Calle Rioja

Brotes de solidaridad con música de fondo

  • Semilla. Un grupo de mujeres de la barriada Juan XXIII creó en 1983 Brotes, una asociación de ayuda al toxicómano que tuvo que pedirle un préstamo a la parroquia.

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ESOS chavales todos están muertos. La frase es de Teresa Delgado. Esta mujer nació en un pueblo de Palencia por el que pasa el Pisuerga. Se casó en Burgos con un sindicalista de Logroño, Manuel Carrillo, y con todos esos topónimos norteños llegaron a Sevilla en 1974. Ese año nace Alberto Bobo, técnico en prevención de riesgos laborales curtido en otro tipo de riesgos. Este joven preside la Asociación Brotes de Ayuda al Toxicómano y Prevención de Drogodependencia de Juan XXIII. "Yo de niño veía cómo se pinchaban mientras jugábamos", dice Alberto. Esos chavales todos han muerto en el recuento de Teresa, que llegó a la ciudad de la Giralda, la Maestranza y el puente de Triana y se encontró con una realidad de dramáticas postales.

Como las damas de Blanco en Cuba o las madres de Mayo en Argentina, Brotes la ponen en marcha un grupo de mujeres: Teresa Delgado, Ángela Muñoz o Ángeles Moyano, que fue su primera presidenta y casi 30 años después todas las semanas va a la cárcel a visitar a los drogodependientes del barrio en prisión.

Brotes se funda en 1983. Ese año nace en Granada Alicia Sánchez, que estudió en la Universidad granadina Integración Social y después hizo Educación Social por la Uned. No pudo encontrar mejor escenario para sus prácticas. Esta asociación contaba con tres técnicos, ahora sólo está Alicia, que cubre una baja por maternidad y pone todos sus conocimientos a la disposición de este colectivo. "¡Madre mía! Ahora mismo podemos tener aquí a unos trescientos y pico".

"Fijaos más en lo que os une que en lo que os separa". Ellos siguen al pie de la letra la frase de Juan XXIII. Alberto Bobo cubrió el ciclo completo de feligrés total. Bautizado y casado en esta parroquia, de niño fue a la guardería Concilio -hasta el nombre de la escuela infantil está lleno de connotaciones-, con 14 años entró en el coro y oyó hablar de Brotes. Trabajó como técnico, fue voluntario y en la actualidad es el presidente. "Nos vamos haciendo padres". "Y abuelos", coteja Carrillo, el riojano que se casó en Burgos con la palentina. Tienen tres hijos sevillanos y una nieta. El mayor de los vástagos ha sido monitor de Deportes y su nuera es la tesorera.

Brotes es una de las asociaciones más antiguas de Sevilla en su ámbito. Después surgieron Proyecto Hombre, Rompe tus Cadenas, en Su Eminencia, o Desal, en Los Pajaritos y las Candelarias. Entre 1990 y 2007, se rigieron por un convenio que el Ayuntamiento tenía con once organizaciones que combatían los estragos de la droga y propiciaban la rehabilitación de los drogadictos. Hace cinco años, el Ayuntamiento cambió la fórmula, creó el programa Sevilla sin Drogas y diversificó el abanico de las ayudas.

La drástica reducción coincide con un incremento de la demanda, en plena crisis. "La heroína ha vuelto", dice Alberto Bobo. Alicia Sánchez apunta que "cada vez son más jóvenes los adictos a las drogas, la estructura familiar ha cambiado muchísimo". Brotes mantiene una serie de talleres en función de la demanda y las necesidades: Manualidades, Informática, Ropa Reciclada, Deportes, Baile -impartido por un antiguo usuario, un superviviente- o Apoyo a la ESO para alumnos del barrio que tengan problemas con los estudios.

"Lo que pedimos no es una limosna, es obligación de la Administración atender a los barrios con mayor desprotección social". Manuel Carrillo ha reciclado su discurso de sindicalista de Comisiones Obreras en el Ministerio de Defensa en un marco bien diferente. "A la gente mayor nos viene muy bien escuchar, aprender y colaborar, además en ese orden".

Brotes tuvo que pedirle un préstamo a la parroquia para atender las necesidades más acuciantes. Son conscientes de que tendrán que agudizar la imaginación para autofinanciarse. Organizan sorteos con la colaboración del Betis, el Sevilla, Cajasol e Isla Mágica. El próximo viernes, el templo en el que ejerce de párroco Alfredo González de la Lastra se convertirá en un auditorio. Donde se oyen los salmos, los escritos de Isaías o Jeremías o las cartas de San Pablo a los Efesios y Tesalonicenses, donde se representaron musicales como Godspell o Jesucristo Superstar, allí llegará el viernes (ocho de la tarde, donativos de cinco euros) la savia nueva de dos cantautores, Luis Guitarra y Nico Montero, y la cuentacuentos Carmen Sara Floriano.

La parroquia de la Anunciación de Nuestra Señora y Beato Juan XXIII se fundó en 1965, el mismo año del Concilio Vaticano II. Brotes nació en 1983 fiel a los principios de esa cita conciliar. "Nació en el seno de la parroquia, pero somos más deudores del barrio que de la parroquia, porque es la mejor manera de sentirnos creyentes". Manuel Carrillo, el marido de una de las fundadoras, cree todavía en la teología de la liberación. Son muchas ganas y pocas manos. La mies es abundante y pocos los obreros, como reza el Evangelio.

En la segunda planta de la parroquia se vive el ajetreo de un aula multiusos. "Aquí lo primero que funcionó fue el taller de Informática". Alicia lleva al día el termómetro social de la barriada y de las zonas adyacentes. Alberto Bobo se casó y se fue a vivir a La Negrilla, otro de los barrios adscritos a esta parroquia que se reivindicó a sí misma como ciudad de las mujeres, angelitas de la guarda que se rebelaron contra los estragos de la guadaña. Teresa pasa revista y todos murieron. "Cristina creo que se rehabilitó".

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