Comercio

Cierra Novias Cira, una tienda con 40 años en la Plaza del Pan de Sevilla

  • La bajada de las ventas ha obligado a poner fin a una tienda que abrió sus puertas en 1983

Los carteles de liquidación en la tienda de Novias Cira, en la Plaza del Pan. Los carteles de liquidación en la tienda de Novias Cira, en la Plaza del Pan.

Los carteles de liquidación en la tienda de Novias Cira, en la Plaza del Pan. / Juan Carlos Vázquez

Isabel Perdigones tenía 24 años cuando se puso al frente de Novias Cira, un negocio emblemático de la Plaza de Jesús de la Pasión (vulgo, del Pan) que echará el cierre las próximas semanas. Aunque el listado de mujeres expertas en moda y sastrería era bastante amplio cuando este establecimiento abrió sus puertas, pocas sevillanas habían tomado las riendas de una empresa. Un reto más que superado en estos 36 años. Tiempo en el que ha habido de todo: desde épocas de bonanza en las que no se daba abasto hasta etapas que han hecho poco rentable este tipo de comercio, razón que ha obligado al cierre.

Unos grandes carteles anuncian estos días ofertas de descuentos considerables en los grandes escaparates de Novias Cira. El negocio se encuentra en liquidación. Toda persona que alguna vez haya pasado por la Plaza del Pan se ha detenido a contemplar los trajes que allí se exponen. Sus colecciones conforman un repaso por las modas nupciales. Casi cuatro décadas formando parte del tejido comercial del Casco Antiguo y en un enclave especializado en indumentarias para las bodas. Una historia a la que se pondrá punto y final en pocas semanas.

“Cuando abrimos en 1983 las únicas tiendas especializadas en el sector eran dos y estaban cerca”, recuerda Perdigones, quien precisa que su establecimiento incorporó como novedad los trajes de novia “a medida”. “La idea de poner en marcha el negocio fue de mi hermano, que era representante de moda”, refiere esta sevillana. Así comenzó a funcionar este establecimiento que ha llegado a contar con una plantilla de 12 empleados. Actualmente sólo tiene cuatro trabajadores, signo inequívoco del declive de los últimos años.

“La confección a medida ya no vende. No es rentable. Los clientes prefieren comprar en franquicias”, destaca la empresaria, quien hace hincapié en dos factores que condicionan el comercio en el centro: “Todo lo que se abre está pensado para los turistas y lo que no, lo cogen los chinos, que son una dura competencia”.

El local en el que se encuentra –en régimen de alquiler– es uno de los más grandes de la zona. Dispone de tres fachadas y dos plantas. Sus dueños son los hermanos Roldán Franco. En él se han atendido durante 36 años a familias que se casaron, luego vinieron por el vestido de comunión de los hijos y por el de la boda de éstos. Una costumbre en desuso. Sólo posible cuando el comercio en el centro lo protagonizaban negocios de cercanía.

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