Desde la Giralda a la torre Eiffel
calle rioja
Misterio. El imaginero Jesús Méndez Lastrucci, sobrino biznieto de Castillo Lastrucci, presentó su biografía novelada de Susillo, el escultor de la Alameda que triunfó en París
DURANTE quince años fueron coetáneos. Gustavo Adolfo Bécquer (17 de febrero de 1836, ayer fue un nuevo aniversario de su nacimiento-1870) y Antonio Susillo (1855-1896) tuvieron en común varias cosas. Con 26 años de diferencia, murieron el mismo día, un 22 de diciembre, que el españolito que ora y bosteza asocia con la Lotería. Los dos renovaron la estética de mediados del XIX: Bécquer, en la literatura; Susillo, en la escultura.
Jesús Méndez Lastrucci eligió un día tan becqueriano para presentar El poeta del barro, una biografía novelada de Antonio Susillo. El punto de partida fueron las cosas que le fue contando Manuel Castillo, su tío abuelo, hijo del gran Castillo Lastrucci, el discípulo postrero de la fértil escuela de Susillo: Gonzalo Bilbao, Coullaut-Valera (autor de la estatua de Bécquer en el parque, más afinidades), Sánchez Dalp... Nómina que ayer mencionó Andrés Luque, prologuista de la obra.
El libro de Méndez Lastrucci representa el curioso caso de escultor que ha decidido pasar a la acción, manos de imaginero que se transforman en manos de escritor. La presentación tuvo lugar en Abades Triana, que con Tour Cofrade le abrió las puertas a todo el calendario que viene con el Miércoles de Ceniza.
Méndez Lastrucci es un imaginero motero y rockero, autor de una representación de Elvis Presley que pueden ver sus incondicionales en Memphis. Bécquer y Susillo, en su modernidad anticipatoria, también en la brevedad de sus vidas y la densidad de sus obras, tenían alma de rockeros, trasuntos sevillanos de Elvis, de James Dean y Otis Reding.
El patio de butacas de Abades Triana se llenó para esta presentación poliédrica. Empezó con una saeta de Cristina Galán; se descubrió la pintura conmemorativa de Elena Montero Torrejón que recoge la imagen de un Antonio Susillo niño, sentado en el almacén de aceitunas de su padre evocando la casa familiar, hoy el hotel Patio de la Alameda que acogerá un ciclo de conferencias.
El prologuista y el autor de El poeta del barro se extendieron en pormenores de la vida de Antonio Susillo. Según Andrés Luque, uno de los cuatro escultores que en Sevilla abrieron nuevos caminos: los anteriores fueron Juan Bautista Vázquez el Viejo, Juan Martínez Montañés y Pedro Roldán. El acto se completó con la entrega de la Gubia de Bronce al periodista José Antonio Rodríguez, varias Semanas Santas narradas en su currículum pese a su juventud (Sevilla, 1983).
La Sevilla cofradiera estaba presente con numerosos hermanos mayores, con capataces como Alejandro Ollero (37 años dirigiendo barcos en la Amargura), también la Sevilla institucional: Curro Pérez, alcalde de Triana, y Juan Espadas, aspirante a alcalde de Sevilla, unidos -y separados- por Manuel Alés, director del distrito de Triana.
Gracias al legado de Antonio Susillo, con las bendiciones de la Giralda, la Torre del Oro y el río, Alameda y Triana, las dos Sevillas musicales de los años del rock -la polka de los revisionistas-, las dos mitades unidas cuando el traslado de la Casa de la Contratación de Sevilla a Cádiz en 1717 mudó el ambiente festivo y pecaminoso -no hay penitencia sin pecado- del Arenal a la Alameda de Hércules.
El libro de Méndez Lastrucci puede ser una herramienta muy útil para la ruta de Antonio Susillo. Un artista internacional que ganó la medalla de la Exposición de París, en los dominios de Rodin, el año que se inauguró la Torre Eiffel. Un escultor que sigue vivo en el aire de la ciudad: el Velázquez de la plaza del Duque; el Daoiz de la Gavidia cuyo boceto estaba en la casa de los Villalón en Morón; los doce hombres con piedad del palacio de San Telmo; el Mañara de los jardines de la Caridad; el bajorrelieve de los presentes de Colón en su visita a Isabel la Católica en Barcelona que se puede ver en el Museo de Bellas Artes... El escultor que se casó con una malagueña, tía de Pablo Ruiz Picasso.
Hoy es Miércoles de Ceniza y a los políticos en campaña les va a costar Dios y ayuda encontrar un hueco. Anoche se hizo El Llamador de Canal Sur desde Casa Ricardo para celebrar los treinta años de la nueva etapa de lo que fue Casa Ovidio. Hoy se presenta en la Capilla de los Marineros el cartel de la Esperanza de Triana de Emilio Díaz-Cantelar.
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