Hábiles, Inhábiles, Festivos
calle rioja
Debutante. El octavo de los once hijos del primer presidente de la Junta presentó en el Casino su primera obra, el libro de relatos 'Días Naturales'.
Adiez euros. Un precio módico para su contenido. De cobrar el precio de los ejemplares del libro Días Naturales (Chiado Editorial) se encarga el hijo de su autor, David Fernández-Viagas Bartolomé. Le puso Telmo porque estando en la Hauptbahnhof de Múnich, ciudad donde nació su vástago en 1997, abrió un ejemplar de El País y vio en la estación de ferrocarriles bávara una entrevista con Telmo Zarra. La madre, alemana de nacimiento, dio el visto bueno.
Telmo es del Bayern Múnich y del Betis y aprendió español en Tenerife, uno de los destinos del padre de su padre, es decir, Plácido Fernández-Viagas, juez en todos los destinos donde fueron naciendo sus hijos -Tánger, La Palma, Cádiz, Tenerife-, el senador más votado en España en las elecciones de 1977, primer presidente de la Junta de Andalucía el 27 de mayo de 1978, fallecido el 8 de diciembre de 1982, dos años después que John Lennon.
David es el octavo de la prole. El quinto y último de los cinco palmeros, gentilicio de los nacidos en la isla de La Palma. Casi todos fueron a la presentación del libro de su hermano. Estuvieron los tres tangerinos: Plácido, Santiago y Dorila, nombre gibraltareño de su abuela, una mujer de ascendencia portuguesa, como la editorial donde toma la alternativa David. Dorila es la primera que donde quiera que esté el juez al que adoró su pueblo y ningunearon los gobernadores lo ha hecho por primera vez, también debutante, bisabuelo de una niña llamada Violette.
Pero en el libro de David los personajes se llaman Vázquez o Ramírez. "Está en Rara Avis y es funcionario, como Kafka y Pessoa", dice Molina Flores, profesor de Literatura, granadino de Orce, un lugar dónde sólo han estado Saramago y quien suscribe, entonces acompañado por Atín Aya en la búsqueda del homínido de Venta Vicena, aquel sueño efímero de una Atapuerca andaluza. La coartada fallida. Carlos Wamba, profesor en el Fernando de Herrera, compañero de aventuras literarias del autor, lo define como "dandy atemporal" y "hedonista impaciente".
En La Palma nacieron por orden cronológico Juan, Elisa, Olga, Belén y David. César y Blanca, periodista de la agencia Efe, vinieron al mundo en Cádiz, la ciudad que proclamó a su padre, abuelo de un Telmo aunque nunca residió en San Telmo. La benjamina, Paloma, nació en Tenerife, el mismo destino donde el muniqués que vende los libros de su padre empezó a familiarizarse con el idioma de su estirpe. Fiel a esos vaivenes insulares, David Fernández-Viagas, desde hace la friolera de 33 años empleado de Correos -paradójicamente, tuvo problemas con el envío de los libros-, también fue en dos ocasiones destinado a Canarias por razones profesionales. "Como decía mi padre, a los sitios donde has sido feliz no dejes de volver".
Elisa es bióloga, Dorila profesora de Latín y Belén da clases de Tecnología, Matemáticas y Naturales en un instituto del Polígono Sur. Plácido, Santiago y Juan le hacían fotos a su hermano con los dos compinches.
El libro, ambientado en el mundo del trabajo, "gente que no se elige", lo ha subdividido en los capítulos titulados Hábiles, Inhábiles, Festivos y Laborables. En el Café Casino leyó algunos relatos: Descuadre, Anacoreta -corrosivamente divertido-, Espero que no cunda el pánicoy Manías de guardar, con el que ya obtuvo un sonado éxito cuando era autor inédito y lo leyó en un club de jazz próximo a la Alameda ante un auditorio de una excursión de jubilados que se llevaron fotocopias dedicadas del texto leído. Un guiño a una de las manías de Elisa Bartolomé, la esposa de aquel Plácido que en su despacho pregubernamental en la Diputación era un Plácido de Berlanga.
Su padre estaría orgulloso del arranque literario del empleado de la estafeta de Correos de la calle San Vicente. Y de lo que dijeron de él sus mosqueteros, sus nobles caballeros, parafraseando esa novela artúrica de John Steinbeck que tanto le gustaba al juez itinerante. Molina Flores: "Decía Valle-Inclán que en el esperpento se ve la gente desde arriba; en la épica desde abajo; en este libro se ven a tamaño natural". Más Berlanga.
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