Detenidos tres menores por matar de una paliza a un hombre en Torreblanca
Atacaron a un toxicómano con palos y botellas.
La Policía ha tardado seis meses en resolver el caso por el miedo de los testigos.
Un cuarto implicado es inimputable porque tenía 13 años cuando ocurrió el crimen.
En Torreblanca nadie habla. Al menos dando nombres y apellidos. Los únicos que dan son los del muerto. Enrique Orce Valcárcel, 59 años, toxicómano, vecino de la calle Pino, fallecido el día 12 de septiembre de 2016 en el Hospital Virgen del Rocío como consecuencia de las lesiones sufridas el 28 de agosto. Aquel día recibió una brutal paliza propinada presuntamente por cuatro menores del barrio, de edades comprendidas entre los 13 y los 16 años, que lo dejaron malherido en la calle tras propinarle una innumerable cantidad de golpes con palos y botellas. Los menores pertenecen a familias conflictivas, entre ellas uno de los clanes que manda en el barrio. Nadie denunció los hechos. Nadie vio nada, pese a que la agresión ocurrió entre las ocho y media y las nueve de la mañana. En un barrio en el que la gente vive en la calle.
Al Grupo de Homicidios de la Policía Nacional en Sevilla le ha costado más de seis meses esclarecer un asunto para el que habría empleado apenas unas horas si hubiera ocurrido en otra zona de la ciudad, al menos en una en la que se viviera con menos miedo. Los investigadores no encontraron testigos de los hechos, nadie que quisiera identificar a los menores, cuya identidad hubo que ir sacando a cuentagotas tras obtener una información mínima de cada persona a la que interrogaron.
Así, tras mucho trabajo de campo, lograron establecer de manera veraz lo que había sucedido la mañana de aquel 28 de agosto. Todo comenzó a las puertas de un conocido bar de Torreblanca, ubicado muy cerca del campo de fútbol San Antonio Drago. Allí, los cuatro adolescentes asaltaron al toxicómano, al que insultaron y propinaron varios golpes. Alguien salió del bar y reprochó su actitud a los menores, que en un principio se marcharon de allí. Pero esperaron a su víctima unos metros más adelante. Sabían que, para regresar a su casa, tendría que pasar poco después por la plaza Ciclamor y allí aguardaron los cuatro, provistos de estacas, botellas y piedras.
Cuando Enrique Orce pasó por allí, los cuatro jóvenes lo molieron a palos. El arma con el que más daño le hicieron fue la pata de una silla, que habían arrancado poco antes de entre unos muebles viejos que alguien había dejado junto a unos contenedores de basura, situados junto al puente peatonal sobre la A-92. Los adolescentes golpearon una y otra vez a su víctima sin piedad. Y también sin motivo aparente. La Policía no ha logrado esclarecer por qué se ensañaron tanto con aquel hombre.
En el barrio cuentan, siempre con el compromiso de mantener al informador en el anonimato, que Enrique Orce había vendido aquella mañana un viejo butacón que su madre, Antonia Valcárcel, le había dado para que sacara unos cuantos euros. Los problemas con las drogas del hombre venían de antiguo y, la madre, octogenaria y con escasos recursos económicos, le entregó el viejo mueble para que pudiera venderlo y obtener una pequeña cantidad de dinero con la que costearse su adicción. Quizás los agresores le siguieron y supieron que tenía algo de dinero e intentaron robárselo. Quizás simplemente se sobrepasaron con él sabiendo que nadie iba a decir nada por miedo.
Los cuatro adolescentes son conocidos en el barrio de Torreblanca desde hace tiempo. Pertenecen a familias muy conflictivas y nadie quiere enfrentarse a ellos. Por eso ni siquiera se denunciaban los robos y hurtos que estos chicos cometían con frecuencia en los establecimientos comerciales de la zona. Por eso tampoco nadie, ni siquiera la familia de la víctima, presentó una denuncia después de la brutal agresión. Sólo lo hicieron una vez que se confirmó la muerte.
"En el bar había aquella mañana por lo menos ocho o nueve personas que vieron lo que pasaba. Nadie fue capaz de decir nada. El palo con el que lo mataron -la pata de la silla que arrancaron poco antes- lo tiraron a un contenedor de reciclaje de vidrio que hay muy cerca. Allí estuvo la Policía Científica inspeccionando toda la zona, mirando en los contenedores de basura que hay al otro lado. Nadie fue capaz de decirle a los policías que miraran en el de vidrio", lamenta un vecino del barrio, también bajo el anonimato, que la mañana del 28 de agosto pasó por la rotonda de la calle Chopo cuando dos ambulancias del servicio de emergencias sanitarias del 061 trataban de mantener con vida al herido.
