Mudanzas imposibles en tiempos difíciles
Chaves intenta cerrar la discusión sobre la continuidad de Monteseirín por temor a dar alas a quienes discuten la suya
Decía Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, orden religiosa que nació como asociación castrense, que en tiempos de tribulación lo más aconsejable es no hacer mudanza. Obviamente, esta recomendación está pensada para afrontar las funestas consecuencias del trato con lo terrenal. Con el poder terrestre, por ser más precisos, cuya usual personificación, aunque con variantes, acostumbra a ser el político. Si éste suele invadir espacios que no le pertenecen (aquello del César y de Dios), la única respuesta posible, según Loyola, es resistir. Mantenerse firme. Aguantar. No siempre le funcionó la doctrina al fundador de los jesuitas, aunque lo cierto es que su orden ha sobrevivido a la historia y, aunque ha perdido bastante poder dentro de la jerarquía de la Iglesia en relación al pasado, todavía es referente para muchos creyentes.
Su sentencia tuvo éxito e hizo carrera hasta convertirse en una receta para muchos gobernantes. De su filosofía parece haberse servido el presidente de la Junta, Manuel Chaves, para abortar in media res el debate político sobre la continuidad de Alfredo Sánchez Monteseirín al frente de la Alcaldía de Sevilla, discusión en la que hasta ahora era equidistante: por un lado no se mostró nunca partidario de sacar del sillón a regidores electos (aunque fuera sólo por concejales, más que por electores) y, por otro, dejó hacer a quienes, analizando la evolución electoral del PSOE en la capital (descendente, casi preocupante), planteaban la necesidad de acometer un cambio de rumbo. Y también de personas. Las discrepancias mayores entre ambas posturas, en todo caso, no eran en relación al fondo del asunto, sino de forma. ¿Cómo hacerlo?
Desde el congreso provincial del pasado verano, donde los oficialistas ganaron con rotundidad, los socialistas críticos andan a la que salta, dentro y fuera de las instituciones, intentando imponerse frente a sus contrarios. La espiral ha sido tan intensa que ha afectado gravemente a la gobernación de la ciudad, al dejar al gobierno local en una situación de debilidad intrínseca que le impide tener el impulso previo de las pasadas elecciones locales y, por tanto, tomar iniciativas.
Las repercusiones políticas de la crisis económica, que destroza el mapa social (el crecimiento del desempleo es espectacular) y el tejido empresarial, preocupan a los socialistas hasta el punto de haber encendido las señales de alarma no tanto en Sevilla, donde la situación se venía venir desde el verano, sino en la propia dirección regional, que en los últimos tiempos ha visto con honda preocupación cómo algunos sondeos de intención de voto reducían en Andalucía a un punto escaso la diferencia real entre el PP de Arenas y el PSOE de Chaves. Algo ocurre. Se cuestiona al capitán.
Y es justo esta situación interna la que parece haber obligado al presidente de la Junta a cerrar filas a todos los niveles en relación a cualquier tipo de debate sucesorio, que hasta hace unas semanas afectaba sólo a Monteseirín, pero que, en estos momentos, puede hacerse extensivo incluso a su propia figura política. De hecho, este melón está abierto hace tiempo (el propio Chaves amagó al inicio de esta legislatura con retirarse pero cerró la cuestión de inmediato al ver los movimientos internos de su organización) y no se oculta que el asunto no agrada a nadie de quienes de verdad toman decisiones en el núcleo duro del PSOE andaluz.
Así las cosas, el presidente de la Junta ha decidido avalar personalmente la continuidad de Monteseirín en la Alcaldía hasta 2011, entre otras cuestiones para que nadie ose abrir la misma brecha en las filas regionales. De mudanzas, pues, ni hablamos, aunque quizás a largo plazo el coste sea discutible. En esta lógica deben entenderse la declaraciones de Chaves de este fin de semana en las que recordaba a Monteseirín que debe centrarse en sus labores como alcalde (olvidando las batallas orgánicas); las palabras de Luis Pizarro, su mano derecha, avalando que el regidor hispalense agote el mandato y la reunión que celebraron ayer en el Ayuntamiento el alcalde y el secretario provincial del partido, José Antonio Viera, que dejó el gobierno local hace dos años por desacuerdos con Monteseirín. En este encuentro debía negociarse una especie de pax armada (las relaciones siguen siendo nefastas y seguirán así mientras no haya un cambio de actitud en la Plaza Nueva) y empezar a estudiar fórmulas para, sin tener que simular un falso pacto entre enemigos, relajar en lo posible la tensión de las últimas semanas.
Parece, en todo caso, bastante difícil. Viera no hizo ayer comentario alguno a su salida de la Plaza Nueva. El entorno de Monteseirín, en cambio, filtró el encuentro resaltando la sede de la reunión. "Ellos vienen a nuestro terreno". Con estos mimbres se antoja complicado cualquier apretón de manos sincero. Pero, aunque sea más tensa que educada, la guerra sin cuartel entre las dos familias socialistas está ya condicionada por las aparentes turbulencias en el PSOE regional. Y eso son ya palabras mayores. La lista oficial de las europeas no se conocerá hasta el día 28 de este mes. Después se abre una dura etapa de cohabitación. Hasta 2011.
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