Una salida con percance de última hora
La Soledad de San Lorenzo
Los priostes tuvieron que arreglar de urgencia el perno que sujetaba la diadema
Esta crónica iba a empezar con la más que reprobable imagen de muchos costaleros de la Soledad tomando cubatas antes de la salida de la hermandad en los bares aledaños a la plaza de San Lorenzo. Pero la noticia ayer en San Lorenzo estuvo en los 40 minutos que emplearon los priostes de la corporación en arreglar el perno que sujetaba la diadema de la Virgen, que estuvo a punto de caerse en la primera levantá del paso cuando se disponía a salir. Cundió el pánico y la desolación entre los hermanos que aún quedaban en el interior del templo parroquial. El hermano mayor, José Manuel Albiac, pasó un mal trago en el que fue su último Sábado Santo al frente de la corporación.
Hasta tres personas se tuvieron que subir al paso para intentar resolver el problema. Desde abajo, Manuel Caballero, vestidor de la imagen, sufría lo suyo para que no le tocaran el atavío de la Dolorosa por aquello del qué dirán.
El problema fue que al tornillo se le había pasado la rosca. "Que salga sin la diadema, no vaya a ser que se le caiga en mitad del recorrido", decían algunas de las hermanas que veían la salida desde dentro de la iglesia. Esta solución no se podía adoptar porque la Virgen de la Soledad carece de pollero. Por tanto, el manto descansa también en el perno. Algún nazareno aprovechó que la Soledad está sin la presea para hacerle fotos con su cámara digital.
Tras un buen rato de angustia, los priostes consiguieron sujetar, por fin, la diadema. A las 19:50 se vuelvió a llamar al paso: "Esta levantá va al tirón y fuerte para ver cómo está la diadema", le dijo el capataz a sus hombres. El apaño había resultado.
Salió la Virgen cuando el reloj de la torre de San Lorenzo marcaba las ocho de la tarde, con 40 minutos de retraso. La consigna a los costaleros fue clara: "Hay que hacer un esfuerzo para llegar en hora a la Campana". El inicio de la carrera oficial está cerca. Una saeta despidió a la Soledad cuando enfilaba la calle Conde de Barajas.
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