Calle Rioja

Soledad llenó la biblioteca y el gallinero

  • Fue la primera en muchos sitios: el Ministerio de Cultura, la alcaldía de Sevilla, Defensor del Pueblo, pero Soledad Becerril cede sus vivencias a la voz coral de la Transición

Soledad Becerril entra en la Biblioteca Infanta Elena para presentar su libro. Soledad Becerril entra en la Biblioteca Infanta Elena para presentar su libro.

Soledad Becerril entra en la Biblioteca Infanta Elena para presentar su libro. / Belén Vargas

EN la portada sale de joven ministra, primera en España desde Federica Montseny, imagen de Juan Gyenes, fotógrafo de origen húngaro que murió un mes antes de que Soledad Becerril (Madrid, 1944) fuera alcaldesa de Sevilla. En las páginas interiores, álbum de su paso por la política, incluida meses antes de ministra, tapada por Lavilla y Bono con Tejero sujetando una pistola en la presidencia del Congreso el 23-F. En la presentación de Años de Soledad (Galaxia Gutenberg), Ignacio Camacho se queda con una imagen que eclipsa el resto, “para mí siempre será aquella dama vestida de negro que simbolizó el dolor de Sevilla”.El dolor del 30 de enero de 1998, cuando dos etarras asesinaron a Alberto Jiménez-Becerril y a Ascensión García Ortiz. En primera fila, Teresa Barrio, madre y suegra de las víctimas. La víspera, lo cuenta Soledad en el libro, Alberto fue a escucharla a la conferencia sobre la Transición que dio en el colegio mayor de los Salesianos. No volvió a verlo con vida. Pide que en Secundaria se estudie el terrorismo etarra y se le dé voz a las víctimas, “Eta no luchó contra el franquismo, sino contra España”.

Años de Soledad es un canto a la Transición. “El título me lo sugirió mi hermana Mariángeles”. La ministra que creó el Museo Reina Sofía –uno de sus directores fue José Guirao, titular de dicha cartera– defendió en la Biblioteca Infanta Elena la democracia parlamentaria garante “de la estabilidad y la unidad de España”. “Las alternativas son nefastas”.

Le dedica el libro a sus nietos Sole, Celia, Gaspar, Inés y Pedro. Una dedicatoria simbólica porque se decidió a escribir este libro “para contar con un lenguaje sencillo a generaciones más jóvenes que la mía la Transición”. Un ejercicio de inteligencia y de generosidad que es puesto en solfa “por ignorancia”. Cree que los españoles deberían conocer la historia del siglo XIX y los dos primeros tercios del siglo XX, tiempos de asonadas militares, constituciones efímeras, dependencia exterior y retraso interior.

La ciudad y los libros. La presentación seguía al pie de la letra el título del primer epígrafe de su primer capítulo. Llegó a Sevilla con 27 años y la hizo suya con paseos y con libros. Algunos de los autores allí presente, como Enrique Valdivieso. Mujer más de bibliotecas, diría Camacho, que de bares, aunque en esta obra cuenta sus incursiones en el Morapio y su pringá. También otros escenarios míticos, como la tertulia que acogía Ramón Carande en su casa de la calle Álvarez Quintero.

A la presentación acudió Manuel del Valle, a quien le hizo oposición en 1987. “Fue mucho más difícil la relación con mi socio”, dijo sin nombrarlo de Alejandro Rojas-Marcos. Lo cita en el libro porque protagonizó con Antonio Fontán y Santiago Roldán un reportaje en la revista La Ilustración Regional, de la que Soledad Becerril fue una de las fundadoras, que obligó a su secuestro por la autoridad.

Años de Soledad “al final las decisiones las tiene que tomar una sola”. Como ministra, dio el Cervantes a Octavio Paz y formó parte del jurado que eligió a Luis Rosales. Le tocó el Mundial de España 82, “del papel de la selección no me siento responsable”. Metáfora de la derrota de la UCD en las autonómicas de mayo del 82, preludio del declive del centro del campo. Rinde tributo a Joaquín Garrigues Walker, que salió airoso de un mitin en el cine Olimpia del Cerro del Águila. Nació el año del desembarco de Normandía. Ayer desembarcó en Sevilla con un libro donde no ajusta cuentas con nadie. Ministra, alcaldesa, senadora, diputada y Defensora del Pueblo por acuerdo de Soraya y Rubalcaba. Acudió Diego Gago Ocaña, su chófer en los años municipales.

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