día internacional de la mujer

La gran fiesta del morado

  • Más de 100.000 personas se echan a la calle y convierten el centro de Sevilla en el escenario de una multitudinaria reivindicación por la igualdad, una de las mayores de los últimos años en la capital

Cabecera de la manifestación en la Plaza Nueva. Cabecera de la manifestación en la Plaza Nueva.

Cabecera de la manifestación en la Plaza Nueva. / Antonio Pizarro

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La mañana del 8 de marzo de 2018 estuvo huérfana de presentadoras en televisión y radio. Los rostros y voces femeninos más destacados de las cadenas se pusieron en huelga. Un paro que ha continuado por la tarde en los medios de comunicación. La jornada en la que las mujeres han reivindicado la igualdad ha triunfado.

Un éxito que luego se ha evidenciado en la calle, donde se ha dejado claro que a partir de ahora ninguna de ellas está dispuesta a callar ante una discriminación o acoso. Y muchos menos, ante una agresión. Las ciudades se han convertido este jueves en una fiesta en la que se han reivindicado los derechos de la mujer. A golpe de tambor, de megáfono y hasta de matraca.

Sevilla no ha sido una excepción. La manifestación ha partido a las 19:30 de la Plaza Nueva. Llegar hasta este céntrico enclave se ha convertido en una odisea. Literalmente no se cabía. La cabecera, dispuesta al inicio de la calle Tetuán, tuvo que esperar a que se disolvieran los últimos grupos que habían llegado. La pancarta que la abría tenía un lema contundente: “Para transformar la sociedad, igualdad feminista”.

Ambos términos fueron los que más se han repetido en las pancartas que portaban grupos y quienes, de modo individual, se habían sumado a la protesta. La marcha ha tardado en pasar casi dos horas. Una auténtica fiesta con el predominio del morado, el color que simboliza las reivindicaciones de la mujer en este siglo XXI.

No se les puede negar la originalidad que tenían muchos de los lemas exhibidos. Algunos adquirían tintes de memoria histórica, pero no del 36, sino de la Inquisición: “Somos las hijas de las brujas que no pudisteis quemar”. Otros ponían toda la carne en el asador: “La revolución será feminista o no será nada”.

La protesta ha comenzado con tambores de guerra. Y con botes. “¡Un bote, dos botes, machista el que no bote!”. Algunos comercios, (especialmente los dirigidos a la mujer), han cerrado las puertas. Así lo hizo la joyería Tous, que echó la persiana metálica en cuanto comenzaron a sonar los vítores. Cerca de allí, contemplaban el discurrir de la manifestación la periodista Mercedes de Pablo junto a su compañera María Esperanza Sánchez y quien fuera la primera consejera del Gobierno andaluz, Amparo Rubiales. Mercedes de Pablo mostraba una sonrisa indisimulada mientras refería: “¿Has visto la que hemos formado?”.

La marcha ha sido un compendio de generaciones en femenino (aunque también ha habido hombres, muchos). Menores, parejas, jóvenes y personas mayores. Todo se reivindica con alegría. Sin caras agrias, sino con la certeza de que el cambio ya ha comenzado.

Los bares han hecho su noche. Se llenan de quienes han hecho un breve descanso para refrescar el gaznate. Los tambores seguían sonando y la protesta no acababa.

El Ayuntamiento ha informado de más de 100.000 asistentes. Hacía tiempo que una convocatoria no conseguía tal seguimiento. El éxito del morado. El triunfo de la mujer.

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