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Sevilla

Don Manuel

En estos tiempos tan desafortunadamente dados al tuteo, emergen ante mí los nombres de tres hombres extraordinarios a los que la sociedad española y sevillana les adjudicó por sus méritos el tratamiento de don como antesala de su prestigio y su excelencia humana y profesional y a los que debo más que respeto y consideración: Don Manuel Olivencia, Don Manuel Fraga y Don Manuel Clavero.

Se nos ha muerto el último de ellos, Don Manuel Clavero Arévalo, en esta tarde calurosa, tan sevillana. Concurren en Don Manuel las grandes cualidades que hacen singular a determinadas personas: su bondad y su honestidad como características de su naturaleza humana; la coherencia de sus convicciones andalucistas y liberales como demostración de su fuerza moral y la contundencia de sus valores. Por encima de todas ellas, su sabiduría como maestro del Derecho Administrativo, profesor de generaciones de jóvenes a los que nos transmitió, con inusitada puntualidad, sus lecciones dictadas casi religiosamente en la vieja fábrica de tabacos.

Sin esas cualidades es imposible entender su papel como Ministro de la Transición democrática y como padre del estado de las autonomías, comprender la fidelidad a sus ideas y al pueblo andaluz con su firme posición ante el referéndum del 28 de febrero; valorar el hecho que provocó algo inusual en nuestra democracia, su dimisión por coherencia; reconocer su profundo andalucismo y su deseo de una Andalucía mejor en una España próspera y solidaria. Los partidos que fundó, el Partido Social Liberal Andaluz, integrado posteriormente en la UCD, y Unidad Andaluza, junto con libros como La España de las autonomías o Forjar Andalucía ofrecen un compromiso humano y político de primer orden.

Permítanme que les confiese ahora, cuando tengo miles de recuerdos entre las manos, que empecé mi andadura política con el corazón partido entre mis ideas democristianas y el andalucismo social-liberal de Don Manuel y que, como muchos, me siento un humilde legatario político de su obra. En lo personal, para mí fue motivo de satisfacción entregarle la medalla del Mérito al Trabajo, y que en una visita al Ministerio de Administraciones Públicas que ocupé me dijera, como el maestro que toma la lección al alumno, que era un ministro que se sabía su ministerio.

En los tiempos que corren, tan rápidos y tan complejos, cuando el pasado mejor de España se pone en entredicho, surge la figura de Don Manuel como el más genuino representante de un puñado de hombres y mujeres de estado, fieles a sus ideas y valedores patrióticos de los principios democráticos que bajo la Constitución nos acogen: ley, convivencia, pluralidad, solidaridad, respeto.

Es cierto que se nos ha ido Don Manuel, pero su muerte no interrumpe nada porque nos queda su legado, su obra, su compromiso social y político, su amor a Andalucía y a España.

Mis más sinceras condolencias a Lupe su mujer, una gran señora, y a sus hijos Lupe, Manolo, Mercedes, Juanjo y Pablo. Tienen mil motivos para sentirse orgullosos de su padre. Descanse en paz.

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