"Soledad dijo que si me mordía la lengua me envenenaba"

Plaza Nueva · Francisco Moreno Franco

Bético, macareno, guerrista. Pasó por el Ayuntamiento, el Senado y el Congreso para volver a la Universidad. Fue primer teniente de alcalde en el segundo mandato del socialista Manuel del Valle.

"Soledad dijo que si me mordía la lengua me envenenaba"
"Soledad dijo que si me mordía la lengua me envenenaba"
Francisco Correal

18 de septiembre 2016 - 01:00

Entre la física de Felipe y la química de Guerra, Francisco Moreno (Sevilla, 1949) estuvo cuatro legislaturas de senador (1982-1996) y una de concejal.

-En 1987 sigue Manuel del Valle, pero sin mayoría absoluta...

-Fue complicado; vistos los resultados, se hizo un buen trabajo.

-¿Es justa su reputación de martillo de la oposición?

-Tenían unos líderes muy cualificados: Soledad Becerril, Alejandro Rojas-Marcos, Adolfo Cuéllar.

-Salvo Cuéllar, los demás llegarían a la Alcaldía de Sevilla.

-En los debates había una extremada dureza, pero también una excelente relación. Soledad trabajaba muy concienzudamente, jamás hacía una intervención sin saber de lo que estaba hablando. Alejandro era la intuición y la ironía con muchísimo menos trabajo detrás. Adolfo Cuéllar era un personaje propio de la heterodoxia sevillana, un conservador extraordinario, divertido.

-Muy bético, como usted.

-Nos unían algunas cosas más. No teníamos carné de conducir y dependíamos de nuestras mujeres para nuestros desplazamientos. Nos unía una ligazón, en su caso orgánica, en el mío sentimental, con la Carretería.

-¿Un personaje de esos años?

-Eduardo Chinarro, jefe de gabinete de la Alcaldía.

-¿Como sacerdote que era fue su confesor?

-Tenía una extraordinaria comprensión para las flaquezas humanas.

-¿Pecó de blasfemia?

-Nos decíamos cosas muy duras en los plenos. Soledad Becerril llegó a decirme: "Si te muerdes la lengua, te envenenas". Y Alejandro reaccionaba con regocijo y nerviosismo cuando lo nombraba con sus dos apellidos: Rojas-Marcos de la Viesca. Con Alejandro más de una vez vimos juntos la vuelta de la Macarena por la calle Parras.

-En el Senado fue compañero de escaño socialista del poeta y editor Carlos Barral.

-En las más de cuatro mil enmiendas que el PP presentó a la LODE (Ley Orgánica de Defensa de la Educación), Barral se pidió la réplica a las de Robles Piquer. El cuñado de Fraga fue censor y en una de sus obras le cambió, en referencia a un gobernador civil, la expresión so ballena por so cetáceo.

-¿Qué tal con el alcalde?

-Éramos suficientemente distintos como para ser complementarios. Yo era consciente de que Manuel del Valle tenía mi confianza y él de que tenía mi lealtad.

-Ni bebía, ni fumaba ni decía palabrotas...

-En lo único en lo que Del Valle es británico es el sentido del humor.

-¿Un hito de ese mandato?

-No hay ninguna ciudad en España donde se aprobara el PGOU en una sola legislatura.

-¿Les condicionó la pre-Expo?

-La Sevilla de hoy arranca de allí.

-La ciudad de Cita en Sevilla...

-Había que negociar con el interventor libramientos a justificar a posteriori de cien millones de pesetas para las contrataciones, pernoctaciones y caprichos de los artistas. No hay funcionario que ejemplificara lo que debe ser un gran funcionario como don Francisco Pimentel, el padre del ex ministro. En el Ayuntamiento jamás nos tuteamos, pero es un ejemplo perfecto de cómo desde el rigor y posiblemente desde una ideología en las antípodas de la mía se puede ser eficaz para el ciudadano y grato para el interlocutor.

-Guerrista, bético, macareno...

-Nací en la Cuesta del Rosario. Mi madre murió cuando yo tenía 5 años y me fui a vivir con unas tías suyas en la calle Placentines. Su padre, una especie de bisabuelo, tenía un cargo importante en la Macarena y allí veíamos una Semana Santa de otra época, con fuentes de pestiños y copas de aguardiente en la disolución del cuerpo de nazarenos a la salida de la Catedral. En mi familia había predilección por el Cristo del Calvario y la Virgen de la Macarena.

-¿Le propusieron seguir?

-Agradecí la sugerencia de Luis Yáñez, pero terminé agotado.

-¿Alguna vez le contó Barral cómo se le escapó como editor 'Cien años de soledad'?

-Le ponía de muy mal humor hablar de eso.

-Catorce años en el Senado, el tiempo de Felipe en la Moncloa, pero siempre fue guerrista...

-Yo he sido siempre socialista. Sí es cierto que mi manera de concebir la política tiene mucho que ver con cómo la ve Alfonso Guerra.

-¿Y es bético como él, que dijo que lo era como todos los sevillanos a los que no les gusta el fútbol?

-En mi caso tiene más que ver con la infancia y con la melancolía de los transistores.

-¿Por qué dejó la política?

-Para volver a la Universidad.

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