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Producción, almacenaje y descarga

  • Ana María Gómez Palomo. Estudió Ingeniería en Tarrasa y Madrid. Se casó con un dentista de Coria y trabaja en la refinería de Repsol en Palos de la Frontera. La estela de una hija de emigrantes.

EL Cid Campeador planea por el mapa de Castellón con topónimos como Villafranca del Cid o Lucena del Cid. Ésta es la historia de una Jimena que vino de visita a Sevilla con sus padres cuando tenía diez años. "Era marzo, aprovechando las fiestas de la Magdalena". Ana María Gómez Palomo (Castellón de la Plana, 1985), es hija de emigrantes y el viaje forma parte de su vida.

Su padre, madrileño, y su madre, extremeña de Casar de Palomero (Cáceres) se conocieron en Barcelona. Allí se casaron, en la cripta de Gaudí. Una palabra clave en su trayectoria profesional, refinería, trasladó a sus padres desde la Ciudad Condal a Castellón. Es la tercera de tres hermanas. Antes nacieron Silvia y Vanessa. Con ocho años, justo después de hacer la primera comunión, cambia el Maestrazgo por el corazón de Europa. "A mi padre le salió un trabajo en Bruselas, y allí estuvimos dos años".

La ingeniería es estandarte familiar. Silvia, su hermana mayor, se fue a Barcelona a estudiar Ingeniería Química. Ana María empezó Ingeniería Industrial en la Politécnica de Tarrasa. En segundo curso se traslada a Madrid. Bajando, bajando, llegó al sur. El destino se le apareció primero en un café, el Bohemia, y después en una discoteca, El Doblón, en la localidad madrileña de Villaviciosa de Odón. Allí conoce a un sevillano de Coria del Río que estudiaba en Madrid Odontología.

Se casan en Castellón y después de una luna de miel por la costa Oeste de los Estados Unidos y las islas de la Polinesia, se viene a vivir a la tierra de su conquistador. Porque toda conquista sentimental va acompañada de una conquista geográfica como las reflejadas en la mayoría de los bancos de la plaza de España. Su particular reconquista la verifica con un trasiego de municipios.

La joven igneniera trabajó en Abengoa y vivían en Mairena del Aljarafe. Se incorpora a Repsol, en la refinería de Palos de la Frontera, como ingeniera de Procesos, y la pareja se muda a Bollullos del Condado. En Tomares encontraron la solución salomónica a tanto kilometraje. Su padre, tres hijas y cuatro nietas en el arcano familiar, está a punto de jubilarse. Ana María pasó de ingeniería de Procesos a ingeniería de Optimización. En ambos departamentos, mentís al cliché masculino de las ciencias, son más las féminas que los hombres.

En la patria chica de su pareja, Coria del Río, ha conocido a valencianos que llegaron por la ruta del arroz. Le gusta la música, "toco el piano", más el teatro que cine; los niños y los animales, "soy cliente vip de El Castillo de las Guardas". Recorremos con ella el litoral de su provincia, preñado de referencias culturales: la velada de Benicarló de Azaña, el festival de cine de Peñíscola, donde Berlanga rodó Calabuch, el turismo de élite de Oropesa, la música alternativa de Benicasim, donde de adolescente, "tendría 15 ó 16 años", recuerda un concierto de Chemical Brothers.

Después de cinco años de carrera, tuvo que hacer un proyecto. Lo hizo en inglés, un trabajo en tiempo real sobre un FPSO (Floating, Production, Storage and Offloading: Unidades Flotantes de Producción, Almacenaje y Descarga). Un proyecto muy ambicioso que realizó con una beca de Repsol sobre un barco que actúa de plataforma de extracción con cuatro supuestos, entre ellos gas y petróleo. Una Jimena industrial en el corazón de los lugares colombinos, alfa y omega de Cristóbal Colón, complemento oceánico del mesetario Rodrigo Díaz de Vivar.

En la sociología de los desplazamientos, está poco estudiado el amor como detonante de conductas migratorias. La hija de los jóvenes que emigraron a Barcelona, José Juan y Ana, llegó a Bruselas con la primera comunión hecha, con la instrucción del colegio de monjas de la Consolación, y todo cambió en la discoteca de un pueblo de Madrid. Un encuentro propiciado inicialmente por un primo de esta ingeniera de Castellón.

De las tres hermanas, sólo Vanessa, la del medio, se quedó en la ciudad matriz, casada con un joven de Villarreal, el topónimo de esa provincia que más sale en los noticiarios por la relevancia balompédica de su equipo, que compartirá con el Sevilla un sitio en el bombo de los dieciseisavos de la Liga Europa mañana en la ciudad suiza de Nyon. Silvia, la hermana mayor, se casó con un catalán y viven en Madrid.

Su padre es un enamorado de Sevilla. Fue el que propuso aquel viaje iniciático que Ana María hizo con diez años. "Visitamos también Córdoba y Granada". Una familia muy refinada a la que representa esta ingeniera que iguala en su itinerario residencial Bruselas con Mairena del Aljarafe, Bollullos del Condado, Palos de la Frontera y Tomares.

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