Cine, bingo, bloque de pisos

calle rioja

Símbolo. Mañana se fallan los premios Goya del cine español. Un pintor que tiene calle en Sevilla y tuvo en ella un cine de invierno que cerró antes de que se crearan los galardones.

Cine, bingo, bloque de pisos
Cine, bingo, bloque de pisos
Francisco Correal

06 de febrero 2015 - 01:00

EN la primera semana de febrero de 1987 se dieron a conocer los nominados de la primera edición de los premios Goya instituidos por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas. Ya había cerrado sus puertas en Sevilla el cine Goya, convertido hoy en un moderno bloque de viviendas a dos pasos de la esquina de la calle Goya con Eduardo Dato. "Yo llegué a esta calle en 1988 y entonces había un bingo", dice Isidoro Flores, vecino de la calle que lleva el nombre del icono de las vanidades cinematográficas.

Junto a lo que fue un cine de invierno -se fue el cine, quedó el invierno- hay una consulta de podología, una clínica veterinaria y una oficina de Mapfre. El estanco se trasladó junto al hotel Portaceli y la boca del Metro. "Yo vivía antes en la calle Cardenal Lluch y recuerdo el cine con la taquilla en un ojo portal y la salida de emergencia por la calle Marqués de Nervión". Isidoro rebobina recuerdos. "Nunca fui, con mi trabajo, conductor de autobuses de servicio discrecional, me iba al amanecer y volvía al anochecer". No le suenan El Niño ni La Isla Mínima. Le gustan las películas de Charles Bronson.

No había ninguna película de Charles Bronson en la cartelera de Sevilla la primera semana de febrero de 1987, pero sí estaban Sylvester Stallone, con Cobra, el brazo fuerte de la ley, o Arnold Schwarzenegger, con Ejecutor. La cartelera de entonces le ganaba a la actual por goleada: películas de Fellini (Ginger & Fred) y de Woody Allen (Hannah y sus hermanas) en el Corona Center. De Martin Scorsese en el Bécquer (Jó, qué noche), de Sidney Pollack en el Palacio Central (Memorias de África) o de Roman Polanski en el Rialto (Piratas). En el Florida ponían Nueve semanas y media, la puesta de largo de Kim Basinger. Había tres salas X. En una de ellas ponían Ninfómanas bisexuales en busca de semental.

El 7 de febrero de 1987, la Policía le daba 24 horas al Cojo Manteca para que dejara Sevilla y Antonio Hernández Mancha se convertía por aclamación en el sucesor de Fraga en Alianza Popular.

En la cartelera sevillana se podían ver dos de las películas españolas que triunfaron en los Goya. En el cine Azul, El viaje a ninguna parte, con la que Fernando Fernán-Gómez se llevó los premios a mejor película, dirección, guión, además de mejor interpretación masculina por Mambrú se fue a la guerra. El cine le dio a Fernán-Gómez lo que le negó la literatura, finalista ese año 1987 del Planeta que ganó Juan Eslava Galán.

A título de curiosidad, Fernán-Gómez compitió para la mejor dirección con Pilar Miró, que con Werther sólo se llevó el premio de consolación del mejor sonido, y con Emilio Martínez-Lázaro, nominado a mejor director por Lulú de noche. Casi tres décadas después, este cineasta vuelve como director de Ocho apellidos vascos, Goya testimonial a la mejor taquilla y con uno de sus actores, el malagueño Dani Rovira, presentando la gala de mañana.

Otro nombre que se repite en las ceremonias de 1987 y 2015 es el de Antonio Banderas. El actor que recibirá el Goya de Honor por su trayectoria no ganó ninguna estatuilla: en la primera edición estuvo nominado a la mejor interpretación masculina de reparto por Matador, de Pedro Almodóvar, pero se llevó el gato al agua Miguel Rellán por su trabajo en Tata Mía, de José Luis Borau, que fue presidente de la Academia. Tata Mía la ponían esos días de febrero en el cine Cervantes. Rellán nació en Tetuán, pero se hizo actor en Sevilla.

No todo era cine de culto en la cartelera de febrero de 1987. En el cine Imperial, hoy convertido en una conocida megatienda de ropa y complementos, ponían ¡No, hija no!, de Mariano Ozores, con su hermano Antonio en el elenco actoral.

Además de Miguel Rellán, hubo otros sevillanos reconocidos en la primera gala de los Goya, antecesores de las 17 nominaciones de Alberto Rodríguez con La Isla Mínima. Teo Escamilla se llevó el Goya a la mejor fotografía por El amor brujo de Carlos Saura; Dragón Rapide, de Jaime Camino, en la que el todoterreno de Bormujos Juan Diego aparecía caracterizado como Francisco Franco. Sevillano por aproximación se puede llamar a Gerardo Vera, Goya al mejos vestuario de El Amor Brujo que cinco años después dirigiría Azabache en la Expo. La primera semana de febrero de 1987 el Sevilla perdió en casa con el Sabadell y el Betis fue goleado en El Molinón.

El cine más próximo al ex cine Goya es el Cine Sur del Nervión Plaza. Veinte salas, tres películas españolas. Una de Banderas.

stats