Pentecostés municipal en los palcos de San Francisco

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Santa Entierro Grande Narraba el relato de la muerte de Jesús y marcaba la cuenta atrás: faltaban cincuenta días para las urnas. El candidato estaba en el palco, el alcalde en la procesión

El Señor de Pasión entrando en la plaza de la Campana durante el Santo Entierro Grande.
El Señor de Pasión entrando en la plaza de la Campana durante el Santo Entierro Grande. / Juan Carlos Vázquez Osuna
Francisco Correal

10 de abril 2023 - 04:00

Hacía casi veinte años que no iba a los palcos de la plaza de san Francisco para ver el gran teatro del mundo o en términos cinematográficos, película de George Stevens, Jean Negulesco y David Lean, la historia más grande jamás contada. Faltaban dos años para que naciera mi hijo, que esta vez me ha acompañado para compartir este relato de la Pasión de Cristo que es el Santo Entierro Grande. Le sugería un tema por si se decidiera a estudiar Historia del Arte: investigar en qué personajes se inspiraron los diferentes imagineros para los personajes centrales de esta historia y también para los figurantes. De dónde salieron los Judas, Caifás, Pilatos, Dimas y Gestas, Nicodemo y Arimatea. Ver al Cachorro con la Giralda al fondo y el Calvario dejando Sierpes, el mismo Cristo en diferentes secuencias, es un privilegio para el alma.

Otros tiempos. Por cada uno que se persigna, cincuenta hacen fotos con el móvil. Yo le llamo los rosarios porque son como sus cuentas, sus letanías icónicas. El palco de la plaza de San Francisco es como un tren. Un TransSevillano con un curioso paisanaje. El Sábado Santo empezaba el Pentecostés municipal. Faltaban cincuenta días para las elecciones locales del 28 de mayo, que además es Domingo de Pentecostés. Uno de los quince pasos era el Beso de Judas de la hermandad de la Redención que entre sus nombres recibe la del Rocío.

El Sevilla jugó con Cristo muerto y el Betis con el Señor ya resucitado

Eran como los tres tiempos de las musas de la estatua de Bécquer. En el palco, el alcalde del pasado, Juan Ignacio Zoido, y el alcalde del futuro, por ahora un futurible, José Luis Sanz, hermanados en una especie de hemiciclo cofrade. El alcalde del presente, Antonio Muñoz, no está en el palco. Como es presente de indicativo, está pasando en el momento y forma parte de la procesión del Santo Entierro. Acompaña al arzobispo de la diócesis, José Ángel Sáiz Meneses. A Muñoz no le han asignado dos auxiliares como al pastor de Matacanónigos. Las tres sillas de la presidencia están vacías. Me explica Joaquín de la Peña que no es por la ausencia del alcalde; es señal de luto porque el sábado es día de duelo por la muerte del Señor. Se ha cumplido la traición y el juicio injusto. En la procesión hay dos notarios, Pablo Gutiérrez-Alviz, como director de la Academia de Buenas Letras, y Amalia Cardenete, que representa al colegio Notarial. Y en el palco, por si Pilatos solicitara jurisprudencia, hay una ministra de Justicia, Pilar Llop, que no se pierde un detalle, y un juez que fue alcalde y ministro.

La comitiva del Santo Entierro Grande la cierra el palio de la Amargura, que con el primero, la Oración en el Huerto de Montesión, va a representar en este cortejo narrativo el último tramo de la calle Feria, el que va de San Juan de la Palma hasta Vizcaíno. El Domingo de Resurrección empieza la temporada taurina en Sevilla; en el Santo Entierro Grande del sábado junto al Ayuntamiento estaba el Tendido Sombra y en la parte que da al caserío de Hernando Colón y Francos el Tendido Sol. Suena la marcha 'Amargura' y distingo entre el público a la familia Prado: los padres y Reyes Prado, hermana del Silencio Blanco, reportera que un buen día probó fortuna en otros lares y se convirtió en una de las periodistas más populares de la televisión vasca. Aprendió euskera pero no perdió un ápice de sus raíces.

El Santo Entierro Grande ha coincidido con los cincuenta años de la muerte de Picasso. La noche del jueves, más de cuatro mil nazarenos de la Macarena pasaron por delante de la tienda de marcos de Marcelo Culasso, en la esquina de Feria con Relator. Lo único abierto era la churrería La Esperanza. La centuria desfilaba junto a un escaparate donde Marcelo hace su particular tributo al pintor malagueño: una serie de collages con la firma de actor y pintor y artista múltiple Miguel Caiceo. Como ese día se cumplían diez años de la muerte de Sara Montiel y Margaret Tatcher, la manchega y la dama de Hierro del Canal de la Mancha, uno se las imaginaba en uno de esos collages o caracterizadas como señoritas de Avignon. Una morena y una rubia, como reza la zarzuela.

El Viernes Santo había un armao de la Macarena esperando una cuadriga. Era el más alto de la centuria. Se llama Luis Cuervas, igual que su padre, el que fuera presidente del Sevilla y que falleció el 4 de noviembre de 2002. Lleva 29 años en la centuria y dice que ya se despide para dar entrada a nueva savia. Después de tantas horas, no estaba para muchas guerras púnicas. Cartago respiraba en la ciudad de Aníbal González. La Semana Santa tiene estas cosas. El Sevilla jugó el Viernes Santo con el Cachorro en la calle (el Cristo de Ruiz Gijón igual se pasa cuatro años sin salir por la lluvia con las cuentas de Comellas que sale dos días seguidos) y el Betis recibió al Cádiz (el Carnaval visitando a la Cuaresma) el Domingo de Resurrección. Cosas de Sevilla. Que suelten a Barrabás.

El domingo lo tenía todo: salía el Resucitado de Santa Marina, empezaban los toros en la Maestranza, jugaba el Betis en la Palmera. Si Cristo no ha resucitado, vana es la fe. El párroco de Omnium Sanctórum repetía las palabras de san Pedro, el que le negó tres veces. El gallina que hizo cantar al gallo. En su homilía habló de un thriller sobre la resurrección de Jesús protagonizado por Antonio Banderas y contó un episodio de John Fitzgerald Kennedy, el penúltimo presidente católico de los Estados Unidos de América.

El alcalde del pasado (2011-2015), el alcalde del presente (2021-…) y el alcalde del futuro (…-…). Una Sevilla tridimensional que entierra a Cristo a la grande, convierte sus calles en un Louvre donde Martínez Montañés, Castillo Lastrucci, Pedro Roldán, La Roldana, Ocampo o Ruiz Gijón le hablan de tú a tú a Picasso, que intenta atrapar con su pincel el can-can de cuadro de Degas que forman en la noche sevillana las plumas de los armaos de la Macarena.

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