Sevillanos en el Vaticano: ‘‘Dije que si salía vivo de mi enfermedad quería estar en Roma para ver al Cachorro’’

Sergio sufre un cáncer sin cura desde hace un año. Hoy, esta en Roma agradeciendo al Cachorro

Horas para dejar de ver a Cachorro en el Vaticano

Peregrinos llegan a Roma desde Sevilla con un motivo muy especial / Juan Carlos Muñoz, Enviado especial

Todos los peregrinos tienen siempre un motivo para emprender su camino. Se ve en el camino de Santiago, en Fátima y, en especial, en el Vaticano.

La Iglesia celebra su Año Jubilar de la Esperanza. El nombre es inmenso. La Esperanza tiene un valor y una fuerza estratosféricas para quienes se agarran a ella. Ese ha sido el motivo de la peregrinación de Sergio, Beatriz y su familia.

Emprendieron su viaje desde Sevilla hace apenas unos días. Hoy, salían de escuchar la eucaristía del Arzobispo de la ciudad en la Basílica de San Pedro. Llevaban una felicidad y una emoción que brillaba más que la luz del sol en la plaza que adopta el nombre del epicentro de la critiandad. Sergio, en silla de ruedas, contaba –sin poder evitar las lágrimas– como su vida cambió hace apenas un año. Fue el día siguiente de su boda con Beatriz. Sufrió un mareo que le dejó caído en el suelo. Rápidamente, la familia acudió al hospital. En tan solo veinte minutos, le dijeron aquella palabra que nadie quisiera escuchar jamás: Sergio tenía un tumor incurable.

Pasó meses postrado en una cama, sin poder hacer apenas nada más que recibir su tratamiento. No obstante, el sevillano y su familia se hicieron una promesa: si pudieran, pese a la complicidad de su condición médica en aquel momento, irían a ver al Cachorro en Roma. Y han llegado. Son devotos gracias a su hijo, hermano de la corporación. Ahora, todos al completo se han podido postrar ante su Cristo para, sobre todo, agradecer el poder estar viviéndolo.

La enfermedad sigue ahí, pero el trianero –reconocía vivir a escasos metros de la Basílica del Cristo de la Expiración– ya puede moverse en silla de ruedas, e incluso puede ponerse de pie. Para una familia de Fe, nada es imposible. Tenía que ser en el Jubileo de la Esperanza. Qué lección más bonita la recibida en la Plaza de San Pedro.

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