Preparativos para el rito de la mantilla
Desde el vestido hasta la peluquería, muchos son los detalles a tener en cuenta para lucir el luto del Jueves Santo
"Para mí, el Jueves Santo empieza en la peluquería a las diez de la mañana y termina con los pies doloridos viendo Pasión". La de Isabel es una de las tantas historias que se repiten los Jueves Santos. Ayer, a la entrada de una zapatería, esta vecina de la calle Feria explicaba como ya lo tenía todo organizado: "Sólo tengo que recoger el vestido de la tintorería. Acabo de comprarme unos zapatos, porque los del año pasado eran demasiado altos".
Pese a que la tradición de vestirse de mantilla sigue siendo uno de los atractivos de esta semana, en los últimos años la venta de este artículo "ha decaído para su uso en la Semana Santa. Sin embargo, la venta de mantillas para las madrinas es mayor", afirma Patricia Foronda, de Feliciano Foronda.
Bien para promover esta costumbre entre las nuevas generaciones o para salvar la crisis, los escaparates de los distintos establecimientos especializados en mantillas y complementos lucen estos días ofertas del tipo: "Mantilla y peina 68 euros". "Un regalo, lo normal es encontrar mantillas a partir de los 100 euros (las más baratas)", comenta Mari Ángeles, que aunque ya no vista de mantilla lo hizo durante "muchos años" y que ayer acompañaba a su hija Ana María (35 años) para comprar una peina.
Los precios, tanto de la mantilla como de los complementos, varían de un extremo al otro, según las calidades, antigüedad y materiales. En cuanto a las peinas (o peinetas), las hay desde unos 30 euros (de plástico) hasta las de carey (cuyo precio puede llegar a sobrepasar los mil euros). Entre unas y otras, las elaboradas con acetato de celulosa, material flexible cuyo brillo imita al del carey y al nácar y en las que tanto el calado como el burilado es trabajo de marquetería (los precios rondan, si son artesanas, los 100 euros).
Las modas, con el paso de los años, también han influido en esta tradición de la mantilla. Patricia Foronda aclara a este respecto: "Antiguamente se llevaba la manola o sevillana (pieza con óvalo central rodeado por volante) que ya no se ve, o la triangular (la producción hoy es poca y a mano)".
En la actualidad, la más común es la de velo de toalla (rectangular de 1,20 por 2,50 metros o de 90 centímetros por dos metros), en blonda o chantilly (imitación de chantilly, porque la fabricación de este tul ya ha desaparecido, por lo que se ha fusionado en lo conocido como blonda fina).
El precio de la mantilla también oscila dependiendo de su ejecución a mano o a máquina. Desde 100 hasta los 400 euros si es a máquina y desde los 800 hasta los 4.000 euros si está tejida a mano.
A todo este presupuesto tiene que sumarse peluquería (donde, además del peinado, se coloca la peina y la mantilla junto al broche que sostiene a ambas), los zapatos de salón, medias negras, vestido negro por debajo de la rodilla, pendientes, bolso pequeño, guantes y rosario (estos dos últimos complementos son opcionales). Todo para cumplir con un rito que, aclara Ana María, "sale caro si lo renuevas todos los años, pero lo normal es heredar, al menos, la mantilla y la peina de tu madre o abuela".
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