Quevedo también estuvo en Lepanto

Calle Rioja

Una casa de San Martín da a las calles Cervantes y Quevedo, en zona por donde pasean los fantasmas de Fernando de Herrera, Juan de Mesa y Valdés Leal.

Francisco Correal

Sevilla, 25 de febrero 2011 - 09:06

Puerta a Cervantes, balcones a Quevedo. Ismael Páez, 19 años, es un joven anticuario que vive en una situación privilegiada. Todos los días, sin salir de casa, asiste a un diálogo entre don Quijote y el Buscón. Dos nombres del Siglo de Oro que conviven en el callejero y se juntan en esta casa. El compás de la misma es el que marca la trayectorias de sendas calles, Cervantes hasta Santa Marta; Quevedo, hacia Lepanto. No está mal el descubrimiento: Quevedo también estuvo en Lepanto. Está, como le consta a los carteros.

"Hasta no hace mucho, lo que es una ventana entre las dos calles era una puerta", dice el capiller de San Martín. Los dos escritores, inmortalizados en el callejero, asisten cada Miércoles Santo al duelo de saetas en cada apoteosis de la Lanzada, que sale por Saavedra y vuelve por Cervantes.

El padre del anticuario nació en Sevilla, donde se supone que comenzó la redacción del Quijote. Susi, su madre, es de Barcelona, donde transcurre el descomunal lance en la playa de Barcelona que le hace decir al ingenioso hidalgo: "¡Aquí fue Troya!". Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645). Dos autores hermanados por su tiempo y por otras cosas. Cervantes y Quevedo es el título de una obra de Francisco Ayala. Uno fue manchego de ficción y de Dulcinea (de El Toboso); el otro, de tumba, enterrado Quevedo en Villanueva de los Infantes. Uno anduvo en correosos pleitos con Lope, el otro con Góngora. Un Cervantes jugó en el Betis y un Quevedo en el Sevilla.

Ismael está de faena doméstica en la terraza por la que aletean los fantasmas cervantinos y quevedianos. Ve la Lanzada como pocos, aunque es hermano de la Amargura, unida a esta plaza por la calle Viriato en la que vivió el gran Paco Gandía, Sancho Panza del siglo XX que tuvo en Pepe da Rosa a su particular don Quijote. Es Longinos un caballero romano trasplantado al Nuevo Testamento según Sevilla.

Esta zona de la ciudad es un laboratorio de un esplendor que se fue. Biografías que impregnan las nuevas pisadas, los ecos recientes. En 14 años, los que van de 1583 a

1597, fueron coetáneos Cervantes y Quevedo de Juan de Mesa (1583-1627), enterrado en San Martín, y de Fernando de Herrera (1534-1597), comentarista de Garcilaso de la Vega que desempeñó funciones de beneficiado en Santa Marta. Más moderno, de las postrimerías del XVII, es Valdés Leal (1622-1690), que recibió sepultura en este mismo templo. Para certificar el clasicismo de estas calles, una cita en latín de San Isidoro preside la puerta trasera que da a la calle Cervantes del instituto que lleva su nombre y del que llega el alegre bullicio de los afanes deportivos: Doctrina sine Vita arrogantem reddit. Vita sine Doctrina inutilem facit. El saber, sin vida, nos vuelve arrogantes. La vida sin el saber nos hace inútiles. Arrogantes e inútiles.

Más que de Quevedo o de Cervantes, el anticuario que vive entre tan universales referencias es lector "del tío ese del Código da Vinci". Don Quijote vería colmadas sus demandas de posada en la calle que lleva el nombre de su autor. El hotel Cervantes ocupa dos inmuebles, uno de ellos con cuatro estrellas y la rúbrica Best Western. El mejor Oeste. No en vano, el estado de California debe su nombre a un personaje del Amadís de Gaula con cuya lectura empezó a perder el sueño y el juicio el tío de su sobrina.

La calle Quevedo es más sobria en esos menesteres de la fonda. Tiene, eso sí, una academia de baile a nombre de Juan Triana y una fontanería que en los años 80 abrieron los hermanos Guillermo y Francisco Pazos, que en esa década jugaban al fútbol en los campos de San Benito que el ingenio moderno transformó en estación ferroviaria de Santa Justa con vistas a las llanuras manchegas en las que moran las criaturas de Cervantes y el creador de las más mordaces sátiras.

Cervantes y Quevedo se bifurcan y las une Don Pedro Niño. Hay casas en obras de la constructora Alameda del Sur, que suena a campo de Agramante.

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