Pérez Calero retoma el reto de Barrero

calle rioja

Inventario. Diez años después del tercer volumen, el Ateneo y Helvetia presentan la cuarta entrega del Diccionario de Ateneístas, un alegato contra los prejuicios sobre la institución.

Pérez Calero retoma el reto de Barrero
Pérez Calero retoma el reto de Barrero
Francisco Correal

15 de octubre 2015 - 01:00

DESDE Previsión Española, el edificio de Rafael Moneo, se ve la torre del Oro. Desde la portada del Diccionario de Ateneístas se aprecia la Giralda que pinta en la portada Antonio Zambrana. Ambos anhelos, la compañía de seguros Helvetia, representada por Francisco Javier García, y el Ateneo, se unen para hacer realidad el cuarto volumen de este inventario de socios. La sede de la calle Orfila fue antigua sede de Previsión Española.

Un centenar largo de semblanzas de ateneístas fallecidos. El salón de actos del Ateneo se llenó de público: muchos familiares, algunos autores de semblanzas. Al final, por Cuna esquina con Laraña, camina por un lado Manolo Vázquez, hijo de Manolo Vázquez Garcés, al que ha retratado con palabras Andrés Amorós, y sobrino de Pepe Luis Vázquez, a los que se une en este paseíllo de semblanzas Juan de Dios Pareja-Obregón; en otra dirección va Manolo Grosso, catedrático y crítico de cine, autor del perfil de su padre, el concejal Manuel Grosso Valcárcel que organizó la visita de Evita a Sevilla.

Tres directores de periódico habrían trazado magníficas crónicas del evento: Celestino Fernández Ortiz, José María Javierre y Manuel Ramírez Fernández de Córdoba. Tres reporteros, el número mágico de la Cabalgata, presentes en este diccionario que empieza en Julio Acal y termina en Juan Zapata Cubeiro. Todo periódico necesita de buenos críticos: de la crítica musical de este rotativo soñado se encarga Francisco Melguizo; de la crítica de arte, Manuel Lorente.

Béticos como Alfonso Jaramillo, sevillistas como José María Cruz. A dos pasos de los Panaderos y de Santa Marta, tres presidentes del Consejo de Cofradías: José Sánchez Dubé, José Carlos Campos Camacho, Luis Rodríguez-Caso. Iconos del callejero: Montes Sierra, González Abreu y Alberto Jiménez-Becerril, este último por el triste mérito de haber sido asesinado por un sicario.

Seis ex presidentes del Ateneo figuran en el diccionario: Manuel Bedmar, Gabriel Lupiáñez, Francisco Pagés, José Bores Lledó -cuya semblanza ha realizado Teresa Lafita-, José Monge y Bernal y Ramón Espejo y Pérez de la Concha, impulsor del premio Ateneo de Novela que en la noche del Planeta tantas veces trajo a Sevilla al editor Lara.

Un alegato contra los prejuicios ideológicos de quienes tachan al Ateneo de reducto de rancios: en esta nómina figura gente como Juan Garrido Mesa, que se echó sobre sus espaldas la rehabilitación del Salvador; Rafael Álvarez-Colunga, que financió el regreso del exilio de la Pasionaria; o Rafael Cid, que llenó Sevilla de rusos que asistieron hace casi tres décadas al mundial de Ajedrez que disputaron Karpov y Kasparov en el Lope de Vega.

Médicos, abogados, ingenieros, arquitectos. Notarios, el oficio del ateneísta Blas Infante, como Ángel Olavarría, que tuvo su despacho en esta misma calle Rioja, o Mariano de la Sota y Lastra, en cuya biblioteca se familiarizó con sus primeros libros su sobrino político, Luis Cernuda, uno de los protagonistas, por su ausencia, de la foto del 27.

Paco Gandía vuelve a su calle Viriato en las páginas de este Diccionario con poca presencia de mujeres, lista que encabeza la llorada Carmen Calleja, entusiasta de esta institución. Miguel Cruz Giráldez glosó a los grandes biógrafos: de aquí, como Marañón o Rodríguez Marín; de fuera, como Chesterton o Stefan Zweig. Vidas ejemplares, repitió con Plutarco. Vidas plenas, vividas y ahora revividas con presencia en una perpendicular de Cuna, como Francisco de Pelsmaeker, o en la fábrica Persán, como Francisco Yoldi Bereau. "Se dice como se escribe, porque nuestro padre era navarro y no francés", dicen casi al alimón Jesús y Manuel Yoldi; éste fue el último rector de la Universidad Laboral.

El doctor Pérez Calero, presidente del Ateneo, cogió una década después el testigo de los tres primeros volúmenes que acometió Enrique Barrero, cuya presencia dignificó el acto. A menos de tres meses de la Cabalgata de Reyes, tan unida al ateneísta y orfebre Fernando Marmolejo.

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