Sevilla

Mercedes Robles, la mujer del cuadro frente al Gran Poder

  • Sus hijos Juan y Kiko explican quién era la señora que aparecía en una fotografía en una ventana al paso del Señor

  • Murió el 13 de junio, cuatro meses antes de la visita del Gran Poder a su barrio

Juan y Kiko García Robles, este lunes en la Blanca Paloma ante el Gran Poder.

Juan y Kiko García Robles, este lunes en la Blanca Paloma ante el Gran Poder. / Juan Carlos Vázquez

Dos fotografías de la salida extraordinaria del Gran Poder el pasado sábado se hicieron virales y han obtenido una repercusión que ha trascendido, con mucho, de las fronteras de Sevilla. Las dos imágenes se han compartido miles de veces a través de las redes sociales y han pasado de teléfono en teléfono casi a la velocidad de la luz.

Una de ellas la captó Ignacio Fernández Barrionuevo-Pereña y podría titularse como la foto de Dios. En ella, Jesús del Gran Poder cruza la plaza de San Lorenzo bajo una nube que dibuja una forma curiosa en el cielo. Sobre todo si se de la vuelta a la foto. Quede a gusto del consumidor si lo que ve es la cara del Todopoderoso o simplemente un capricho de los cirros, cúmulos y estratos que la mañana del sábado se formaron en el cielo de Sevilla. 

La otra imagen es mucho más terrenal y se tomó al final de la procesión, casi diez horas después. Fue en la calle Alondra, justo cuando las personas que portaban al Señor le daban la vuelta para que entrara en la parroquia de la Blanca Paloma como lo hace cada mañana de Viernes Santo en San Lorenzo, de cara al pueblo. Allí aprovechó el director de Fiestas Mayores del Ayuntamiento, Carlos García Lara, para tomar una imagen vertical en la que se veía Jesús del Gran Poder con un bloque de viviendas de fondo.

Todas las ventanas de las cuatro plantas del bloque estaban llenas de gente, pero llamaba la atención que en el cuarto piso había un hombre que portaba una fotografía enmarcada. En ella salían un hombre joven, con barba y traje de chaqueta, y una mujer, también vestida con sus mejores galas. ¿Qué significaba eso? Pronto se dispararon las teorías en las redes sociales. Probablemente se trataba de una persona fallecida a la que un familiar quería llevar de alguna forma para que viera el Gran Poder al pasar por delante de su casa.

La familia García Robles, en la ventana de la calle Alondra. La familia García Robles, en la ventana de la calle Alondra.

La familia García Robles, en la ventana de la calle Alondra. / Juan Carlos Muñoz

Otros fotógrafos, entre ellos Juan Carlos Muñoz, captaron también el momento en la ventana de aquel cuarto piso. No sólo estaban el hombre que portaba el cuadro, sino que había más gente: un joven con una gorra y un niño ocupaban el pretil, mientras que por detrás asomaban otro chico y una mujer. Las imágenes se retuitearon rápidamente, se compartieron la tarde noche del sábado y la mañana del domingo y todavía hay a quien le siguen llegando a su teléfono móvil.

Uno de los miembros de la familia, Kiko García, que en el momento en el que se hizo la fotografía iba llevando al Gran Poder sobre su hombro, quiso explicar la historia en su perfil de Facebook. "Dicen los expertos que la ventana de arriba del todo es una catequesis en toda regla. Es mi hermano Juan con sus nietos, y mi sobrino Jesús, que portan un cuadro de mi madre, fallecida recientemente".

La señora del cuadro es Mercedes Robles, una mujer que murió el 13 de junio, Día de San Antonio, después de sufrir un fallo multiorgánico. Había superado el covid en febrero, lo contrajo pese a estar vacunada y llegó a estar ingresada en el Hospital Militar. Pero después llegaron otras dolencias. Falleció a los 85 años, cuatro meses antes de que su mayor devoción, Jesús del Gran Poder, visitara su barrio, el de los Pajaritos.

Ella vivía desde los años sesenta en la calle Golondrina. Hasta allí llegó procedente de los terrenos en los que se levantó la plaza de toros de la Monumental, entre las actuales avenidas de Eduardo Dato y la Buhaira. Y allí residió todo el tiempo que le quedó de vida. Allí crió a sus ocho hijos. El mayor, Juan, vive desde hace 17 años en la calle Alondra, en el bloque que está justo enfrente de la parroquia de la Blanca Paloma. Creyó que el mejor homenaje que pudo hacerle a su madre era sacar a la ventana su fotografía, para que ella también viera al Gran Poder en Los Pajaritos.

Una de las últimas fotografías de Mercedes Robles en vida, delante del Gran Poder en la Basílica. Una de las últimas fotografías de Mercedes Robles en vida, delante del Gran Poder en la Basílica.

Una de las últimas fotografías de Mercedes Robles en vida, delante del Gran Poder en la Basílica. / M. G.

