Poesía de luz para tiempos de oscuridad
calle rioja
Los palacios en los que nacieron Antonio Machado y Villalón están muy cerca de la casa en la que residió Juan Ramón Jiménez cuando adolescente vino a vivir a Sevilla.
EN tres palmos de terreno. Lo que se tarda en recorrer la distancia que separa el convento del palacio, el palacio de la casa particular. Aquí palpita la poesía en sus maestros más preclaros. Si Góngora y Quevedo pudieran elegir a quienes mejor les representaran en el último tercio del siglo XIX, no dudarían en señalar al poeta que nació en Dueñas el 26 de julio de 1875 y al que vivió en el actual número 26 de la calle Gerona en 1896. Cronológicamente, Antonio Machado (1875-1939) y Juan Ramón Jiménez (1881-1958) pertenecen a la generación del 98, tan norteña, con los vascos Baroja y Unamuno, el gallego Valle-Inclán y la brisa alicantina de Azorín, pero son los grandes maestros de la generación del 27, lírica del sur.
En la Antología de la generación del 27 que editó José Luis Cano en Austral, ocho de los doce poetas son andaluces, amén de las cátedras sevillanas de Salinas y Guillén (éste murió en Málaga). El primero por orden cronológico es Fernando Villalón (1881-1930), que completa este triúangulo mágico de poetas.
Si Antonio Machado nació de prestado en el palacio de Dueñas del que salió novia en sus terceras nupcias Cayetana de Alba, Fernando Villalón nace en un palacio (hoy convento de las hermanas de la Cruz) porque era conde de Miraflores de los Ángeles. La hermana portera no conoce al poeta y ganadero de Morón, pero se compromete a hablar con la madre superiora del gazapo que preside la placa natalicia del autor de Andalucía la Baja. En el rótulo le regalan veintidós años de vida al poeta cuya biografía trazó en espléndido libro su primo Manuel Halcón. No nació en 1861, como consta en la placa que colocó el Ayuntamiento de Sevilla en junio de 1968, sino en 1881, el mismo año que nace Juan Ramón Jiménez. Estudiaron el mismo curso en San Luis Gonzaga, colegio de los jesuitas de El Puerto del que también fue alumno Rafael Alberti.
Un cartero pasa por la casa en la que vivió Juan Ramón cuando tenía quince años. Abre la puerta Lidia Romero, paraguaya de Asunción, que leyó Platero y yo en Primaria. En la casa vive el matrimonio formado por un farmacéutico y una psicóloga ayamontina. El cartero ya va a la altura de El Rinconcillo. El 31 de mayo de 1925, Juan Ramón escribe una carta a Alberti para celebrar la aparición de Marinero en tierra, poemario que recibió el premio Nacional de Literatura con un jurado del que formaba parte Antonio Machado.
Unos turistas mallorquines de Felanitx están más pendientes de la puerta del palacio que de la placa del poeta, colocada en 1985 -acto en el que estuvo presente Ramón Carande-, placa en la que junto a la fecha de nacimiento se dice que "aquí conoció la luz, el huerto claro, la fuente y el limonero". Ni 98 ni 27. Estamos ante los poetas de la luz. En la placa de Gerona esquina con Feijoo donde vivió Juan Ramón, el Ayuntamiento quiere perpetuar su presencia "por su amor a esta ciudad donde descubrió la luz de la poesía" quien obtuvo el Nobel de Literatura en 1956.
Si Juan Ramón y Villalón comparten las aulas y recreos del colegio de El Puerto, Antonio Machado y el poeta de Moguer tienen en común el dolor del destierro. El que nació en Dueñas murió en Colliure el año que terminó la guerra civil; el que vivió en Gerona, 26, murió en Puerto Rico. El único que muere en su patria es Villalón, pero en 1930, un año antes de la proclamación de la II República, y no en 1932, el año que muere Ángela de la Cruz.
Poesía universal que se cuela por los muros del palacio, del convento o la farmacia del fortuito boticario juanrramoniano. Los dos maestros de aquellos poetas eran hijos estéticos del modernismo y a su modo padres putativos de quienes homenajean en Sevilla a Góngora convocados por Ignacio Sánchez Mejías.
Los poetas del 27 asumieron como maestro antes al compañero de Zenobia Camprubí que al de Leonor y Guiomar. Dice José Luis Cano que fue "el turbión de la guerra civil" el que elevó el predicamento de Machado, de quien el autor de la antología dice que sentía "muy poco entusiasmo por los poetas del 27". Frialdad que manifestó en su respuesta a una encuesta sobre la juventud que realizó Ernesto Giménez-Caballero, en su discurso de ingreso en la Academia, que no pudo consumar por culpa de la guerra civil, incluso en cartas íntimas a Guiomar.
Antonio Machado tiene 21 años cuando Juan Ramón viene a vivir a Sevilla. "Se profesaban respeto y estima", dice Fernando Ortiz, "siendo tan distintos. Cuenta Ricardo Gullón que en una visita en Soria a la casa de Antonio Machado, Juan Ramón, que siempre iba de punta en blanco, se sorprendió de ver en una silla un plato con dos huevos fritos". Los vecinos de Villalón aparecen juntos en manuales de literatura o libros como el de Ian Gibson Cuatro poetas en guerra (Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, Miguel Hernández). Tres andaluces, un oriolano y un irlandés.
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