Calle Rioja

El arte de lo efímero que pervive

  • Raimundo Rodríguez reúne en el Antiquarium obra gráfica diversa de los artistas que en los años ochenta pasaron por su taller de serigrafía de Siete Revueltas

Tres carteles de Café Olé, las palabras como elemento gráfico. Tres carteles de Café Olé, las palabras como elemento gráfico.

Tres carteles de Café Olé, las palabras como elemento gráfico. / José Ángel García

SIN Memoria me moría. La frase es hija del ingenio de Rafa Iglesias, uno de los artistas participantes en la exposición Gráficas 7 Revueltas. Una Sevilla artística de los 80. Un paseo por lo que dio de sí el taller de serigrafía que de forma un poco azarosa abrió Raimundo Rodríguez (Badajoz, 1960), el alma máter de esta exposición, en el número 14 de la calle Siete Revueltas. Tres décadas y media después, aquella agitación cultural que con pocos medios y muchos fines llegó a las salas de Arco puede verse hasta el 20 de julio en el Antiquarium.

Se exponen 63 carteles de actividades de aquellos años ochenta, todos salidos del taller de 7 Revueltas, y una importante obra gráfica con firmas como Luis Gordillo, Guillermo Pérez Villalta, Curro González o Paco Molina, presente con una fotografía de sus comienzos en Sevilla. Parte de la obra gráfica cuenta con la edición de mediadores como Ana Cortijo, hija del pintor, o Fausto Velázquez, del que se expone el cartel inaugural de su casa-galería de la calle San Isidoro el 18 de diciembre de 1986.

La inauguración tuvo lugar el 14 de junio, el mismo día que empezaba el Mundial de Rusia. Más de doscientas personas se dieron cita en este nuevo espacio inédito en aquella Sevilla de los 80, cuando la Encarnación todavía era un parking y un mercado provisional. Actuó Paco Alejo y su banda, 4 Leguas, integrantes de aquella movida musical junto a grupos como Spray Naranja, los Amos del Mundo, La Sombra, Los Picapiedra o Baldomero Torres y sus cuchillos afilados. En una década que quiso monopolizar la movida madrileña de Tierno Galván y Ramoncín.

Los ochenta empiezan con el Nobel de Gabriel García Márquez y terminan con el de Camilo José Cela. Un viaje imaginario de Macondo a Iria Flavia que también ha tenido en esta muestra su correlato literario. Del taller de serigrafía de Siete Revueltas salieron carteles y portadas de revistas como Er, Rara Avis, Mágico Íntimo o los primeros números de Cuadernos de Roldán. Por eso Pepe Serrallé, director de la Casa de los Poetas, se llevó al Espacio Santa Clara una mesa redonda sobre aquellos albores finiseculares, esa curva donde se cruzaban lo que se terminaba con lo que empezaba, que a veces eran la misma cosa.Se cayó del cartel por su muerte inesperada Carlos Wamba, para quien Raimundo Rodríguez, en su intervención en videoconferencia, tuvo palabras de afecto y recuerdo. Poeta y profesor de instituto, había participado con Manuel Barrios Casares y Juan Antonio Rodríguez Tous en aventuras como esas revistas que contaron con Ramón Carande de padrino. El primer lustro de aquella década de los ochenta, don Ramón era un chaval nonagenario paseante por la ciudad que en 1985, en el rubicón de ese decenio, viajó a Oviedo a recibir el premio Príncipe de Asturias.

En la mesa redonda sobre la literatura serigrafiada participaron Rodríguez Tous, Antonio Molina Flores, Mario González y Verónica Hernández, que firma un grupo de serigrafías en esta exposición y dice de su propio camino que “el arte no es una forma de ganarse la vida, sino de perderse en ella”. Hay obra de Javier Fito, que desde el Ayuntamiento gestionó los preparativos de esta muestra, Jacinto Gutiérrez, artista polifacético autor de la portada de Feria de 2011, o Juan Barbas, gerente de la Fundación Vázquez Díaz de Nerva.Hay obra de Horacio Hermoso, pintor hijo del Horacio Hermoso que fue el último alcalde republicano de 1936, fusilado por los sediciosos, o de Antonio Mariscal, que descubrió la pintura a través de su profesión de arquitecto y la canalizó a través de personalísimas postales. Hay interioristas, pintores, decoradores, todos los artistas que tenían su punto de encuentro en el taller de Siete Revueltas. Que no era una imprenta, ni una editorial, sino el epicentro de la serigrafía, una técnica milenaria que llegó a Europa en la Edad Media a través de China. Allí se daban cita “artistas de lo efímero” que tres décadas largas después, en una ciudad diferente con euros y móviles pero intocables las Siete Revueltas, dejan claro que su obra les pervive y sigue siendo un lenguaje apto para la complejidad de estos tiempos tan simples.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios