Guerra corta, sombra larga

Calle Rioja

El biógrafo de Franco prepara un próximo libro, 'Monstruos', con la presencia de Queipo.

Paul Preston, ayer, en la entrada del hotel Colón.
Paul Preston, ayer, en la entrada del hotel Colón.
Francisco Correal

Sevilla, 14 de abril 2011 - 05:03

Hoy no sólo se cumplen 80 años de la proclamación de la Segunda República. "La idea del golpe del 36 empieza el mismo 14 de abril de 1931, en la reunión que la tarde de ese día celebran un grupo de conspiradores". Lo dijo ayer Paul Preston en el hotel Colón a los periodistas para hablar de su libro El holocausto español (Debate).

A lo largo de sus 859 páginas, la presencia de Sevilla es fundamental. "El golpe de Estado del 10 de agosto de 1932 en Sevilla fracasa, y en ese fracaso de Sanjurjo subyace el plan de exterminio del golpe del 18 de julio de 1936".

Paul Preston, nacido en Liverpool (1946) y aficionado del Everton, visitó Sevilla por primera vez en 1969 y hace 40 Ferias pisó el real por única vez en su vida, de la mano de un profesor de Inglés al que conoció en Madrid. "Esto para ustedes no son las calores, para un pobre guiri sí", decía en un correcto español, aunque confió la traducción de su libro a Catalina Martínez Muñoz y Eugenia Vázquez Nacarino. En esta traslación de idiomas, Preston contó que a fines de los sesenta en Londres trabajó con la Junta Democrática, la oposición antifranquista, "como intérprete y enlace con el Parlamento inglés".

"En Sevilla había una derecha muy dura, no sé si todavía pulula por aquí", comentó el hispanista. Una derecha dura y una izquierda extrema que se retroalimentaban, centrada esta última en un anarquismo militante con presencia en los trabajadores del puerto. Anarquistas a los que en plena refriega les da por abrir las cárceles. "Ustedes y yo, nos guste o no, somos burgueses", dice Preston. "A los burgueses, esos hombres que salían de la cárcel nos parecen criminales; para los anarquistas que los liberan eran guerreros de la lucha social".

Uno de los mejores conocedores de la guerra civil ya tiene en su biblioteca tres de las más recientes novelas españolas ambientadas en ese periodo: La noche de los tiempos, de Antonio Muñoz Molina, Inés y la alegría, de Almudena Grandes, y Riña de gatos, de Eduardo Mendoza. "Las leeré las tres, porque son grandes novelistas. No soy precisamente un fan de la novela histórica. No me gustan si hablan de personas reales. Prefiero las que abordan tipos reales. Leyenda del César Visionario de Francisco Umbral me parece genial, un retrato fabuloso de la época y el personaje".

El personaje es Francisco Franco, a quien le dedicó una biografía de mil páginas el escritor inglés. "Lo curioso es que me gustaría escribir biografías cortas. Una de Agustín de Foxá, por ejemplo. Pero en un personaje como Franco hace falta el andamiaje político. Se sabía muy poco de su vida íntima, igual porque no la tenía".

Un general distinto de sus compañeros de promoción. "Al principio no se compromete. Era más cauto que el resto, para cabreo de los demás. Sanjurjo le llamaba Miss Canarias". Distinto también en la administración de los tiempos. "Hizo la guerra lentísima, y esa lentitud volvía histéricos a sus colaboradores italianos. A Franco no le interesaba tanto el territorio como la gente que lo ocupaba. Si llegaba muy pronto, estaría infestado por el enemigo, y antes era preciso hacer la purga". Para ello, todas las palabras empiezan por la misma sílaba: exterminio, éxodo, exilio.

Cada día admira más a Manuel Chaves Nogales, el periodista sevillano y biógrafo de Belmonte que murió en Londres. "Afortunadamente, cada vez se le conoce más, no tanto como se merece". La ley de Memoria Histórica le parece errónea "porque llega tarde y por el nombre, no es el más adecuado". Ese resarcimiento de afrentas no se podía llevar a cabo en plena transición -"ahora es muy fácil decir que si se hizo esto o aquello, yo conocí la España de los grises, de 200.000 falangistas con licencia de armas"- y ahora quizás es demasiado tarde. "Lo ideal habría sido hacerlo en la segunda legislatura socialista, cuando Narcis Serra hace la segunda reforma del Ejército y España está en la Otan".

Sevilla fue la provincia española más castigada "en la Guerra Civil y después", como reza el subtítulo del libro. Según las cifras que le aportó el historiador y sindicalista local José María García Márquez, hubo 12.507 fallecidos por la violencia rebelde frente a unas 400 bajas producidas por la violencia izquierdista "que no republicana".

En el capítulo de agradecimientos hay tres sevillanos: Manuel Velasco Haro, de Los Corrales, el propio García Márquez y Cecilio Gordillo. "A Cecilio lo conocí en un congreso de historiadores en Zafra. Hacer este libro ha sido muy doloroso. Ese dolor se ha visto compensado por la generosidad de todas estas personas. Una colaboración que no es habitual entre historiadores profesionales". El intercambio de material y de ideas con el historiador extremeño afincado en Sevilla Francisco Espinosa fue "casi diario".

La ciudad está en su bibliografía: desde La utopía revolucionaria: Sevilla en la Segunda República, de José Manuel Macarro, a Historia de la persecución religiosa en España, de Antonio Montero, que fue obispo auxiliar con Bueno Monreal. Preston no tardará en volver a Sevilla. Su próximo libro se titulará Monstruos. Uno de ellos, Gonzalo Queipo de Llano.

Defiende la referencia al holocausto. "No supone minusvalorar lo que le pasó a los judíos. Del griego, holocausto es el fuego que consume a todo un pueblo".

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