Plaza de España · Jaén

Andaluces levantaos... en Bruselas

  • Salvador Compán. Nació en la Úbeda de la Reconquista y el Renacimiento. Estudió en Granada y para llegar a Sevilla, al San Isidoro, hizo escalas en Laredo, Ibiza y los emigrantes de Bruselas.

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PAISANO, compañero de clase en los Salesianos y de pandilla de Joaquín Sabina, que la semana que viene canta en Sevilla, Salvador Compán (Úbeda, 1949) evoca dos 28-F hiperbólicos en su obra literaria. Con El Guadalquivir no llega hasta el mar ganó el premio Ciudad de Jaén de novela con un jurado del que formaba parte su también paisano Antonio Muñoz Molina. Narra el fallido intento de un grupo de anarquistas por liberar Andalucía, acracia utópica que acaba la noche de San Juan en el castillo de Almodóvar del Río.

El otro desgarro andalucista se le apareció mucho más lejos. Cuando iba a tomar posesión de su plaza de catedrático de Lengua y Literatura en el instituto San Isidoro de Sevilla, el más antiguo de Andalucía, le ofrecieron ir en comisión de servicio a Bruselas. "Era como las misiones pedagógicas de la República. Los sábados íbamos a los bares de las asociaciones de los emigrantes españoles para que les convalidaran el Bachillerato español".

En aquella pica en Flandes acudió al mito de Anteo, un gigante libio que desafiaba a todo el que retara su poderío. Hércules conocía su punto débil: perdía toda la fuerza cuando dejaba de tener los pies en la tierra. "Eso le pasa al emigrante en el extranjero. Deja de tener los pies en la tierra y se convierten en renegados y en nostálgicos a la vez. Le profesan a su patria un amor desmedido y un odio a la madre bastarda. Todo eso sazonado con canciones de Manolo Escobar, banderas autonómicas y vino peleón". El 28 de febrero de 1980 lo vivió en Bruselas. "Recuerdo ver por televisión el reportaje del escrutinio en el Casino de la Exposición, las canciones de Jarcha y Carlos Cano. Ese himno tan bonito y tan incantable". El resultado literario de esa reflexión lo tituló Anteo y está en su libro de cuentos Cuídate de los poemas de amor.

Hijo de padres almerienses, Basilio y Dolores, Compán crece en Úbeda, ecos de la gran belleza, como la película de Sorrentino, "la piedra arenisca tan bien labrada, el genio de Vandelvira, el reconocimiento de la Unesco para Úbeda y Baeza como patrimonio de la humanidad, aunque yo las asocio con una rivalidad balompédica que vivíamos a muerte". Ciudades que emergen con una nobleza que adquiere sus títulos a golpe de batalla en la Reconquista. "Los Reyes Católicos la llaman nobleza levantisca y les desmochan sus torres".

Y de Jaén, "más que puerta vestíbulo de Andalucía", a Granada a hacerse un hombre. Utiliza esa expresión propia de la mili para referirse a lo que fue la llegada a la Universidad. "El desclasamiento, el descubrimiento de César Vallejo, Pablo Neruda, el Antonio Machado prohibido en los Salesianos". El poeta que en Úbeda había sido catedrático de Francés, disciplina que también, allons enfants, enseñó Compán.

Para su primer destino, deshace la estela de la Reconquista. "Cogí el mapa de España y fui pintando toda la costa". Eligió Laredo, su primera parada con la docencia. "Allí descubro la cultura de tabernas y un paisaje que a mí me da alegría, el paisaje del agua. Me da alegría cuando llueve en el sur. ¡Cómo va a ser mal tiempo la lluvia!" Un futbolista de Laredo, Javier López, marcó los dos goles del Betis en la final de Copa del 77. Ese año, junto al Cantábrico, vive las primeras elecciones. "Fui interventor por el Partido Comunista. La política ha sido una pasión inútil".

En Laredo vive el asesinato de Carrero, cántabro de Santoña, la muerte de Franco, las elecciones. Y con ese bagaje llega a una España en las antípodas. "Mi segundo destino fue Ibiza. Una isla en ebullición con mucha población hippy y libertaria. Allí estaban los desterrados del mundo conviviendo con el ocio más refinado, casi aristocrático. Con un alumnado muy retraído, que se agarra a su isla, a su familia, tal vez a la defensiva de esa avalancha exterior que se les venía encima".

De Ibiza a Sevilla pasando por Bruselas. Donde además del 28-F de 1980, vivió un año después el 23-F, "noche de radio y de rabia", y al siguiente el Mundial de España. "Recuerdo la vergüenza que pasé viendo en mi casa de Bruselas con amigos extranjeros el empate con Honduras".

A Sevilla llega para hacer la mili después de un prólogo junto a los cañones de Campo Soto. Destino en el cuartel donde está el teatro de la Maestranza, asombro ante la biblioteca castrense de las Atarazanas. En 1983 se incorpora al claustro del San Isidoro, conquista a la profesora de Inglés y sigue su carrera literaria. El mismo día que mataron a Muñoz Cariñanos, 16 de octubre de 2000, fue finalista del Planeta que ganó Maruja Torres. Está en una nueva novela situada en los años sesenta. Antes de descubrir el Cantábrico y el Mediterráneo.

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