La voz de la experiencia

Toda la vida dedicada a la Redención

  • Fernando Baquero. Fue secretario en la junta gestora presidida por el sacerdote Eugenio Hernández Bastos.

  •  Se fijó en la iglesia de Santiago para sede definitiva.

  •  Vendió papeletas para la primera salida de la Virgen del Rocío.

Fernando Baquero en la Plaza de Santa Marta./JUAN CARLOS VÁZQUEZ Fernando Baquero en la Plaza de Santa Marta./JUAN CARLOS VÁZQUEZ

Fernando Baquero en la Plaza de Santa Marta./JUAN CARLOS VÁZQUEZ / Juan Carlos Vázquez

Toda una vida dedicada a la Hermandad del Beso de Judas. Fernando Baquero (05-04-1934) lo ha sido todo en su hermandad. Fue uno de los fundadores, secretario en la gestora presidida por el recordado Eugenio Hernández Bastos, mayordomo y ocho años hermano mayor. Junto al recordado Manuel Yruela Rojas organizó una rifa para poder sacar a la Virgen del Rocío en su paso de palio. Fue uno de los artífices del traslado de la hermandad a su actual sede canónica, la iglesia de Santiago. Hasta hace tres años vestía la túnica de nazarenos cada Lunes Santo.

Fernando Baquero es, de facto, el hermano número 1 de la Redención o del Beso de Judas, como le gusta llamar a su hermandad: "Me gustan estas denominaciones porque somos de penitencia. Así nos distinguimos del Rocío, aunque la Hermandad Matriz es hermana honoraria nuestra". En realidad, tiene el número dos en la nómina. El primero es un sacerdote del que la corporación no sabe nada, pero mantiene en la lista de hermanos.

Ingresó en la hermandad cuando estaba radicada en Santa María la Blanca

El joven Fernando Baquero vivía en la calle Doncellas, junto a la iglesia de Santa María la Blanca, donde se funda la corporación. En los primeros años, era un hermano de a pie, pero en la primera reunión de la junta gestora, lo nombran secretario: "Fue en el domicilio de don Eugenio Hernández Bastos, en la Plaza del Cabildo. El que iba a ser secretario no fue y me puso a mí". Recuerda con gran entusiasmo esa primera etapa, la calidad humana y religiosa del sacerdote y el empeño de los hermanos por levantar la cofradía: "A la gente le agradaba mucho el misterio que se eligió para la cofradía, que no estaba representado en la Semana Santa. Al principio nos costó todo mucho trabajo, pero se iban haciendo las cosas. Don Eugenio era un sacerdote extraordinario y gobernó la hermandad hasta que falleció".

Una de las gestiones de las que se siente más orgulloso es del traslado desde la Misericordia a la iglesia de Santiago: "De la Misericordia salimos poco tiempo. Yo estaba muy implicado en la hermandad y estuve visitando diferentes iglesias. Me fijé en Santiago, que estaba prácticamente abandona. Con don Eugenio hicimos otra visita y le pareció muy bien".

Ya en Santiago, se pusieron manos a la obra para sacar a la Virgen del Rocío en un paso de palio. Junto a su amigo Manuel Yruela Rojas, quien le sucedió como hermano mayor, organizaron una rifa para obtener fondos: "Teníamos que buscar dinero. Poco a poco los hermanos fueron aumentando. Al principio tuvo que salir por la puerta de la calle Lanza. Poco después pudimos agrandar la de la plaza". Hasta los 80 años ha estado realizando la estación de penitencia el Lunes Santo. Ahora, sale con una credencial y suele acompañar a la Virgen".

La Semana Santa la vive desde su casa en la calle Mateos Gago, una privilegiada ubicación desde la que ve a todas las cofradías salir de la Catedral. Lamenta que los tiempos hayan cambiado y la manera de ver las cofradías, también: "No me gustan los niños de hoy en día. No van a ver las cofradías con el fervor necesario. Salen a divertirse y no a ver las hermandades. No saben lo que significan".

Orgulloso de la semilla que los fundadores plantaron en hermandad, destaca la gran labor que se está realizando y la implicación de los jóvenes para asegurar el futuro.

En el recuerdo

En el recuerdo En el recuerdo

En el recuerdo

Primera visita al Rocío. Una de las primeras peregrinaciones a la aldea. En la fila superior aparecen Manolo Cuvillo, Diego Sánchez, Juan Vázquez, Manuel Fernández Daza y Manolo Robles; y agachados: Manuel Santizo, Fernando Baquero y Francisco Palomino.

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