Cogió la única fotografía que conserva impresa de su madre, la del día de su boda, en la que aparece él. Él es el joven con barba y traje que posa junto a Mercedes. Y la sostuvo al tiempo que pasaba el Señor. Lo que no se esperaba es que lo volvieran para que entrara de espaldas, de forma que pudo encontrarse de frente al Gran Poder. "Mercedes, ahí tienes a tu Cristo, que ha venido a verte", cuenta Juan que le decía al retrato de su madre.

Desde la ventana en la que estaba era imposible ver la llegada del Señor desde la calle Galaxia, pues el bloque tiene un saliente que le tapa la visión. "Yo pensé que entraría de frente y que no le veríamos la cara, cuando vi que le volvían empecé a hablarle al cuadro de mi madre".

Cuentan Juan y Kiko, el mayor y el pequeño de ocho hermanos, que su madre era muy devota de Jesús del Gran Poder, que era una de las señoras que iba cada Madrugada de Viernes Santo detrás del Señor, con una bolsa de plástico en la cabeza para protegerse de los goterones de cera de los nazarenos, algo que ya hace años que la hermandad decidió eliminar y sustituir por tramos de penitentes.

"La devoción es variopinta en la familia. Mi padre y mis hermanos son de San Benito. Yo soy de la Sed, y pertenezco a su junta de gobierno. Pero mi madre, desde que tenemos uso de razón, su Gran Poder. Si estaba mala, decía Gran Poder ven a por mí. No había quién le quitase el Gran Poder de la boca. Y muchas veces se iba sola a San Lorenzo a verlo", explica Kiko.

"El mismo día que murió, que fue un domingo, vino el médico y nos dijo que no se la iban a llevar al hospital y que le quedaban pocas horas de vida. Aproveché en ese momento para buscar en el ropero el hábito del Gran Poder, su cíngulo, su medalla y sus estampas. Y cuando vinieron los del tanatorio para llevársela se lo di todo para que se lo pusieran. Ella fue enterrada como ella quería". 

Antes del confinamiento, cuando se supo que el Gran Poder visitaría Los Pajaritos, Kiko le explicaba a su madre que sería por un tiempo vecina del Señor. "Y ella no se lo creía. Ella vivía a escasos metros de la parroquía. Pero vino el confinamiento y se aplazaron los actos. Y quiero darle la enhorabuena al Gran Poder porque no se suspendieran. Pero le han faltado cuatro meses para poder disfrutar de Él". "Yo iba debajo del Señor y la sentía cerca mía. Llevaba la pulsera con la que ella falleció. Yo estaba feliz, la noté al lado mía", cuenta Kiko, que portaba las andas del Gran Poder en uno de los relevos por Los Pajaritos.

A Juan Manuel García Robles, el mayor de los hermanos, todos le conocen como Robles, el apellido materno. Es técnico de ambulancias y tiene 63 años. No tiene whatsapp ni redes sociales y fue un poco ajeno al revuelo que se montó con la fotografía. "Parece que el Señor quería hablar con ella, lo pusieron justo de frente. Y las lágrimas se me caían".

Juan critica la fama que tiene el barrio de marginal y peligroso. "No es así. Es cierto que está un poco abandonado, pero este barrio siempre ha sido de gente trabajadora. Tuvimos la desgracia de que nos quitaron las mejores empresas que había por aquí cerca. Y eso fue degradando el barrio. Los vecinos de antaño éramos uña y carne, los bautizos y las comuniones se celebraban en los patios de los bloques. Y las vecinas hacían arroz y potaje, o pestiños. Si una familia estaba más cortita, alguien hacía una olla de la que comíamos todos. Había mucho sentimiento de hermandad".

Dice el hombre que portaba la foto que su madre estaría encantada con ver su barrio en la prensa estos días. "Ella ha sido tan humana y tan buena madre, inválida de una pierna, con dos ictus, un marcapasos y habiendo superado esta enfermedad tan mala que ha sido el covid... Sacó fuerzas, pero la pena es que por desgracia no ha llegado a aguantar estos cuatro meses para ver al cristo más grande que hay en Sevilla, que es Jesús del Gran Poder".

Mercedes era tan vitalista que todavía en sus últimas semanas estaba mandando en la cocina. Su sobrino, Jesús de la Sed, que aparece en la foto de la ventana con una gorra, se encargaba de cuidarla y estuvo hasta el final. Ahora se encarga de su abuelo, José García, el marido de Mercedes, que está muy mal de salud y al que Kiko quiere llevar a ver al Señor en algún momento en que haya menos gente en la parroquia.

La mujer del cuadro tuvo once partos y cuatro cesáreas. Tres de sus hijos nacieron muertos y ella estuvo a punto de fallecer en uno de los alumbramientos por el síndrome de aspiración del meconio. Otro murió ya adulto, de cáncer, hace unos años, y supuso un duro golpe para su familia. Su marido, José, sigue vivo. Kiko quiere llevarlo a ver al Señor y espera el momento en que haya menos público en la parroquia. El sábado, en la salida del Señor hacia la parroquia de la Candelaria, Juan colgará la fotografía de su madre, ampliada, que colocará junto al cartel de la Santa Misión. 

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