Plaza de España · Gerona

Viaje de El Bulli a Casa Eulogio

  • Victoriano Caballero Sanz. Nació y ha vivido en cuarteles de la Guardia Civil de Cataluña, Andalucía, Extremadura, León, Galicia y Valencia. En Sevilla se 'bajó' del tricornio e hizo Filología Inglesa.

DIONISIO Caballero Palma cumple 90 años en mayo. Manuela Sanz Palma los hace en octubre. Son primos hermanos y marido y mujer con el beneplácito de Roma. Dionisio, extremeño de Orellana la Vieja, ha sido toda su vida guardia civil; Manuela, nacida en Planolas (Gerona), es hija de carabinero, los que se dedicaban a la custodia de la frontera. Dionisio y Manola, nombre familiar, son los padres de Victoriano Caballero Sanz (Rosas, Gerona, 1957), hijo del cuerpo, alma de libro. Pasó por una legión de oficios y lleva casi treinta años asistiendo a desempleados.

Nació en el cuartel de la Guardia Civil de Rosas, el enésimo destino de su padre. "Mi hermana mayor, Juana María, nació en Toledo; Agustín, el pequeño, nace dos años y medio después que yo en Palamós, donde se trasladó la familia". Un topónimo con resonancias balompédicas, pero sobre todo del atlas del Cuaderno Gris de Josep Pla, paisano de Víctor, apócope de los afectos, por imperativos de la Benemérita.

Rosas, Palamós... pero se iba a hacer del Barça lejos de Cataluña. El guardia civil y la hija del carabinero siguieron haciendo mudanzas con los tres niños: Caños de Meca, en Cádiz; Hervás, reducto patrimonial de la cultura judía en Cáceres; Oseja de Sajambre, León. Sin salir de esta provincia, un destino fundamental: Cistierna, cerca de los fantasmas de Riaño. "En Cistierna pasamos diez años, mi niñez, la nieve, allí nos hacemos del Barcelona mi hermano Agustín y yo".

Desde Cistierna va a realizar el primer regreso a su Rosas natal. "Fue en 1967. Viajamos los tres hermanos con mi madre y ese verano lo recuerdo como el paraíso perdido de la infancia. Fuimos a Mestalla a ver un Valencia-Madrid del que recuerdo la calva de Guillot y el Madrid yeyé". En Rosas se quedaron en casa de su tía Herminia, que puso fin a su soltería casándose con Agustín Buscarons, presidente de la cofradía de Pescadores de Rosas. El mismo que una década después, "él catalán de pura cepa, periquito del Espanyol, yo catalán de casualidad y del Barça", medió para que este inquilino de cuarteles trabajara un verano, justo al terminar la mili -campamento en San Fernando, cabo teletipista en Vigo, marino de secano en Madrid- de camarero en la Costa Brava, cuando El Bulli de Ferrán Adrià era una entelequia. Eco de guiris y una canción de Dire Straits.

Su primer sueldo lo cobró en la Transmediterránea, donde trabajó de camarero de barco, haciendo camas, arreglando camarotes, en las travesías Barcelona-Menorca y Barcelona-Canarias. Además de Cistierna, otro destino fundamental antes de su asentamiento en Sevilla será Gandía, la patria chica de Ausias March, uno de sus poetas de cabecera. En la tierra de la fideuá fue celador de hospital, basurero, trabajador de la banca, amén de una incursión de camarero en Ibiza.

Hizo dos oposiciones y las aprobó las dos. Entre auxiliar en Zaragoza y administrativo en Sevilla, eligió la segunda. Llegó en enero de 1986 y se incorporó a la oficina del Inem en Los Remedios. Después de tanto trasiego familiar, casi una década después a él lo trasladan a la oficina de la calle Febo, en Triana. Se entera después de unas vacaciones en Matalascañas el verano de 1994, cuando la efímera euforia por el gol de Caminero a Italia despertó a su hijo Pablo, tres meses, que rompió a llorar como preludio de la eliminación en el Mundial de Estados Unidos.

Conoció a Pilar de la Salud en una cita a ciegas el 4 de julio de 1987. Trabajaba en Galerías San Sebastián, es la madre de sus hijos Pablo y Victoria. Flechazo rápido, noches en La Recua, boda, luna de miel en París. El sí quiero lo convirtió en yerno de Eulogio y Pilar, y los domingos echaba una mano en el bar familiar de la calle Lumbreras sirviendo el petisú de espárragos, la bola picante, los dátiles con bacon y ese aliño de macarrones fríos cuya fórmula nunca descifró Adrià.

Con los vaivenes de las cifras del paro, cambió de oficinas. En la actualidad, trabaja en la administración número 10 de Gonzalo Bilbao, en la Tesorería General de la Seguridad Social. "Las prestaciones nunca se transfirieron, yo nunca he sido autonómico". Es sevillano a su manera. "Sevilla tiene el peligro de que convierte en tópico hasta los anti-tópicos".

Nació en Rosas, donde acaba la novela Recuento de Luis Goytisolo. "Yo creo que su obra merece más el premio Cervantes que la de su hermano Juan". Cuando llegó a Sevilla, la primera noche la pasó en el Hotel Inglaterra. "Al día siguiente, estaba en la Pensión Gloria". En 1992, año de la Expo y mojitos en el pabellón de Cuba, se licenció en Filología Inglesa. Lee a Huizinga en inglés, La Divina Comedia en italiano y aprendió alemán por libre.

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