Sevilla

Sevilla abre el debate sobre la imposición de una tasa turística

  • El sector estudia la medida, que permitiría ingresar al año al menos cuatro millones de euros para promoción de la ciudad Sólo los hoteleros rechazan en principio esta iniciativa

El debate se ha abierto en Sevilla y, aunque no existe todavía un consenso, el sector turístico reflexiona en estos momentos sobre la imposición de una tasa que se cobra ya en muchas ciudades a los turistas. Su objetivo es finalista, pues el dinero que se recauda se destina únicamente a la promoción de la capital o, en cualquier caso, a la mejora de sus monumentos y servicios. Una decena de representantes del sector se han reunido recientemente en Sevilla, en el marco de la Cámara de Comercio, para abordar esta cuestión y poner a rodar el debate público necesario para adoptar una decisión.

La iniciativa, discutida y cuestionada anteriormente en diferentes comunidades autónomas pero que sólo ha calado por ahora en Cataluña, llega en un momento dorado para el turismo en la ciudad hispalense, que mes tras mes bate récords de visitantes desde hace más de un año. Las buenas perspectivas obligan al sector a buscar nuevos mercados y captar nuevos turistas, consciente de que el turismo es un motor económico clave para la capital y la provincia. Para ello hace falta invertir en promoción y los fondos con los que cuenta el Consorcio de Turismo de Sevilla para este fin no llegan al millón de euros. Una cifra que podría multiplicarse hasta por cuatro con el cobro de una tasa a turistas, que no sólo dejan dinero sino que generan también gastos, si se contempla un precio medio de un euro por noche y visitante, según las últimas estadísticas y balances.

Éste es el principal argumento que ha servido para iniciar el debate donde, de entrada, los únicos que han mostrado un mayor recelo son los hoteleros sevillanos. Por un lado, consideran que su negocio podría verse resentido por este impuesto y, por otro, se resisten a hacer de recaudadores oficiales, pues esta tasa tendría que abonarse en los propios establecimientos, bien dentro o fuera de la factura del cliente. Argumentos que los partidarios de este gravamen rebaten con datos de la experiencia que ya existe en España. En concreto, en Cataluña la tasa turística se impuso en 2012 y en los dos años siguientes la cifra de visitantes extranjeros, lejos de disminuir, aumentó un 20%. Y se recaudó por la citada tasa más de 40 millones de euros al año.

De hecho, esta medida es vista con buenos ojos por el resto del sector en Sevilla, desde agentes de viajes a hosteleros, guías y empresas turísticas, al igual que por los representantes de la Administración, según se hizo constar en esa primera reunión. Un foro donde ya se dejó claro que los ingresos se destinarán exclusivamente a promoción del turismo, con la única salvedad de restauración del patrimonio o mejora de monumentos. El siguiente paso sería discutir la fórmula para aplicar este tributo. La intención es que sólo paguen los turistas, no los sevillanos, y la idea inicial es que el precio medio sea de un euro por noche y visitante. El cobro, no obstante, podría ser progresivo, en función de la categoría del alojamiento, o fijarse como un porcentaje en la factura. También hay ciudades que cobran sólo dos noches y dejan exenta la tercera, por ejemplo.

El debate sólo se ha iniciado, como en su día ocurrió también en Valencia o en Madrid, aunque en ningún sitio ha prosperado por ahora. La primera experiencia corresponde a Baleares, que en 2001 impuso esta medida con el concepto de ecotasa para poder invertir en medio ambiente. Su aplicación llegó con mucha polémica y, de hecho, estuvo en vigor sólo hasta que el PP regresó en 2003 al poder y derogó la ley. En los veranos de 2002 y 2003, se recaudaron 160 millones y con estos fondos se compraron espacios naturales y fincas de alto valor que ahora son de uso público. En Andalucía, de momento este debate no está en la agenda y el PP ha reiterado recientemente su oposición a una iniciativa que, eso sí, es una tendencia en el mundo.

La tendencia a algo ya viejo en Europa

Una veintena de países europeos cobran actualmente la tasa turística. En el caso de ciudades como París o Roma se hace desde hace décadas. En concreto, en Francia la llamada taxe de séjours se remonta a 1910, cuando comenzó a cobrarse para disponer de dinero con el que realizar promoción turística y mejora de infraestructuras para los visitantes. Aunque se extendió en 1994. En Italia, la tassa di soggiorno se cobra en centenares de municipios. Pero lo que varía es la forma de gravar a los turistas con esta tasa. En las ciudades francesas se aplica de manera progresiva, según la categoría del alojamiento, pues se cobra incluso en los campings y, según los últimos datos consultados, oscila entre los 20 céntimos y los cuatro euros por noche. Algo similar ocurre en Italia. En Roma algunos establecimientos cobran hasta 7 euros por pernoctación, después de que el año pasado se decidiera una subida importante de este impuesto. En Venecia, por ejemplo, hay alojamientos que sólo cobran 50 céntimos y, en Florencia, otros donde el mínimo es 1,5 euros.

En ambas ciudades, la tasa se sitúa en cinco euros la noche. Milán por ejemplo, fue de las últimas ciudades italianas en incorporar la tasa, que se cobra desde hace tres años. Es una medida también extendida en Estados Unidos e incluso en ciudades de Marruecos. Destinos como Ámsterdam, al igual que otros americanos, han empezado a cobrar la tasa a los apartamentos turísticos y habitaciones arrendadas en pisos particulares, un debate que también se ha abierto en Cataluña, dada la proliferación de este tipo de alojamientos. Uno de los últimos países en unirse a la tasa por pernoctación turística ha sido Túnez, que obliga a sus visitantes a pagar dos dinares, menos de dos euros, por noche. Hasta el doble se llega a pagar en Dubái desde el año pasado. Las islas Maldivas aplican una tasa del 3,5% del precio del hotel, alquiler de veleros, escuelas de buceo y otros gastos habituales entre los turistas. Y en Berlín también se cobra un porcentaje. La tasa también existe en ciudades de Suiza, Austria, Países Bajos o Grecia.

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