Otros enfoques del turismo

Gestores de pisos turísticos: los ‘embajadores’ que dan la cara

  • La gran mayoría de los dueños de viviendas turísticas son particulares de Sevilla que buscan un complemento a sus ingresos y delegan en gestores que afrontan la demonización de este sector

Carlos, Ignacio e Isaías Rodríguez, socios de Valcambre, posan en su oficina de Plaza Nueva junto a José Manuel Rodríguez, uno de sus trabajadores. Carlos, Ignacio e Isaías Rodríguez, socios de Valcambre, posan en su oficina de Plaza Nueva junto a José Manuel Rodríguez, uno de sus trabajadores.

Carlos, Ignacio e Isaías Rodríguez, socios de Valcambre, posan en su oficina de Plaza Nueva junto a José Manuel Rodríguez, uno de sus trabajadores. / Víctor Rodríguez

En un edificio en Triana, un inquilino ha nombrado a su red móvil “death-to-the-tourist”. Es el mensaje que salta en los teléfonos de los turistas que buscan la wifi cuando se alojan en un apartamento de ese mismo bloque. Es sólo una anécdota, una broma macabra, pero da idea del tono del debate que existe en algunas zonas de la ciudad a cuenta de la proliferación de estos alojamientos, uno de los sectores del turismo más demonizado en estos momentos. Quienes se oponen a ellos suelen cargar sin piedad, ¿contra quién?

Hay una creencia extendida, pero no por ello algo equívoca, de que detrás de este crecimiento hay fondos de inversión y grandes cadenas. Pero una gran mayoría de los propietarios de viviendas de uso turístico son particulares de Sevilla: desde jubilados que buscan un complemento a sus pensiones, a parejas jóvenes que necesitan ingresos extras, familias que se fueron al Aljarafe en busca de una vivienda mayor y explotan el piso que dejaron en la capital, o bien otras que invirtieron en Sevilla y quieren mantener, de la manera más rentable, ese apartamento que disfrutan unos meses al año.

En Sevilla capital hay en estos momentos 5.554 viviendas que ofertan un total de 26.697 plazas.  Son, por tanto, miles de dueños y, entre ellos, hay quienes se encargan directamente de la gestión de las viviendas. Es difícil concretar cuántos. Pero  hay  otros que optan por delegar en manos especializadas. Tampoco son multinacionales, sino empresas familiares, pymes que han visto en la explosión del turismo una oportunidad para trabajar y vivir de la mayor industria que tiene la capital.

Es el caso de Valcambre, un ejemplo que refleja bien el sentir de otros gestores. Esta empresa está presidida por José Isaías Rodríguez, a quien lo avala su prestigiosa trayectoria profesional. Inició su carrera en la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) como director adjunto del Departamento de Comunidades Europeas y, posteriormente,  fue vicesecretario general hasta 2013. Desde la entrada de España en la Unión Europea y durante 27 años ha sido director de la Delegación de la CEOE en Bruselas. También ha pertenecido con distintos cargos al Comité Económico y Social (CES) europeo desde 1991 a 2015 y mantiene su vínculo empresarial con Llorente & Cuenca, Fundación Adecco, la Universidad de Sevilla y la Singularity University.

La gestora Valcambre empezó con 2 pisos y en poco más de 2 años ha conseguido 110

Sus tres hijos varones se han criado en Bruselas, donde han pasado 15 años, y han completado sus formaciones en otras ciudades extranjeras, pero nunca han perdido su vínculo con Sevilla que visitaban y disfrutaban periódicamente casi por imperativo de sus padres. Hace algo más  de dos años que dieron un paso adelante para establecerse profesionalmente en Sevilla, apoyados por su padre, que preside Valcambre. Los 3.000 euros necesarios para constituir la empresa y la experiencia que podían aportar fue suficiente para echar a andar con la gestión de dos pisos de la familia.

Cuando emprendieron esta aventura, cada uno tenía proyectos muy dispares.  Isaías  había pasado cinco años de adjunto al director financiero de la CEOE cuando se trasladó a Sevilla para buscar nuevos proyectos, empezó a trabajar con un clúster de energías renovables, ocupación que dejó para apostar al cien por ciento por este negocio. Su hermano Ignacio también estuvo un tiempo compatibilizando este trabajo con su puesto en el CIEE (Council on International Educational Exchange). Allí empezó en 2010 colaborando como guía de los estudiantes en Sevilla y desde entonces hasta junio de 2018, tras pasar por varios departamentos, ejerció como adjunto al director financiero. Fue entonces cuando renunció a su puesto para volcarse igualmente en la empresa. Carlos, el menor, arriesgó y renunció antes: estaba en México trabajando para la cadena Riu en Playa del Carmen y regresó a Sevilla para unirse al proyecto familiar.

Los hermanos Rodríguez destacan otra cara del sector: da empleo a los sevillanos; su pyme 30 puestos

Quisieron probar y en sólo un año pasaron de gestionar de 2 a 15 apartamentos. En los inicios hicieron camas, limpiaron, se encargaron de las labores de mantenimiento, del checking... hasta que la plantilla engordó a 15 trabajadores. “No hay otro secreto que trabajar mucho, este negocio no entiende de horas”, comentan los hermanos. “Nuestro crecimiento no se correspondió con una inversión en márketing, fue el boca-oreja”, añade Ignacio Rodríguez. Actualmente cuentan con una cartera de 110 apartamentos y 30 trabajadores. “Para nosotros es una satisfacción crear empleo, sobre todo a personas que no estaban acostumbradas a la estabilidad laboral”, explica Isaías, cuya empresa suele colaborar con Cáritas y otros proyectos solidarios. Sus hermanos comentan cómo algunas trabajadoras se han sorprendido cuando han visto que tenían vacaciones pagadas. “Se genera empleo y riqueza: ¿cómo sería la calle Zaragoza hoy sin viviendas turísticas? Se caería”, añaden.

Los socios de Valcambre coinciden en la necesidad de ordenar el sector y colaborar, pues la alianza de lo público y lo privado es una de las claves del éxito. Otra es hacer las cosas con seriedad y rigor, algo que aprendieron de su padre. Y, ante el conflicto y la polémica que genera la proliferación de viviendas turísticas, ellos optan por informar “con la máxima educación”. “Tenemos unas normas y hay que cumplirlas. Los incidentes que registramos son mínimos; salvo en épocas festivas, los clientes habituales son parejas o familias; y todo el que se aloja queda registrado y su entrada se comunica a la Policía”, comentan mientras reciben continuas llamadas de viajeros (este fin de semana están al 100% de ocupación, pese a los temores de viajar por el coronavirus). Y siguen ejerciendo de embajadores de Sevilla,  mostrando la cara más amable de una ciudad que siempre ha presumido de acogedora. Su satisfacción es ver cómo el turista lo agradece, un mensaje que difícilmente dará nombre a ninguna red de telefonía.

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