Doradores
La Fototeca de Martín Cartaya
Manuel Calvo Camacho, discípulo del "Maestro Curro", fue uno de los más grandes en este oficio
Pomazón, almohadilla, batihoja -el último sevillano trabajó en la calle San Luis-, librillo, bruñidor, 23 quilates y tres cuartos, bol, ágata, paletina, bombasino ... palabras del diccionario secreto de un dorador, profesión a caballo entre la artesanía y la alquimia. Cada maestrillo tiene su librillo, de hojas de oro fino y también con sus fórmulas, recetas, proporciones y modo de trabajar.
En la imagen Manuel Calvo Camacho (Sevilla, 1921-2010) -uno de los más grandes en lo suyo, hijo del gremio y discípulo del "Maestro Curro"-, dorando el paso del Herdoes, de la Amargura, en la década de los 80. Una persona cuya mirada desprendía bondad, ya fuera en su taller del barrio de San Juan de Acre, collación de San Lorenzo, junto a Torneo, o los sábados por la tarde durante la sabatina a su Virgen de la Luz en San Esteban.
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