El Palquillo

El encanto de una Semana Santa 0'0

  • Sólo se puede hacer la ruta de las colgaduras y de las convocatorias de cultos que poco a poco se desprenden de los muros. 

Flores, estampas y mensajes en la puerta de la capilla de los Panaderos Flores, estampas y mensajes en la puerta de la capilla de los Panaderos

Flores, estampas y mensajes en la puerta de la capilla de los Panaderos / José Ángel García (Sevilla)

NUNCA antes habías visto tantos telediarios en Semana Santa, ni oído tantos informativos de radio. Casi se te han olvidado los días que son si no fuera por estos relatos del vacío. No es lo mismo escribir de la nada que del vacío. ¿O no? Cuando no llegan los cubos desde Lora del Río y Santa Eufemia con el azahar para el paso de la Concepción a la hora en que el sol apunta directo a la Campana desde el Aljarafe, lo que se produce es un vacío. No hay nada, pero está el vacío. Igual que lo hay cuando no se le ponen los pasadores buenos a Jesús Nazareno para que luzca manso y altivo a la vez con la mayor elegancia en el abrazo de la cruz.

La de cosas distintas que estás haciendo en esta Semana Santa 0'0 a la que tratan de meterle todos los potenciadores de sabores del mundo por la vía digital, pero no por ello deja de ser una experiencia insípida. No hay retransmisión digital que suponga ninguna compensación. Esta Semana Santa de youtube carece de gracia. En la frialdad no caben en ella ni el sentimiento ni la memoria. La pantalla no es mejor que ninguna estampa ni por supuesto que ninguno de los ritos particulares de los que hemos sido privados.

Un conocido cofrade del Dulce Nombre echaba con razón más en falta el almuerzo previo en familia que la propia estación de penitencia. Los días de lluvia al menos no acaban con el encanto de todos los momentos previos, pero lo de este año es 0,0 puro y duro con el sufrimiento del minuto y resultado de nuestra particular peste, que se cuela por la televisión, la radio, las redes sociales y los comentarios con las amistades.

San Bernardo no estira su cinturón negro y morado a la hora en que nos quieren ofrecer el feliz anuncio de que tal vez podamos salir a la calle a partir del día 26. Saldríamos poco a poco, como un palio de cajón. Sin alharacas. Con las concesiones justas. Sin que haya cera en el asfalto para que el paso de los coches interprete la melodía chirriante del final de la fiesta más hermosa.

El Rey llamó por teléfono al presidente del Consejo y le mostró el respaldo de la Corona a las cofradías sevillanas. Su Majestad estuvo en el palquillo de la Campana el Lunes Santo de 2015 como ya estuvo su bisabuelo Alfonso XIII. Don Felipe conversó con Francisco Vélez durante largo rato. En las redes el ex concejal Torrijos (IU) reclamaba los miércoles republicanos. Todo cabe en estos días sin cofradías, en esta fiesta 0’0. Acaso se puede hacer la ruta de las colgaduras, en esos balcones donde los vecinos toman el sol por la mañana y aplauden a la caída de la tarde. O el itinerario de las convocatorias de cultos que resisten en los muros y azulejos. Ay, ese primer viernes de marzo que ya se quedó sin besos en San Antonio Abad, en San Ildefonso y en otros templos.

Pronto será Jueves Santo, pero no lo parecerá. Lo que darías hoy por esas visitas a los templos con los pasos montados en los días de lluvia, por no tener que atender ningún telediario o tertulia centrado en el virus. El Baratillo se llevó el mayor número de flores y velas en la puerta de la capilla de la Piedad. D. Otto Moeckel (Sevilla, 1929) es otro de los sevillanos que no ha vivido una Semana Santa igual. Qué triste estaba la tarde en la calle Adriano, sin parroquianos en las tabernas con la solera del Punto o el Ventura, sin globos enredados en los árboles, sin la calle Pastor y Landero esperando como calle ancha de las mejores horas del Miércoles.

Convocatorias de culto en el muro de un templo Convocatorias de culto en el  muro de un templo

Convocatorias de culto en el muro de un templo / M. G. (Sevilla)

Sí, será Jueves Santo pero sin gracia alguna en la calle. Ni visitas a los sagrarios, ni oficios en San Leandro, ni el cosquilleo de la inminente llegada de una noche cuyas horas caerán como una losa emocional sobre la ciudad. Esta Semana Santa es tan 0’0 que no habrá ni cuerpos de Viernes Santo.

Dónde está entonces el encanto de estos días. En que no son más que el comienzo de la espera. Esta ciudad vive en una continua espera. Ahora esperamos el desconfinamiento, luego esperaremos que nos saquen las castañas de la economía del fuego de la crisis, posteriormente esperaremos el nuevo curso porque el actual está a falta del cerrojazo oficial y, cómo no, esperaremos la salida del Señor en otoño camino de las periferias, que será, sin duda, la mejor procesión de acción de gracias.

Esperaremos la próxima Semana Santa cumpliendo otra vez con todos los ritos propios. Comenzará de nuevo el ciclo de la vida que se cuenta por Semanas Santas. Y el recuerdo de la actual será el de los días que perdimos, el de las vidas que se apagaron, el de las horas vividas con angustia en casa y con miedo en la calle. Sólo en el comienzo de una nueva espera se encuentra encanto a esta Semana Santa para guardarla no en el altillo, sino en el trastero.

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