El abrazo del alma

parricidio en alcolea del río

La víctima del crimen, María del Rosario Luna Barrera, recibe por fin sepultura en el cementerio de Sevilla, seis días después de que se hallara el cuerpo en el cauce de un arroyo

Ángel Luna abraza a Javier, policía local de Alcolea del Río, al que le agradece su trabajo para esclarecer el crimen.
Ángel Luna abraza a Javier, policía local de Alcolea del Río, al que le agradece su trabajo para esclarecer el crimen. / J.c. Vázquez
Fernando Pérez Ávila

12 de mayo 2017 - 08:42

El abrazo del alma es el título de una de las fotografías más famosas de la historia. La hizo el fotoperiodista argentino Ricardo Alfieri en la final del Mundial 78, un instante después de que el árbitro diera por concluido el partido. Argentina había ganado a Holanda y se convertía en campeona del mundo de fútbol en su país. Dos jugadores argentinos, el portero Fillol y el defensa Tarantini, se arrodillaban y abrazaban en el suelo. Hacia ellos corría un espectador que se había saltado al campo aprovechando la confusión y la algarabía reinante. Aquel hincha no tenía brazos, había sufrido un accidente cuando era niño y le habían amputado las dos extremidades. Cuando llegó al lugar en el que estaban los jugadores, frenó. Las mangas del chaleco se fueron hacia delante por la inercia de la carrera, como si abrazaran a los dos jugadores. Aquel fue el momento que captó la cámara de Alfieri.

La fotografía que ayer hizo Juan Carlos Vázquez en la puerta del cementerio de San Fernando también podría compartir título con aquella famosa instantánea. Sus protagonistas tenían brazos, claro que sí, pero el abrazo fue tan sentido como el del estadio Monumental de Buenos Aires hace casi cuarenta años. Pasaban las once y media de la mañana. El entierro de María del Rosario Luna Barrera -la mujer de 39 años asesinada por su compañero sentimental, Antonio María Gómez, en Alcolea del Río- estaba previsto para las once. Pero se adelantó media hora. A las nueve se había celebrado una misa en la capilla del tanatorio de la SE-30 y a las diez y media ya partía la comitiva fúnebre hacia el camposanto.

"Por fin tendrán mis padres un lugar al que venir a venerarla", dice el hermano de la víctima

El adelanto del entierro sorprendió a algunas personas que habían acudido directamente al cementerio, sin pasar antes por el tanatorio. Entre ellas estaba la concejal de Igualdad del Ayuntamiento de Alcolea del Río, Chelo Recuero, y varios vecinos del municipio, como la presidenta de la AMPA del colegio, Ana María Murillo. Dos policías locales de este pequeño pueblo de la Vega del Guadalquivir, al que la pareja se trasladó hace años por motivos laborales, también aguardaban en la puerta la llegada del féretro. Se sorprendieron al ver que empezaban los familiares a salir. "Se ha adelantado, a las diez y media ya estábamos dentro", decían algunos de los parientes de Rosario. Salió el padre, José Luna, muy afectado, los agentes lo saludaron y le dieron el pésame.

Momentos después salió uno de los hermanos de la víctima, Ángel Luna, la persona que ha ejercido durante todos estos días de portavoz de la familia. Javier, uno de los policías se acercó a saludarle y a transmitirle sus condolencias. Ángel le dio un abrazo. El agente le correspondió. Así estuvieron casi un minuto, los dos abrazados. El hermano le daba las gracias. El policía lo consolaba. Lo que se dijeron durante todo ese instante quedará entre ellos. A un metro, otra hermana de Rosario presenciaba la escena.

Los protagonistas de este abrazo del alma no hace ni tres semanas que se conocen. Ángel Luna llegó a la oficina de la Policía Local de Alcolea del Río la tarde del 25 de abril. Quería dejar allí un cartel con la fotografía de su hermana, desaparecida desde el día 16. El policía no sabía nada. Con otro compañero, comenzó a hacer gestiones y el trabajo de ambos ayudó a que la investigación avanzara y, el viernes 5 de mayo, tras la confesión del asesino, se terminara hallando el cuerpo en el interior de una maleta en el cauce seco de un arroyo.

"Por fin la hemos enterrado, ahora tienen mis padres un lugar al que venir a venerarla", decía Ángel. La familia se prepara para la instrucción judicial del caso, que temen que sea larga y que les cause todavía más dolor. Agradecen las muestras de apoyo y colaboración, pero lamentan que todas llegaran a partir del lunes. "Hasta que se acabó la Feria estuvimos solos", lamenta otro familiar, que echa de menos que alguien les orientara los primeros días. Ángel asiente. "Llamé al 016 y no me cogían el teléfono. Tardaron más de diez minutos. Mi hermana ya está muerta, pero, ¿y si hubiera llamado ella cuando vivía?".

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