Los hechos también eran conocidos en Torreblanca desde hace tiempo. En el resto de la ciudad se enteraron ayer, cuando la Jefatura Superior de Policía emitió una nota de prensa informando de la detención de tres menores -el cuarto, que tenía 13 años cuando ocurrieron los hechos, es inimputable- por un homicidio ocurrido el pasado verano. Pero en el barrio casi todos los vecinos sabían que Enrique Orce había muerto y también quiénes eran los autores del crimen. Incluso la madre de la víctima, que veía pasar con descaro a los cuatro chicos a menudo por la puerta de su casa porque viven a escasos metros de ella.
"Eso le causaba un disgusto importante a la pobre. Se ha venido abajo desde entonces", explicaba ayer una vecina de la madre de la víctima, que en estos momentos pasa una temporada en Madrid, donde reside su hija. "Es muy fuerte lo que ha ocurrido. Este barrio está cada vez peor", apunta otra vecina. Su opinión coincide con la del propietario del bar en cuyas inmediaciones se desencadenaron los hechos.
"Torreblanca se ha convertido en un gueto. Y ha sido por culpa de los gobernantes. Este barrio está dejado de la mano de Dios. Yo muchos días tengo que cerrar mi negocio porque entra gentuza, delincuentes y gente de toda calaña. Y no sé a quién pedirle que me lo compense de alguna manera. Aquí vemos un coche de Policía de higos a brevas. Y son los clanes los que se hacen los dueños del barrio. Así llevo 37 años, en esta cárcel".
Una vuelta por las calles de Torreblanca confirma sus impresiones. Las aceras están llenas de gente parada, sin nada que hacer. Jóvenes fumando o bebiendo, charlando en corrillos en plena mañana, sin ningún sitio al que dirigirse. Alguno se toma un botellín de cerveza junto a una ventana, otro deja pasar las horas sentado a la puerta de su casa. Otros parecen mostrarse alerta. Son aguaores, como se denomina en argot a los encargados de dar el agua, es decir, avisar si pasa algún patrullero o simplemente alguien con pinta de policía. Por eso, la llegada de un coche desconocido los pone en guardia. Miran, observan... "No diga usted que es periodista. Si no, nadie le va a contar nada".
El juez acuerda internar a los agresores en régimen cerrado
El juez de Menores acordó el internamiento de los tres adolescentes detenidos por la Policía como presuntos autores del homicidio de Enrique Orce Valcárcel. Estas medidas cautelares se tomaron los días 13, 15 y 22 de febrero, a medida que el Grupo de Homicidios de la Policía Nacional detuvo a los menores. Estos tres jóvenes tienen edades comprendidas entre los 14 y los 16 años. El cuarto implicado tenía 13 en el momento de la agresión, por lo que es considerado inimputable. Ya tiene 14, pero se toma como referencia la edad en el momento en que ocurrieron los hechos. La Ley del Menor establece que por debajo de los 14 años de edad ninguna persona tiene responsabilidad penal. Es decir, no puede hacerse nada contra él pese a la gravedad del delito. Algunos vecinos de Torreblanca apuntaron ayer a este periódico que este menor se encuentra en Marruecos, su país de origen, donde lo ha llevado su padre después de participar presuntamente en el crimen. Las condenas máximas que marca la Ley del Menor para los tres jóvenes que sí tienen responsabilidad penal oscilarán entre los cinco y los ocho años de internamiento, dependiendo de la edad de cada uno en el momento de la agresión. El último menor de edad condenado por un homicidio en Sevilla fue el autor del crimen del centro comercial Nervión Plaza, que mató a palos a una limpiadora para robarle un teléfono móvil y un bonobús. En la nota de prensa emitida ayer, la Jefatura Superior de Policía detalla que los menores "emplearon todo tipo de objetos que encontraron en el entorno para agredir a su víctima, como palos, piedras e incluso botellas de cristal". La Policía añade que "algunas personas que oyeron los gritos y los golpes, se acercaron hasta el lugar donde ya solo se encontraba el hombre, malherido pero consciente, y con heridas de distinta consideración en su cuerpo, por lo que avisaron a los servicios sanitarios para que fuera atendido y trasladado posteriormente al hospital". Pese a los cuidados médicos, el hombre falleció a los 14 días de estar ingresado como consecuencia de las lesiones graves que sufría. "Una vez se supo el fallecimiento de este hombre, se puso en marcha una investigación, dado que anteriormente nadie puso en conocimiento de la Policía la agresión sufrida por la víctima, por lo que los investigadores contaban con escasos datos" , expone el comunicado. La investigación dio sus frutos en febrero con las detenciones de los presuntos autores.
También te puede interesar
Lo último