Rally de arquitectos Dubai-Dakar

calle rioja

La sede de Fidas acogió una mesa redonda con el testimonio de jóvenes arquitectos sevillanos que responden a la crisis con su presencia en proyectos foráneos

Francisco Correal

30 de mayo 2013 - 01:00

MENOS en Oceanía, estos arquitectos tan jóvenes como los finlandeses que hicieron el pabellón del 92 que es sede de Fidas (Fundación para la Investigación y Difusión de la Arquitectura) han trabajado en todos los continentes. Proyectos en Dubai y Taiwán (Tomás Osborne), en Dakar, Senegal (Pedro Reguera), en Moscú (Gonzalo Cantos) o dando clases en Panamá y Guatemala (Ana Coronado).

Estos cuatro arquitectos sevillanos, junto a la rumana Alina Salavastru, una políglota de 27 años que nació el mismo año que el Steaua de Bucarest le ganó al Barça la Copa de Europa en Sevilla, participaron ayer en un coloquio sobre La internacionalización del joven arquitecto que moderó Sebastián Clavijo, responsable de Empresa e Internacional del Colegio de Arquitectos.

"Lo antinatural es no emigrar, que las cosas estén quietas". Gonzalo Cantos predica con el ejemplo. Ha vivido en Holanda, Bélgica, Austria, Dinamarca, México y participa actualmente en proyectos para Marruecos, Rusia y la República Checa. Refuta complejos y anima a mirar el ejemplo de México, "la primera ciudad global, que hicieron arquitectos españoles. Si vamos a Perú, vemos lo que hicimos allí, que se nos ha olvidado, como si fuera la primera vez que salimos".

Alguno salió con reincidencia. A Tomás Osborne le denegaron un erasmus, pese a lo cual aparcó el proyecto fin de carrera y se fue a Londres. En un tablón de anuncios del Colegio de Arquitectos de Cádiz vio una oferta para Abu Dhabi y ahora trabaja en la Ciudad del Pop de Taiwán, en la zona más sísmica de la tierra.

Pedro Reguera empezó a estudiar Francés cuando por un contacto le aprobaron un proyecto para Dakar, la capital de Senegal. La crisis le ha facilitado un aliado fortuito. "Un constructor sevillano ha desmontado su planta hormigonera y se la lleva a Senegal".

Dos meses después de terminar la carrera, Ana Coronado llegaba a la Universidad de Panamá para impartir un curso sobre Arquitectura. Del país con el mayor índice de crecimiento pasó a uno de los más pobres, Guatemala, que sin embargo conserva un patrimonio histórico intacto. "Allí el trabajo del arquitecto es subsidiario del ingeniero".

Hacía un máster de dirección de empresas y trabajaba de camarera. Alina Salavastru conoció al jefe de la empresa para la que trabaja en Sevilla, con filial en Rumanía, del que llegó con diez compatriotas con una beca Leonardo. Estudia Alemán y le sorprende el flojo nivel de inglés de los españoles, que atribuye a las monjas y las películas dobladas.

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