Deberes escolares: Una carga para los padres
La huelga convocada reabre el debate sobre su conveniencia fuera del colegio Andalucía carece de una norma que regule estas tareas extraescolares.
"Ya he trabajado en clase, ¿por qué tengo que seguir en casa? Soy un niño y los niños tienen que jugar". Ésta es la contestación que muchas tardes recibe Lupe Espínola cuando su hijo, en tercero de Primaria, empieza a realizar las tareas que no ha podido concluir en el colegio. "Comienza haciéndolas bien, pero a medida que va pasando el tiempo se cansa", explica esta madre sevillana que presencia cómo cada día el menor se "desespera" cuando comprueba que "se le va la tarde" en estos ejercicios.
El día en que su hijo no trae deberes el panorama cambia por completo, no sin antes haber pasado por una fase de "estrés" para acabar las tareas en el horario lectivo. "Mi hijo, que se niega a tener deberes en casa, hace los ejercicios rápidamente en clase cuando tiene algo de tiempo, lo que conlleva que escriba con mala letra, saltarse renglones, cometer faltas de ortografía y no resolver adecuadamente los cálculos matemáticos. ¡Que estrés por tal de tener la tarde libre!", comenta la madre.
El problema de Lupe Espínola lo sufren numerosos padres cuando han de ayudar a sus hijos a realizar los deberes. Dicha situación ha llevado a la federación de AMPA de España (Ceapa) a convocar todos los fines de semana de noviembre una huelga para que los lunes los alumnos se presenten en los colegios sin haberlos realizado. La protesta ya ha sido contestada por los sindicatos de enseñanza, entre ellos CCOO, cuyos representantes consideran que la convocatoria resta autoridad al docente en el aula, al ser las familias las que le indican a un profesional de la enseñanza lo que debe hacer.
La huelga tiene dos precedentes. Uno en Francia, en 2012, cuando los padres convocaron un paro en la enseñanza por los deberes que encargaban los maestros fuera del horario lectivo, pese a estar prohibidos en el país desde 1956. Otro precedente tuvo lugar en España, cuando en 2013 un padre denunció al colegio Isidro Parga Pondal, en el municipio coruñés de Oleiros, por encargar "demasiadas tareas" para casa. La Xunta gallega había prohibido los deberes extraescolares en 1997.
Andalucía, sin embargo, no cuenta con ninguna normativa al respecto. La Consejería de Educación desaprovechó la oportunidad que le brindaba el desarrollo autonómico de la Lomce para incluir alguna regulación. Actuamente la realización de los deberes fuera del colegio queda al arbitrio del centro educativo, del departamento didáctico y, en muchas ocasiones, del maestro. El artículo 8 del decreto que desarrolla la Primaria en Andalucía sólo subraya la "autonomía pedagógica" de los centros para llevar a cabo modelos de funcionamiento propios.
Se deja, por tanto, a la voluntad de los equipos directivos, de los jefes de departamentos didácticos y de los propios docentes el número y tipo de deberes que se encargan fuera del colegio. Estas tareas y el tiempo que los menores deben emplear en realizarlas suelen estar bastante regularizadas en los centros privados, mientras que en los públicos sólo se establecen unas líneas generales, por lo que se otorga más libertad a los maestros. Por ejemplo, en el CEIP Josefa Frías, en Santiponce, se intenta que todas las actividades que sirvan de apoyo a las asignaturas se hagan en clase. En el colegio concertado Buen Pastor, en Nervión, se fija la duración de los deberes por cada ciclo de Primaria, de forma que al final de esta etapa se rozan los 120 minutos. En el colegio privado San Francisco de Paula la duración de los deberes se especifica por curso: de los 15 minutos de primero a las dos horas de sexto.
Sobre la conveniencia de los deberes fuera del aula existen tantas opiniones a favor como en contra. Para muchos padres y docentes, estos ejercicios simbolizan un sistema de aprendizaje "caduco". El presidente de las AMPA públicas sevillanas, José Manuel Nieto, los llegó a definir como "fracaso", al ser actividades "que el menor no ha podido concluir en la escuela". "Falla el sistema de gestión", asegura Nieto. Para los sindicatos de enseñanza, como ANPE, los deberes "ayudan a la formación del alumno, a adquirir hábitos de trabajo y a organizarse de forma autónoma".
A estas opiniones se suman otras posturas, como la del decano de la Facultad de Educación de la Universidad de Sevilla, Juan de Pablo Pons, que ya refirió a este periódico la conveniencia de que las familias se impliquen en la educación de los menores, no exclusivamente ayudando a los hijos a realizar los deberes. "Una sobrecarga de tareas puede ser perjudicial en la formación académica, ya que los niños a esa edad necesitan de tiempo para otros menesteres: jugar, sociabilizarse y desarrollar su capacidad creativa", señala Pons, quien incide en que el encargo de deberes cobra sentido en países como Finlandia, con horarios lectivos más flexibles y mayor implicación familiar. "En España, donde se trabaja más en el aula y con horarios más estrictos no se entiende la sobrecarga de deberes fuera de la escuela", apostilló el decano de Educación.
Otro problema del que alertó la Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica (OCDE) en un informe de 2015 es que conforme avanzan los cursos, muchas familias no poseen conocimientos suficientes para asesorar a sus hijos en estos trabajos, lo que constituye otro factor de desigualdad entre los alumnos. "Los deberes son una carga para los alumnos con desventajas socieconómicas, ya que sus padres poseen una formación demasiado básica para asesorarles o sus circunstancias económicas les impiden pagar una clases de apoyo", incidía el informe. La Consejería de Educación ofrece desde hace años un programa de acompañamiento familiar para mejorar el rendimiento y la integración social de estudiantes con problemas de aprendizaje. Este curso, en la provincia de Sevilla, el programa atiende a 1.529 grupos de alumnos.
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