierto sabor romántico: túnicas negras con gola de encaje y lazo verde, capas negras con vuelta verde y antifaces de raso verde, el color de esta hermandad que posee uno de los mayores patrimonios -material e inmaterial- de Sevilla. A ellos se unen las largas filas de cruceras que, vestidas de mantilla, preceden al paso de la Virgen de las Angustias Coronada junto a jóvenes y niñas que encarnan personajes bíblicos y alegóricos: las Virtudes Teologales, las Santas Mujeres, Santa Elena, la Verónica y un amplio grupo de ángeles. 

El paso del Cristo de Vera-Cruz, del que pende un velo. El paso del Cristo de Vera-Cruz, del que pende un velo.

El paso del Cristo de Vera-Cruz, del que pende un velo. / Francisco Cruz

Si destacable es el cortejo, no lo son menos las imágenes titulares y los pasos en los que salen en procesión. En el primero lo hace el Cristo de la Vera-Cruz, pilar devocional de este municipio. Se trata de un crucificado, del siglo XVI y atribuido a Roque Balduque, de tamaño menor al natural, ya que en su origen era portado por un clérigo. De la cruz pende un velo, que rememora el del templo de Jerusalén que se rasgó tras expirar Jesús. Lo acompaña una legión romana con ropajes historicistas. 

El segundo paso lo preside la Virgen de las Angustias, una de las joyas de la imaginería sevillana, atribuida con bastante fundamento a José Montes de Oca. Esta dolorosa despertó tal devoción en el torero alcalareño Antonio Reverte, que en 1903 le regaló el prodigioso palio de las Hermanas Antúnez, taller en el que también se bordó el portentoso manto del Jueves Santo. El diestro, incluso, estuvo a punto de que la cofradía crucera saliera un Domingo de Ramos en Sevilla, desde la parroquia de la Magdalena. La corona, de oro, es de Villarreal. 

El paso de la Virgen de las Angustias, de Alcalá del Río, un prodigio del bordado. El paso de la Virgen de las Angustias, de Alcalá del Río, un prodigio del bordado.

El paso de la Virgen de las Angustias, de Alcalá del Río, un prodigio del bordado. / Francisco Cruz

Ambos pasos son portados por nazarenos sin antifaz, con peto y cíngulo de esparto. Lo hacen a través de dos largas maniguetas colocadas en los costeros. Desde la ermita se dirigen, en un recorrido por el casco antiguo de la localidad, hasta la parroquia de Santa María de la Asunción, donde tras adorar al Santísimo, vuelven, ya de madrugada, a su sede canónica. 

Jesús sube al Calvario

Cuando comienza el Viernes Santo, Alcalá de Guadaíra toma el relevo con un rito que dura más de un día: la Judea. Comienza el Jueves Santo, en la parroquia de Santiago el Mayor, donde reside la Hermandad de Jesús Nazareno, corporación protagonista de esta tradición. Allí una comitiva de cofrades vestidos de soldados romanos revolea la bandera, antigua tradición por la que se infundía el espíritu de los caudillos militares a las tropas. En este momento aparecen personajes singulares, como el pagineta, un niño vestido de soldado romano que, al son del tambor y la flauta, baila una danza tradicional -similar a la de los Seises- mientras toca el palillo sobre el tablero que contiene la sentencia de Cristo.

Al salir la cofradía, en la Madrugada del Viernes Santo, la Judea también adquiere gran protagonismo, especialmente a partir del antiguo puente del tren, donde se escenifica el prendimiento de Jesús con dos parejas de lanceros, que custodiarán el paso hasta la subida al monte Calvario. En ese enclave se produce el momento culmen del ritual, pues se escenifica -como se detalló en el Mandato de Marchena y en el Encuentro de Osuna- el momento en que se miran frente a frente María (la Virgen del Socorro) y su Hijo en la Calle de la Amargura, acompañados de San Juan Evangelista (el segundo paso de la cofradía).

Un sacerdote es el encargado de leer el sermón de Pasión. Interviene otra vez el pagineta y se revolea de nuevo la bandera. También se cantan las saetas propias de Alcalá, que conservan un son primitivo, muy poco aflamencadas y que narran pasajes bíblicos. Una transmisión sonora de las sagradas escrituras para una población que en su mayoría, antaño, no sabía leer.

Revoleo de la bandera cuando Jesús Nazareno, de Alcalá de Guadaíra, llega al Calvario el Viernes Santo por la mañana Revoleo de la bandera cuando Jesús Nazareno, de Alcalá de Guadaíra, llega al Calvario el Viernes Santo por la mañana

Revoleo de la bandera cuando Jesús Nazareno, de Alcalá de Guadaíra, llega al Calvario el Viernes Santo por la mañana / Vicente Romero

La cofradía desciende del monte, ya en plena mañana del Viernes Santo, y tras recorrer las principales calles de Alcalá regresa a su sede canónica. Antes de que el Nazareno entre se escenifica el último acto. Los personajes que encarnan a los judíos hincan la rodilla en tierra, mientras que el capitán de la decuria romana desenvaina la espada y la coloca con la punta hacia el suelo, en referencia a Longinos. Los lanceros mantienen sus armas a la funerala. Todo supone un símbolo de la certeza de la divinidad de Jesús y la esperanza en su Resurrección. 

La Judea constituye uno de los autos pasionistas más completos de la Semana Santa andaluza (la de Alcalá de Guadaíra está declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional) y del que se encarga de mantenerlo y organizarlo un grupo de hermanos de la corporación. Una verdadera reliquia que no deben perderse.

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