OBITUARIO

Muere Manuel Olmedo, decano de los periodistas de Sevilla

  • Fue, además de periodista químico y diplomado en arte. Don Fabricio II en las críticas taurinas

Manuel Olmedo. Manuel Olmedo.

Manuel Olmedo. / Juan Carlos Muñoz

De niño vio a Alfonso XIII presidiendo la procesión del Santo Entierro y ya octogenario recibió de su bisnieto, el actual rey Felipe VI, cuando todavía era príncipe de Asturias, la distinción como decano de la Asociación de la Prensa de Sevilla en el centenario de esta institución. Manuel Olmedo Sánchez (Sevilla, 1922-2018), ha muerto a los 95 años con ese carisma cronológico de ser el más joven de los mayores.

Llegó al periodismo, "mala y diabólica ralea" según Marcelino Menéndez Pelayo en cita que gustaba recordar, después de doctorarse en Ciencias Químicas con una tesis sobre aceites vegetales y con una diplomatura en Arte en Santander. Faceta que reflejó en su libro Mis amigos los artistas. Entre los que figuraban Juan Miguel Sánchez, Alfonso Grosso, José María Labrador o la amistad con Elsa, la viuda noruega del gibraltareño Gustavo Bacarisas. Lo retrató Ben Yessef y fue Rey mago, Gaspar, en la Cabalgata de 1963. Melchor fue el célebre pregonero Antonio Rodríguez Buzón.

El periodismo le dejó muchas cosas buenas. Una de ellas, la amistad de Gonzalo Torrente Ballester. Era hijo del periodista Antonio Olmedo, que dirigió Abc de Sevilla entre 1952 y 1957. En ese diario pasó por todas las secciones. Las críticas de toros las firmaba como Don Fabricio II, secuela generacional de Don Fabrizio, la contraseña de su progenitor. En homenaje a nombre tan sthendaliano, al pequeño de sus seis hijos le puso Fabricio ya como nombre de pila. Perdió al mayor, Antonio. La mayor de las hembras, Chiqui, enviudó en 1992 de Ramón Soto Vargas, uno de los dos banderilleros que murieron ese año en la Maestranza para congoja de su suegro, el crítico taurino que con siete años conoció la Exposición de 1929 que inauguró el Monarca al que vio en el Santo Entierro. Completan la familia Manuel, Carmen, que es filósofa consorte, y José Luis. Los hijos que tuvo con Lola, a la que conoció en unos Juegos Florales de Osuna, cuando la gente no se cortejaba por internet ni Facebook. "Yo ya era decimonónico en mi tiempo, cuando iba con mi pluma y veía a mis compañeros con la Hispano-Olivetti o la Remington", decía en entrevista a este diario.

Su padre, Antonio Olmedo, presidía la Asociación de la Prensa de Sevilla cuando el 2 de abril de 1934, en plena República, sale a la calle el primer número de la Hoja del Lunes.

Viajero, culto, afable, divertido, criticaba la pérdida de identidad de la ciudad donde creció. "En mi juventud, Sevilla era una ciudad pobre, honrada, conformista, acogedora y educada", decía en esa entrevista. "Al paso que aumentaba el poder adquisitivo de los sevillanos, se relajaban las relaciones familiares, se deterioraba el vocabulario, convertimos Sevilla en una ciudad incómoda e inhóspita".

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