Sevilla

Las Inmaculadas, con la Constitución

  • El Museo de Bellas Artes que acoge la muestra de Martínez Montañés fue reinaugurado en 1993 por Jordi Solé Tura, uno de los 'padres' de la Carta Magna

Una Inmaculada de la exposición de Martínez Montañés. Una Inmaculada de la exposición de Martínez Montañés.

Una Inmaculada de la exposición de Martínez Montañés. / juan carlos muñoz

Hay muchas maneras de celebrar el día de la Inmaculada. Uno de los más redondos es acudir al Museo de Bellas Artes para ver la exposición Montañés. Maestro de Maestros. Un año después de la muestra de Murillo, cuadros del pintor sevillano forman el impresionante decorado del juego de San Jerónimos donde el de Martínez Montañés se vincula con el magisterio del de Pietro Torrigiano.

Esta visita al Museo es una buena manera de unir las dos celebraciones del puente. A las Inmaculadas de Montañés (estos días falta la de El Pedroso, porque está en las fiestas patronales de la localidad de la Sierra Norte) se accede por una pinacoteca que fue reabierta tras su última restauración el 20 de mayo de 1993.

Una placa recuerda que el ministro de Cultura que asistió a este acto fue Jordi Solé Tura, que quince años antes había sido uno de los siete magníficos. Uno de los ponentes de la Constitución, en su caso en representación del Partido Comunista que había sido legalizado un año antes. A veces, perdemos la perspectiva de lo que se ha conseguido.

Juan Martínez Montañés (1568-1649). Maestro de maestros. Uno de sus discípulos fue Juan de Mesa. La relación entre ambos es el hilo conductor de la novela de Fernando Carrasco El hombre que esculpió a Dios. Impresiona la prestancia genuflexa de Guzmán el Bueno, el héroe de Tarifa, junto a su esposa María Coronel. Tiempos del Barroco, de orto y ocaso. De un escultor que rozó la gloria celestial y murió víctima de la peste. Nacido en Alcalá la Real (Jaén), impresiona la visión de sus gigantes, San Pedro y San Pablo, junto al gigante por antonomasia de la Cristiandad, San Cristóbal, patrono de los transportistas.

Ahora que los telediarios nos abruman con cumbres y encuentros históricos, en esa época se cruzaron los acontecimientos. En 1622 nace Juan Valdés Leal, que ya calienta en la banda de las conmemoraciones. Ese año regresa la nao Victoria con Juan Sebastián Elcano al frente, la única que volvió de las cinco que comandadas por Magallanes partieron el 20 de agosto del muelle de las Mulas. En 1622 se celebra por todo lo alto la beatificación de San Francisco Javier y San Ignacio de Loyola. Éste aparece en una de las esculturas de Martínez Montañés. La Compañía de Jesús le hizo varios encargos. Además de su fundador, está San Francisco de Borja, antes duque de Gandía, el noble que tomó los hábitos cuando murió Isabel de Portugal, la primera esposa de Carlos V.

Una exposición con los Juanes, el Bautista y el Evangelista con su inseparable águila, con el Niño Jesús de la Catedral, con el diálogo entre el Cristo agonizante de la Clemencia y el ya muerto de Santa Clara. El siguiente paso lo da una de las vigilantes del Museo, que lleva de fondo de pantalla el Resucitado de Santa Marina. "Sin Resurrección, esto no sería nada", dice para los nuevos saduceos. Exposición con acertijo. El que la visite descubrirá en qué momento se rompe la colaboración y la amistad de Martínez Montañés con Francisco Pacheco, el suegro de Velázquez que a este escultor de los cielos lo ponía por las nubes.

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