Sevilla

La Caracolá de Lebrija se adelantó siete meses para gitanos y 'gachós'

  • La hermandad de los Gitanos de la localidad repartió 1.500 décimos de un número al que juega hace años.

  • El bar Bocho fue el epicentro de la distribución de una fortuna muy repartida

El número 87 lleva colgado en las paredes del bar Bocho de Lebrija un montón de días para recordar los treinta años que hace que lo fundó Juan María Zambrano, el rey de los caracoles y las cabrillas en salsa, como reza un cartel para quien se murió el verano de 2016, "justo dos semanas después que Juan Peña el Lebrijano, que nació en mi casa", recuerda José López Marín. ¿Quién iba a decirle a la distinguida clientela del Bocho que ese número 87 iba a estar como el secreto mejor guardado dentro del número 37872 que este viernes llenó de alegría y de seismileuristas a esta población ribereña del Guadalquivir? Números de alegría, de fiesta por todo lo alto, donde nació el padre de las letras, Elio Antonio de Nebrija, creador de la Gramática, el canon de la lengua.

Una cuestión de fe, en cierta forma, porque dicen que allí llevan "muchos años y todas las semanas" jugando al mismo número. Para eso fue precisa una cadena de la fortuna. La inició Manuel González Suárez, lotero de la administración número 1 de la calle Benito Vela, muy cerca de la iglesia con la torre que llaman la Giraldilla. Tercera generación de loteros, trocha que inició su abuela y siguió su madre, cree que a veces la suerte hace lo que se le olvidó hacer a la justicia. "Ha sido un año muy seco, el tajo estaba complicado". A Rocío Ruiz Caro le empezaron a bailar las dos últimas cifras, 72, uno más que el año 71 en el que nació. Completó el quinteto de guarismos y saltó de alegría. Trabaja en la perfumería Esencia y compró el décimo la víspera. A punto de cerrar la administración lo compró el marido de Arancha Soria.

Juan Luis Vargas trabaja de camarero en el bar El Uno de San Román, en la plaza de Sevilla de donde salían los titulares de la hermandad de los Gitanos. Es hermano mayor de la cofradía homónima de Lebrija. Se trajo algunos décimos a la capital, pero la mayoría los dejó en el bar Bocho, que a la muerte del patriarca llevan sus hijos Juan Carlos, Manuela y María del Castillo Zambrano.

La Caracolá de Lebrija se ha adelantado en siete meses. En julio de 2018 le concederán a Concha Vargas la Caracola de Oro por su medio siglo bailando en escenarios de medio mundo. Como adelanto, su familia se ha repartido cuatro millones de euros. "Aquí no hace falta que toque la lotería para que se organice una fiesta", dice un vecino al ver el pellizco improvisado de Concha Vargas. "El otro día se celebró la Zambombá y se trajo a una japonesa a la que enseña a bailar".

El Bocho está lleno de fotografías flamencas: Zambrano hijo con Argentina, con El Mani. Dos rincones para sendos toreros, Juan José Padilla, el ciclón de Jerez, y Antonio José Blanco, de Sanlúcar de Barrameda. Junto a la máquina de tabacos, con cajetillas premonitorias de esta aristocracia del pueblo que es la Lotería Nacional -Ducados, Fortuna-, el anuncio de este año. ¿Y si cae aquí el Gordo de Navidad? Cayó el Flaco, repartido entre casi un millar de agraciados. Una cruz de mayo en pleno diciembre.

Como los Goyas de Solas a Benito Zambrano, el viernes se vivió un largometraje de gozo y campiña. José Manuel Sánchez Moreno trabaja en el Ayuntamiento, en el teatro municipal que llevó por todo el mundo Juan Bernabé. Tierra de artistas, este paisano de Nebrija pregona las virtudes de su tierra: "a catorce kilómetros del río, a veinte de la playa...". A Juan Vargas sus padres le regalaron "no uno, sino dos décimos". Dice que su prioridad es comprar unos muebles. Trabaja de churrero en la cafetería Chocolat y dice que ha sido providencial en un pueblo acuciado por las necesidades "y el huye que te alcanzo". Le avisan de que su madre, Josefa la Caneca, se ha puesto a cantar. El elenco es inagotable. A Manuel Ferrera le dijo su mujer que no se quitara el traje de rey Baltasar y así vino desde Espera (Cádiz). "Le ha tocado a la madre de mi mujer, que son de Lebrija".

Vargas es apellido insignia, lo llevan el hermano mayor que repartió los millones y la bailaora que actuó en París y Nueva York. David Vargas Amaya llega con su uniforme de trabajo. Su azada o su tractor es la corbata con la que representa a los seguros Ocaso. De la cuna a la defunción. "Aquí los gachós y los gitanos somos lo mismo". El décimo se lo dio su padre. Los Vargas son una legión de primos tan intrincada como los Buendía de Macondo.

Manuel Valencia Vargas, hermano y costalero de los Gitanos, es primo del de los seguros Ocaso. Percusionista y palmero, su apellido lo llevó a las cumbres del flamenco su hermano el cantaor José Valencia. Un joven hace la señal de la victoria con las dos manos para indicar que es Vargas al cuadrado. Luis Vargas Vargas, 28 años, trabaja en un invernadero de flores. "He repartido siete décimos en Murcia, en Puerto de Mazarrón, donde mis padres trabajan en el campo". "Nosotros somos quince hermanos y todos llevamos un décimo", cuenta Jesús Vargas. José Manuel Vargas lleva un décimo. El bar es una fiesta. El rey de los caracoles habría disfrutado con la algarabía y el baile de la reina de la Caracolá.

En el campo los motes se heredan, como las aranzadas y las vides. "Bocho lo era por su padre como a mí me dicen Borriquito", dice Marín, cuñado de quien después de trabajar en el campo y en una fábrica de mármol se hizo un sitio con este bar junto al Centro Cívico Blas Infante presidido por una efigie de Nebrija.

En Lebrija, como en tantas otras poblaciones españolas regadas por el carabobo de la fortuna, nadie hablaba de otra cosa que no fuera la lotería. Seis mil euros por cabeza. La Lotería es la esencia de la Navidad, como la perfumería de Rocío Ruiz Caro, la lebrijana del 71 a la que se le encendió el olfato de la intuición cuando oyó en la radio el 72.

En este pueblo con mágicos diminutivos, la altura de la Giraldilla, el poblado de Marismillas donde también llegó la fortuna de la calle Benito Vela, los niños de San Ildefonso dejaron un regalo superlativo con la mediación de un lotero de tercera generación y un hermano mayor que hizo felices a tantos primos.

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